Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ilustraciones, ocultamientos y sinrazones

uando se va a editar un nuevo texto suelen surgir dudas sobre qué título poner y cómo ilustrarlo. Lo de poner título es una habilidad especial que no todos los autores tenemos aunque pueda mejorarse con la costumbre. Como decía creo que Descartes “el método es más cosa de práctica que de estudio teórico”. Un buen título debe ser llamativo, claro, breve, original o al menos no muy gastado, y con alguna relación con el texto que encabeza.

Y lo de la ilustración sin duda ha mejorado mucho con san google o similares. Ahora no hace falta recurrir a fotografías propias o ajenas. O reproducir ilustraciones de libros propios o de otras bibliotecas más o menos accesibles. En la red se pueden encontrar buenas imágenes para ilustrar de forma fácil casi cualquier escrito por raro que fuere.

Pero es muy curioso comprender cómo se las apañaban los monjes miniaturistas del medioevo en la relativa serenidad de sus scriptoria y bibliotecas. Claro que era un trabajo de suma dedicación y paciencia.

No todo el monacato primitivo era partidario del trabajo. Los viejos monjes africanos entendían que el hombre que se ocupaba en la oración y en buscar la unión progresiva y más íntima con Dios no debiera ocuparse ni distraerse con los oficios propios de la tierra porque le distraerían de su alta ocupación espiritual.

Sin embargo, San Isidoro, San Agustín y otras personalidades notables proponían a los monjes actividades tanto manuales como intelectuales. Así el desarrollo de diversos oficios y manualidades o la lectura en comunidad o individual de códices procedentes de la propia biblioteca monacal. Entre sus fondos destacaban los de carácter eclesiástico, en especial, por supuesto, la Biblia. Sin olvidar textos de San Agustín, San Gregorio, San Jerónimo o San Isidoro, entre otros autores.

ero a veces la ficción sustituye o al menos complementa a la Historia. Cuando rememoro estos temas de las bibliotecas medievales me vienen a la memoria dos autores, Jorge Luis Borges y Umberto Eco.

Nos explicaba Borges que el Universo, que otros llaman Biblioteca, se compone de un número indefinido tal vez infinito de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas…También que a cada uno de los muros de cada hexágono le corresponden cinco anaqueles y que cada uno encierra  treinta y dos libros. Según el segundo axioma borgiano el número de signos ortográficos es veinticinco. Sea como sea, incluso el caos más monstruoso está ordenado al menos en hexágonos, anaqueles y libros. La Biblioteca incluye también todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos. No todos tienen sentido al menos conocido ni simbolizan una realidad descifrable.

La Gramática, la Sintaxis, la Semántica pueden ser meras cábalas, ilusiones para hacer comprensible el caos y crear civilización o trabajo útil. Pero sin estos límites culturales a la entropía no hay conocimiento ni tampoco forma de transmisión del mismo. Sin códigos el Universo deviene en idiolecto indescifrable.

El Universo es una realidad vibratoria. Los sentidos nos permiten una especie de ventana de oportunidad para acceder a partes o fracciones limitadas de esa realidad vibratoria. Nuestro cerebro, que es Naturaleza y Cultura, traduce la impresión de esas vibraciones en ideas, sentimientos y promueve conductas.

El orden es una simple necesidad cultural ¿o también lo es de la Naturaleza? El sentido, el cosmos, que es lo que significa universo ordenado ¿es una superstición propia de la finitud humana o una necesidad de la manifestación?

La naturaleza tiene límites. Las galaxias, los sistemas solares, los planetas, los ecosistemas con sus biotopos y biocenosis se pueden definir porque tienen límites. Incluso cada criatura por pequeña o sencilla que sea los tiene como condición sine qua non para ser. Seres diferenciados en tejidos. Hasta la célula posee membranas. Y los átomos, órbitas electrónicas con límites de probabilidad.

La membrana es una pared o barrera que delimita un medio exterior de otro interior. Por tanto es una estructura necesaria para todo ser vivo, como único procedimiento para crear un medio interno. Con su propio metabolismo que permite una fisiología y el mantenimiento de una anatomía.  Los únicos seres vivos sin membrana plasmática son precisamente los virus que necesitan de otros seres vivos para su propia supervivencia. En cierto modo lo que en el orden social ocurre con la plutocracia parasitaria que necesita someter y explotar a otros.

reemos que recordar todas estas cosas tan archisabidas viene a cuento cuando asistimos con renovada perplejidad como hoy es preciso demostrar lo evidente. Que ningún sistema sea natural, social, político o económico, puede vivir ni menos sobrevivir sin límites o fronteras, que precisamente le distingan o diferencien del medio exterior. Sin fronteras no hay vida, tampoco nación, civilización ni Cultura. otra cosa es debatir la naturaleza más conveniente de tales fronteras.

El lenguaje nos permite ordenar la monstruosa Biblioteca borgiana. Dar sentido a la realidad, crear orden y civilización. No todos los libros de sus anaqueles tienen sentido o mantienen un relato coherente. No todos, aunque sean coherentes, resultan igualmente recomendables. Umberto Eco nos dice que la Biblioteca monacal puede desaparecer como resultado de ciertos intentos de proteger el contenido del Finis Africae del conocimiento público. Si un ciego y fanático Jorge (no Borges) sino de Burgos la prende fuego. De ella sólo quedarían unos muros humeantes. El límite, ahora sí superfluo, entre dos nadas.

El primer libro que leí de Umberto Eco fue El nombre de la rosa que nos narra algo más que una peripecia de novela negra ambientada en un momento histórico de gran importancia para la Iglesia católica y en consecuencia dada la época, para todo Occidente.

Cabe pensar que en las famosas polémicas entre Bernardo, el dominico inquisidor jefe de la legación pontificia y el protagonista Guillermo, Eco se habría inspirado en otras muy famosas de esa época. Me refiero a las conocidas como polémicas gerundenses que tuvieron lugar en la bella población del reino aragonés a principios del siglo XIII entre el alquimista y heterodoxo valenciano Arnaldo de Vilanova y el dominico inquisidor Bernardo de Puigcercos. Personaje histórico que coincide en el nombre, profesión y rol con el siniestro ficticio de Eco en El nombre de la rosa.

uy interesante el problema que se planteaba, y aún hoy se sigue planteando, entre otros. Es decir, si la Iglesia como supuesta heredera de las enseñanzas de Jesús debe ser o no pobre, como lo fuera el Maestro Fundador. Es decir, las relaciones entre Espíritu y Poder material. El Fundador explicaba que había que actuar sin temor para el desenvolvimiento presente y futuro como tampoco lo hacen las florecillas del campo. Sin embargo, sus herederos demostrando así poca esperanza en lo espiritual hacían acopio de riquezas y Poder político para imponer sus doctrinas.  Incluso asesinando a los considerados herejes.

Pero en el libro también se desarrolla una importante reflexión epistemológica, para mí lo mejor y más revelador del texto. Es sobre la relación fundamental entre intuición y método deductivo. Entre el lenguaje simbólico y el racionalmente codificado. Al cabo, si Guillermo consigue acceder al Finis Africae, o sancta sanctorum secreto de la Biblioteca, es por una intuición o revelación onírica que es capaz de traducir a los términos del mundo tridimensional en el que nos movemos. El Inconsciente ofrece la pista clave para comprender lo que pasa. El Consciente permite su comprobación, desarrollo y aplicación en nuestro universo material.

Sin el primero, éste se queda atascado. Sin el segundo, la visión puede resultar estéril en cierto plano vital, en el que nos movemos como materia.

La biblioteca y el monasterio donde se guarda se convierten en una alegoría de la Cultura, y en consecuencia, de la propia vida individual y social que conforma. Un grupo clerical, cerrado, se convierte en su celoso y excluyente guardián, y ejerce sobre los demás el poder de fijar lo que puede o no ser conocido.  Se erige en celoso proscriptor incluso de la risa, que para Aristóteles constituye atributo decisivo de la naturaleza humana. La risa relativiza, nos hace dudar, poner cosas en cuestión, como también nuestra relación con ellas. Nos ayuda a comprender, a aprehender lo que somos.

Por eso el tenebroso y rígido monje Jorge de Burgos la oculta, así como la obra de la autoridad de Aristóteles, cuya divulgación puede resultar altamente subversiva y peligrosa para el mantenimiento de un sistema cerrado y excluyente de poder, basado en la imposición y la ignorancia. Para Eco el poder exotérico, encarnado en la complaciente y ambigua figura del abad es diferente del poder diríamos esotérico desnaturalizado en cuanto a sus fines y potencialidades que encarna Jorge de Burgos. Su ceguera física debe ser compartida como ceguera espiritual por lo demás. Hoy, con la crisis covidiana también observamos como el Poder exotérico o fáctico se encuentra al servicio del oscurantismo y de la sinrazón.

mberto Eco nos hace una serie irónica de guiños intelectuales o culturales. Es fácil pensar que, además de los Arnaldo de Vilanova o Bernardo de Puigcercós de los que ya hemos hablado, la figura de Jorge del Burgos, el monje ciego se inspira en la del antes citado genial escritor argentino Jorge Luis Borges. O que Guillermo de Baskerville es un homenaje a Sir Arthur Conan Doyle el ilustre médico espiritista creador de Sherlock Holmes. Que lo de Baskerville tiene que ver con lo del famoso perro de uno de sus títulos. O que Adso el joven ayudante de Guillermo es una trasunto fonético del famoso Watson que acompañaba al famoso detective de la Baker street.

La situación actual de Occidente con esto de la religión y represión covidianas no se encuentra tan lejos de lo que Eco narra de la vieja abadía medieval. Un grupo sectario en el Poder, dispuesto a todo, incluso a destruir la abadía, manipula el Conocimiento y fija lo que puede o no puede ser investigado y conocido. Y niega el acceso al Finis Africae. Un centro que la multitud ni tan siquiera sospecha que exista pero cuyo descubrimiento y comprensión para la creación de orden es la misión de la verdadera Cultura.

La capacidad de elegir es el ejercicio de la Libertad. Hoy amenazada cuando se difuminan o quitan los límites. Cuando de un modo torticero y con cómplices encanallados o ineptos se pretende acabar con la Civilización, la Tradición y la Historia.

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.