Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Psicópatas y Poder mundial

Auque por lo que se ve el mundo ha sido más o menos controlado siempre por psicópatas hace ahora setenta y cinco años la Humanidad conoció una nueva forma de horror. Lo más notable en esta evolución quizás no sea tanto el de la propia mentalidad satánica de ciertas élites muy poderosas sino la capacidad de infligir el mal con nuevos y terribles instrumentos.

El 6 y el 9 de agosto de 1945 el siniestro presidente Truman mandó arrojar sendas bombas atómicas sobre la población civil indefensa de dos ciudades japonesas, Hiroshima y Nagasaki causando cientos de miles de muertos entre ancianos, mujeres y niños. Uno de los mayores y cobardes genocidios de la Historia. Pero que nunca fue castigado con un oportuno Juicio de Nuremberg para colgar a los culpables. Era una nueva dimensión del terror, del espanto desatado, que superaba la destrucción mediante bombardeos convencionales de Tokio u otras grandes ciudades del Japón. O los también practicados contra las poblaciones civiles de Dresde o Hamburgo entre otras ciudades alemanas no objetivos militares por parte de Churchill.

Hirosima bombardeada con una bomba de uranio, Nagasaki de plutonio. Contra lo que luego sostendría la propaganda norteamericana a fin de tapar el verdadero alcance y naturaleza de su doble crimen, los ataques atómicos eran innecesarios porque Japón, completamente desarbolado, estaba sometido a un bloqueo naval que le hubiera obligado a rendirse pronto por hambre. No hubiera podido resistir mucho tiempo. Aún es más, Japón ya había iniciado contactos diplomáticos para pactar su rendición.

Los genocidios de Hiroshima y Nagasaki suponen un caso de crueldad gratuita. No exento del indisimulado racismo y supremacismo inherentes a la sociedad norteamericana de origen anglosajón. Una sociedad poco culta, prepotente, fanatizada por una oligarquía hipócrita, corrupta, satanista y criminal que le ha hecho creer que Dios les ha dado una misión que cumplir e imponer sobre la Humanidad sin importar los medios. Que siempre tienen razón para sus agresiones. Y que tantas veces ha demostrado carecer de filantropía y sentido de la compasión. Las manifestaciones de alegría de los agentes directamente implicados en el genocidio que acababan de perpetrar resultan un escándalo imborrable y un motivo de infamia no solo para ellos sino para todos sus compañeros.

También un ejemplo tremendo de lo que puede dar de sí la naturaleza humana cuando caen las leyes y el hombre se convierte en un lobo para el hombre. Otra dimensión de la barbarie que nos acecha cuando no hay leyes ni orden. Entre los huérfanos causados por la masacre mientras casi todos los niños murieron de hambre, penalidades o por la radiación, sin embargo las niñas fueron captadas por la criminal mafia japonesa para su explotación sexual.

Tampoco los mandos superiores del ejército imperial japonés con el fanatismo de preferir al emperador a su propio pueblo se encuentran libres de responsabilidades en el trato que inflingieron no solo a las poblaciones civiles de los países invadidos durante su fulgurante avance inicial, sino a su propia población civil que se supone debieran defender. Su comportamiento, producto de una educación monárquica fanática y de la degeneración de la ética del samurai, fue verdaderamente criminal. No exento de errores aún no aclarados. Tanto en el caso del Enola Gay que se dirigía a Hiroshima como en el posterior atentado de Nagasaki los bombarderos fueron detectados con cinco horas de antelación lo que hubiera podido arbitrar alguna operación de interceptación por los cazas nipones. Así lo informó la contrainteligencia japonesa al Alto mando, pero no hizo nada. Tampoco el siniestro emperador nipón que había llevado a su fiel pueblo a la destrucción tendría valor para aplicarse a sí mismo el código samurai del Seppuku, ni el sucidio kamikaze o banzai en su honor que practicaran muchos de sus súbditos a lo largo de la contienda. El fanatismo produce estragos.

Hay otros aspectos relativamente secundarios que completan la infamia o que ilustran su naturaleza. La censura para evitar que se supiera la magnitud del desastre lo que contribuiría a que aumentase el número de víctimas.  La consigna orwelliana de llamar artefactos a las bombas. El papel de la Ciencia y de los científicos. La premeditación organizada en la base de Los Álamos, Nuevo Méjico, no tan lejana en lo moral de las aventuras armamentísticas nazis. Claro que en este caso ellos eran «los buenos».

Después del bombardeo, EEUU creó un instituto de investigación (Atomic Bomb Casualty Commission) en Hiroshima y luego otro en Nagasaki pero no para tratar de curar a los enfermos con atención hospitalaria sino para investigar sobre las consecuencias de la radiación sobre el cuerpo humano. Algo parecido, en cierto modo, a lo de los siniestros médicos nazis. Usando a las víctimas y supervivientes como cobayas humanas.

Es de suponer que muchos norteamericanos aún siguen orgullosos del crimen o lo siguen justificando. Aunque el genocidio atómico en Japón desde luego supone un antes y un después.

Para muchos este es un asunto muy lejano, casi olvidado. Los media apenas se preocupan de él. Pero otras formas de genocidio, crimen y devastación acechan a la Humanidad en manos de psicópatas y satanistas. Hoy es la llamada pandemia que amenaza la civilización, mañana no sabemos qué vendrá.

Este terrible crimen también posee una inevitable dimensión espiritual. Lo que podríamos llamar el silencio de Dios ante la barbarie perpetrada contra sus indefensas criaturas.

La diosa de la Misericordia o de la Compasión conocida en Japón como Kwan-on es una forma femenina del buda de la compasión. En la talla medieval que ilustra el texto Kwan- on derrama hacia la Humanidad doliente el bálsamo celestial que sostiene en la vasija de su mano izquierda y recoge con el mudra de su mano derecha.

La divinidad Kwan-on  es auxiliadora de las gentes en peligro o devastadas espiritualmente. Invito al anónimo lector a una oración al Dios de su corazón en memoria de las víctimas y en auxilio espiritual de sus allegados y compatriotas en general.

Y a escuchar este homenaje en forma musical: Kohachiro Miyata toca Honshirabe al shakuhachi o flauta japonesa. (Pinchando aquí)

El Tao que puede ser expresado con palabras no es el verdadero Tao.

 

 

Otro sí digo

Existen otras cuestiones tremendas relativas al engaño y manipulación del Poder. Sobre el ataque japonés a Pearl Harbour y el papel de los servicios secretos norteamericanos puede consultarse el esclarecedor documento del contralmirante norteamericano Robert A. Theobald donde explicaba sus investigaciones (Aquí).

 

 

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