Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Batalla cultural con cainitas en Collioure

Tenemos un ejemplo muy reciente de lo de la batalla cultural que se niega a dar el PP y a la que se refería Cayetana Álvarez de Toledo el pasado lunes. Y muy significativo. El honorable prócer fugado escondido en un maletero y el no menos honorable patán de lo del ADN averiado han ido en obscena peregrinación propagandística a profanar a su modo la tumba de don Antonio Machado en el pueblo francés de Collioure. Lugar cercano a la frontera española donde falleciera poco después que su madre en febrero de 1939. Sí. Don Antonio Machado que es símbolo de los valores opuestos a los que estas gentes cainitas representan. Dos impostores. Dos fantoches.

Hablando de símbolos, de demagogia y de hipocresía, en cierto vídeo que viene circulando por las redes puede observarse la reciente actuación de la sectaria policía catalanista contra una anciana de edad similar a la de la madre del poeta mientras la gente que la rescataba pedía «libertad, libertad» a gritos ¿Batalla cultural? ¿Derechos civiles?

La tumba del insigne poeta e intelectual español Antonio Machado en el cementerio de Collioure se ha venido convirtiendo en una suerte de centro de peregrinación laica y republicana. Bueno está mantener el recuerdo de nuestros mejores artistas cuando no es el morbo de la desmemoria histórica, la manipulación cainita de nuestro pasado, el móvil real de estos homenajes.

Pero no deja de ser curioso el anhelo de ritos por parte de los hombres como si no se resignaran a la visión racionalista, profana, si no simplemente materialista, que de algún modo traicionan esos supuestos planteamientos profanos y conectan con lo sagrado. O lo numinoso como lo llamaba Otto el renovador de Eranos que tanta influencia tuviera en el pensamiento religioso e iniciático de Jung, Eliade o de nuestra Maria Zambrano, alumna aventajada del poeta en Segovia. Ritos que juegan con la demagogia y que prosperan gracias a la maldad o la ignorancia de tantos.

En la fachada meridional de San Juan de Duero, junto al famoso y singular claustro, existe una enigmática tumba de piedra vacía, que probablemente fuese ocupada hace siglos no por algún cadáver sino por caballeros en trance de iniciación. Una tumba donde el ángel debiera sustituir a la bestia. Experiencia del mundo espiritual que debiera ser guía de nuestra conducta.

Machado fue un humanista, estudioso de lo sagrado por su rara condición de masón honrado, hilozoísta convencido de que los campos también tienen alma como la de los álamos cantores de la ribera izquierda del Duero que escoltaban sus paseos con su esposa niña Beatriz cogida de la mano. En un paraje encantado, mágico, junto a San Juan de Duero en el que otro gran poeta sevillano barruntaba en el astral las feroces luchas de los templarios contra los señores feudales locales. O por su admiración de la pobre, hermosa y fugaz primavera de Soria. O por su curiosa recreación de la vieja leyenda de Hiram tomando un viejo cuento de pliegos de cordel del que tuviera noticia subiendo caballero en mula desde Cidones hasta la Laguna negra soriana, la de Urbión. Lo aclaro porque hay otra cercana en Burgos, junto al Neila, que también fuera sumidero de asesinos, en este otro caso de los siete infantes de Lara cuyas tumbas se guardan en el monasterio del Suso.

Los actuales cainitas catalanes no necesitarían mulas para subir a la Laguna negra donde desaparecer como los malos hijos, traidores y parricidas, de Alvargonzález.

El poema machadiano de Alvargonzález es una historia hilozoísta, mística y también un reflejo del alma cainita de la España embrutecida y eterna. Como la codicia, la ambición, la ignorancia y la hipocresía matan la maestría en el hombre. Como la suerte histórica de España no es una suma de logros generacionales, una renovación de la tradición por la razón y la prosperidad, sino una rueda ciega y feroz de infortunios, naufragios y vuelta a empezar. Traicionada por quienes más obligación o responsabilidad tienen defenderla aquí Saturno no devora a sus hijos sino que son los malos hijos de la tierra cainita, embrutecida y salvaje quienes matan al padre y arrojan su cadáver al abismo negro de la desmemoria, la incomprensión y el olvido.

Pero a mi modo de ver la verdadera tumba del gran poeta español no se encuentra en el sencillo cementerio de Collioure sino en un poema desesperado. Atroz. El testimonio de su muerte espiritual, del agotamiento moral que precede al físico. De un fracaso que es también el de toda su generación y de la propia España. De unos anhelos traicionados arrumbados al ocaso. Me refiero a su poema de alabanza a Enrique Líster, el fiero y cruel pistolero estalinista que no dudó en retirar sus carros de combate durante la batalla del Ebro contra las fuerzas del general Franco para reprimir a sangre y fuego las para él más peligrosas desarmadas comunas libertarias en la retaguardia de Aragón.

Si mi pluma valiera tu pistola / de capitán, contento moriría

Epitafio terrible, testimonio de un gran desastre, de un fracaso, que nos conviene recordar ahora que acaso nos encontramos en el umbral de otro grave retroceso histórico. Donde los álamos cantores vuelvan a quedar en silencio o sin poeta que nos lo cuente.

 

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