Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Una marquesa muy campechana

Está siendo muy comentada, y no solo en la prensa del higadillo, la bonita exclusiva concedida por la excelentísima señora marquesa de Galapagar a una obsequiosa ditirambo alabanciosa reportera del colorín, muy baqueteada desde los lejanos tiempos de Fraga.

Se agradece entre tanto desasosiego e incertidumbre lograr unos momentos de paz y serenidad gracias a la amabilidad de nuestros más generosos y encumbrados próceres o próceras.

La señora, pese a su antigua prosapia es de natural muy llano. De modo que llena de orgullo y satisfacción enseñó muy campechana los grandes logros de la revolución comunista bolivariana, aunque no se dignó mostrar sus más íntimos aposentos al populacho maravillado que tanto la quiere, vota y admira. Se sabe por fuentes del contraespionaje que se trata de una pieza espaciosa y soleada y que la cama tiene blanco dosel.

La marquesa ofreció grandes muestras de su antiguo linaje y señorío así como de su propio refinamiento y elegancia revolucionaria natural sin afeites, potingues, trampa ni cartón. Y en la cocina, para no manchar el salón y comedor para banquetes, se dignó sacar un opulento refrigerio a los visitantes, que no falte de ná.

Habló muy conmovida de su Pablo, muy orgullosa de ser aún la favorita oficial de hombre tan principal, que tanto ha promovido su realización personal como ministra del Gobierno de Su denostada Majestad. Conquista irrebatible del hembrismo progresista posmoderno. Antes a las queridas y amantes se las ponía piso; ahora, escaño o cartera ministerial.

Pese a haber estado a punto de diñarla por culpa del virus del 8 M, nos participó su sensación de inseguridad, preocupada porque el populacho es muy envidioso y muy malo, de modo que no reconoce ni el talento ni el mérito por indiscutibles que fueren en su caso. Menos mal que dispone a su servicio particular de todo un ejército pagado por el erario para proteger sus preciosas vidas y haciendas de los malvados ultraderechistas que aporrean hueras cacerolas contrarrevolucionarias.

Declaró muy puesta en razón que lo de caja B de su partido eran calumnias, dimes y diretes de gente malintencionada. También que era preciso cerrar los burdeles para que no pasase lo de Alcázar que a ver quién le echa luego la carrera al galgo. Que comprendía el argumento que eso no se le hace a una madre pero que a la fuerza ahorcan. Y, ya puestos, que mal empezaba la semana decía uno que le ahorcaban el lunes.

Algunos lectores especulan con la marca y el precio del pelucón que la señora marquesa lucía en su muñeca. Que si es un rolex de más de seis mil euros, que si no, que es de baratillo, tan falso como su dueña. La duda ofende.

Pues eso.

(Fuente. La sexta parte de una hora y elaboración propia)

 

 

 

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