Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Redonda Guerra Kultural

Me dicen que el periódico globalista gubernamental vespertino independiente de la mañana y de la verdad ha publicado una entrevista ditirambo alabanciosa del Goebbels de la Moncloa, un tipo que recuerda algo a un José Dencás sin gafas. En el inédito Mein Kampf particular del intrigante Redondo figura el concepto guerra cultural. De eso se trata para el aventajado alumno de los jesuitas. De guerra, violencia, pillaje y sumisión. Y de demagogia y publicidad goebbelsiana. Publicidad y mercadotecnia tan fuertes como para conseguir vender a un psicópata, necio, mercenario, presumido, nada menos que como ilustre presidente del Gobierno de Su Majestad.  Y que muchos ineptos o cómplices consumidores lo compren, trampas electorales más o menos.

Claro que el falsario enmucetado tiene a su favor además de carecer de sentido del honor, del bien y del mal o de un mínimo patriotismo, el ser un protegido de tío Jorgito y franquicia española del Partido que resultó ser del Ku Klux Klan, la bomba atómica contra Hiroshima, los terroristas de Isis, o las mafias satanistas y pederastas que instigan el terrorismo y la guerra civil. Guerra que puede ser violenta abierta como la que hoy están perpetrando los antifas y demás compinches en EEUU o que puede actuar de modo más encubierto pero no menos letal sobre las conciencias, en lo que se ha venido en llamar el marxismo cultural, a lo Gramsci o Alinsky, instrumento de avasallamiento político y social de la plutocracia financiera internacional.

En realidad la que anuncia sería una guerra contra la civilización en la línea de la que ahora se fomenta contra Trump  y una concepción de la Política como arte dirigido a la promoción de la dignidad humana, superador del mero ejercicio pragmático de ésta y, claro está, menos aún de la esclavitud. Por lo que confiesa el Goebbels donostiarra se nos declara la guerra. No es esa la Tradición Política de nuestra civilización.

Sabemos que sin el ejercicio moral no puede haber verdadera estabilidad social ni económica, ni tampoco progreso político. Pero sólo puede haber república de verdad, no coto de pillaje impune del rojerío, si hay verdaderos republicanos, es decir gentes que deseen que su conciencia y voluntad sirvan a los valores metafísicos de libertad, justicia, amor y conocimiento, obstaculizados por un sistema político tan hoy degradado como el del Régimen del 78, que dificulta la autoridad de la aristocracia verdadera, la del trabajo y el mérito, frente a la tiranía del vulgo, sea quien sea ese vulgo puesto que en su acepción cervantina es “aquel que no sabe”.

Ya Aristóteles sostenía que el mayor daño que le podía venir a una república era la venta de los oficios. Un reino sólo podría ser bienaventurado despreciando el rey su propia ganancia. Oportunísima reflexión, aunque no sé qué opinan de esto en la muy democrática Abu Dabi, madriguera de tanto filántropo.

La naturaleza humana es la que es, pero puede mejorse a nivel individual al promoverse el ejercicio de la virtud a través de la voluntad de ser mejores, logro deseable de la educación. De ahí, la importancia no sólo humana sino también política de ésta para poder desarrollar y conservar sistemas políticos acordes con un mundo de valores metafísicos superiores.  No es extrañar que objetivo constante de la izquierda, consentido por la no derecha, haya sido sabotear la educación. Embrutecer al personal, hacerle esclavo de sus pasiones y brurlarle el conocimiento.

El arte es fundamental para educar. La poesía es un arma educadora. Según las teorías de la expresión poética de Carlos Bousoño, la poesía mueve el mundo de la emoción. El saber y el querer deben estar combinados. Es preciso educar la voluntad con generosidad para seguir la propia vocación antes que el pane lucrando. Por eso, el arte es deformado, desnaturalizado y convertido en uno de los objetos de la actual devastación.

Pero, la pregunta que ningunean todos los Redondos y sus falsarios próceres en guerra contra nosotros, es la que se planteaba Cicerón: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno?

La primera premisa o referencia del buen gobierno es externa al gobernante cuya acción debe tenerla en cuenta y servirla. Sea esa tal referencia la Ley natural, un código de conducta, un sistema axiológico o constitucional, la actuación gubernamental no debe ser caprichosa y sin límites, sino estar acotada por esas referencias. No vale todo.

La segunda condición del buen gobierno es la indagación de nuestra propia relación con esa referencia o Ley natural: el famoso “conócete a ti mismo” del templo de Apolo en Delfos. O bien la pregunta que el servidor del Grial dirige al caballero buscador: ¿a quién sirves?

Es decir, la dialéctica entre la pauta moral y nuestra propia capacidad para actuar en las contingencias personales, sociales e históricas. En las lúcidas palabras de Don Quijote a Sancho gobernador: “lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse; del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey…

No sé. Tal puede ser el secreto objetivo de la redonda guerra cultural goebbelsiana: trasformarnos a todos en inconscientes ranas. Croando frívolas y desconcertadas a la luz de la luna en charcas vigiladas, a la espera de ser sacrificadas y devoradas para nuestro bien por los insaciables genocidas filántropos.

 

 

 

 

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