Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De damas y súcubos

La penúltima favorita vicepresidencial ha realizado unas estupefacientes declaraciones propias de su estulticia y empanada mental oportunamente galardonadas por el doctor falsario con una onerosa cartera ministerial en su mentiroso gobierno arrebatavidas y arrebatacapas. La enmucetada señorita ministra Montero muy seria y puesta en razón declara ignorar la diferencia entre un hombre y una mujer, salvo, al parecer, por la talla del sujetador a utilizar o por voluntarismo hegeliano de quita y pon. Aún no sabemos si para probar su raro aserto se dispone a preñar a su vice protector hasta luego ponerlo a parir.

Hasta la llegada al mundo de tan ilustre prócera para poder sacarnos de nuestro error, creíamos que tal cosa estaba mucho más clara en la historia de la Ciencia y de la Cultura. No obstante, habría que reconocer que sobre el papel benéfico o maléfico de la mujer e incluso de lo femenino existían diversidad de opiniones.

Leyenda hebrea antigua era la del primer matrimonio de Adán con Lilith, una diabla que tras divorciarse de él se casó con otro demonio llamado Samael con el que practicar coitos diabólicos y repoblar el mundo con sus descendientes. Era doctrina establecida a lo largo de siglos que las mujeres pueden ser a veces súcubos de demonios en forma humana.

De acuerdo con lo indicado por solemnes tratadistas, del comercio sexual de tales súcubos o demonias con hombres habrían nacido muchos célebres personajes históricos maléficos: Nerón, Calígula, Constantino, Teodora, Marozia, Atila, Stalin, Lenin, Hitler, Goebbels, Napoleón, Mao y su mujer Jian Qing, Gates, Soros, Bush, Epstein, Kissinger, los Rockefeller, los Rothschild, los Clinton, Podesta, la bruja Abramovich, la reina de Inglaterra y su marido, lady Macbeth, Chaves, Maduro, o nuestros aprendices meritorios Iglesias, Zapatero, Sánchez, Torra, Otegui, Echenique… Para otros sería al revés. Tan ejemplares descendientes serían resultado de coito diabólico entre mujeres e íncubos o demonios machos.

En Los cuentos de la luna pálida de agosto, hermosa obra del gran Mizoguchi, la peculiar señora Wakasa seduce al protagonista y luego se descubre lo que era. Si hacemos caso a Jung la leyenda tiene que ver con el amimus y el ánima en el azaroso proceso de individuación psicológica.

Pero cuidado, no siempre la hembra es una demonia. Boccaccio nos lo aclara muy bien en uno de los más divertidos cuentos del Decamerón, aquel en el que explica como Alibec aprendió a meter el diablo en el infierno.

O el hombre galán tampoco siempre es un demonio. Hay tenemos a los piadosos reyes con sus miles de bastardos.

Pese a estas consideraciones, el Génesis nos habla de la supuesta guerra entre la mujer y el diablo: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; ella te aplastará la cabeza y tú le herirás en el calcañar.”

Ya en la Edad Media con el mito del grial y el ideal trovadoresco se revindica el papel de la Mujer, convertida en Dama. Fieles del Amor como Dante elevan a Beatriz al papel de símbolo del espíritu y de los más elevados valores metafísicos. Así también lo hacen los poetas renacentistas y nuestro gran Cervantes con Dulcinea.

Se trata del arquetipo de un ideal inspirador: don Quijote ha de crear a su Dulcinea como un ideal utópico, de un erotismo más de carácter espiritual que sensorial, que trasciende las toscas realidades de una vulgar aldeana con cierta habilidad para salar puercos. Y nos declara: “no sabeis que si no fuese por el valor que ella infunde en mi brazo no le tendría yo para matar una pulga….¿quién ha hecho -todas las hazañas- sino es el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de sus hazañas. Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser?

Dulcinea es la dama y el alma del caballero don Quijote, y le guía en su lucha interna contra los propios vicios. Es decir con una visión esotérica del ideal caballeresco don Quijote nos aclara que: “hemos de matar en los gigantes a la soberbia, a la envidia en la generosidad, y buen pecho, a la ira en el reposado continente, y quietud del ánimo, a la gula y al sueño, en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos, a la injuria y lascivia en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros pensamientos, a la pereza con andar por todas partes del mundo, buscando las ocasiones, que nos puedan hacer, sobre Christianos famosos Caballeros”.

Algo semejante podemos encontrar en la saga del grial. Por ejemplo cuando Trevizent le aclara a Parzival que: “Nadie puede conquistar el grial si el cielo no lo conoce bien y no lo designa para él.” También el señor del castillo había hablado así a Parzival: “El hombre y la mujer forman una inseparable unidad, como el sol que hoy ha brillado y eso que llamamos día. No se puede separar lo uno de lo otro: florecen a partir de la misma semilla”.

Y unos momentos antes de unirse Parzival con la reina Condwiramurs: “Gurnemaz le había explicado que el hombre y la mujer forman una unidad perfecta”

En realidad constituye un desarrollo del platonismo. Platón nos explica en El Banquete como El Amor es una gran potencia que puede volver a unir el andrógino originario, luego separado en dos, y con él la anhelada plenitud perdida. También Platón distingue, en boca de Pausanías, entre la Afrodita popular o convencional y la Afrodita Urania, del amor propio del alma, que sería el verdadero y también duradero.

Al final de El Banquete, Sócrates considera que Eros es un daimon, medianero entre los hombres y los dioses. El Amor consiste en querer alcanzar lo bueno. Su objeto es la generación de belleza y la inmortalidad. El que quiere aspirar a tal objeto del Amor debe amar los cuerpos bellos y considerar que la belleza del alma es más importante que la del cuerpo.

En estos momentos de acoso y derribo de la civilización occidental todas esas hermosas ideas del platonismo nos resuenan muy, muy, lejanas. Las inicuas leyes hoy impuestas en todas las naciones por los diabólicos agentes del neo marxismo cultural tratan de destruir la sociedad así como el ideal erótico básico de la unión de complementarios. Del hombre y de la mujer. Pero, pese a todo el terrible poder del Maligno y sus íncubos y súcubos, hemos de mantener la esperanza de que la estirpe de la serpiente no prevalecerá.

 

 

 

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