Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El extraño caso de la enfermedad sin síntomas

Ya es verano y en la famosa Baker Street londinense la pareja de astutos investigadores Holmes y Watson no gana para sustos. Ahí es nada. Un misterioso enviado, que decía representar a cierta ONG mercenaria del NOM, de acreditada trayectoria mortífera dirigida por un antiguo terrorista racista africano a sueldo del filantrópico partido comunista chino, les ha encargado que investiguen el extraño caso de una enigmática enfermedad extendida urbi et orbi y rastreen a sus peligrosos propagadores. De fabricación casera, como ciertos artefactos terroristas, la rara enfermedad no produce síntomas pero es detectada a falta de ellos por unos no menos raros dispositivos gubernamentales que unas veces dicen que sí y otras veces dicen que no, como la Parrala.

De modo y manera que estos peligrosos enfermos sin síntomas deben ser encerrados en sus casas o en campos de concentración preparados al efecto, y evitar que contagien sus no síntomas a otros no menos peligrosos asintomáticos, todos ellos peligrosos subversivos confabulados para boicotear la nueva subnormalidad promovida por nuestros amos plutócratas e instrumentada por sus corruptos o psicópatas títeres. No se descarta que, como ha sucedido con tantos pobres ancianos a los que se les ha negado atención médica, sean sacrificados de tapadillo a mayor gloria de gobiernos de progreso, tranquilidad de aduaneros sin fronteras y beneficio de plutocracias por el socialismo de la Era de Acuario.

Aquí todo es más que raro, rarísimo. El talón para pagar su minuta proviene de la cuenta en oportuna isla paraíso fiscal de otra dudosa organización presuntamente delictiva de una pareja de ricachones acusada en los tribunales de la práctica de mortales campañas de vacunación de pobres niños cobaya indefensos. Así como de paradójicas vacunas anti natalidad o anti vida para, so pretexto de prevenir el tétanos, dejar estériles o causar abortos a las engañadas mujeres que se las ponían. Las nuevas vacunas dicen los expertos que modifican el mensaje genético lo que puede convertir a la gente en ganado. Sin embargo, Holmes no recibió el encargo de investigar este enojoso aunque más sencillo asunto.

Pero, ¿qué bicho, maleficio o sustancia venenosa produce la enfermedad? E incluso y primero de todo, ¿acaso cómo saber si es una verdadera enfermedad si no presenta síntomas? Sin trampas esto no lo rastrea ni Sherlock Holmes ni el mismísimo indio Jerónimo.

No sin cierto enfado del Doctor Watson siempre atento a su salud, Sherlock Holmes ha doblado su chute habitual de cocaína para inspirarse, pero ni por esas. Sin duda debe ser el más extraño caso de su carrera. Recuerda un poco a otro de un valle del terror en el que se utilizaban como tapadera con propósitos criminales las instituciones filantrópicas más conocidas y respetables. Consulta sus viejos grimorios y tratados de alquimia. Acaso lo de la máxima alquímica Solve et coagula pueda tener algo que ver.  Solve significa disolución y en eso estaríamos, en disolver la civilización, a la que incluso se la está privando de su protección espiritual. Y el profeta Daniel ya lo anunciaba.

Esto no hay quien lo entienda solo por medios racionales. No queda más remedio que acudir al velador para pedir consejo a sir Arthur Conan Doyle a ver si sabe algo y nos lo quiere contar.

Dicho y hecho.

¡Qué viene, qué viene!

El médium se agita, el velador se mueve.

Sir Arthur.

Es terrible. Tremendo. Espantoso. Un complot contra la humanidad y las más altas instituciones. No es fiéis de nadie. Casi todos están el ajo. No sólo los delincuentes y asesinos habituales del hampa más degenerada o el profesor Moriarty, sino próceres, banqueros, filántropos genocidas, reyes, presidentes, ministros, cardenales, gacetilleros ditirambo alabanciosos, científicos, enmucetados, médicos, farmacéuticos, mercachifles, satanistas, multiculturalistas, expertos en edad de merecer, verificadores, rastreadores, felatrices, putas, chaperos, invertidos y no binarios…Todos en comandita. Todos compinchados, aunque luego también caerán los cómplices y colaboracionistas estúpidos o ignorantes no imprescindibles.

Os van a poner la marca de la Bestia. Huid, huid, escondeos donde podáis. Qué no os encuentren. Nada de tests ni de dar pistas al enemigo, ni de mascarillas infecciosas, ni de leches. Os va la vida y la libertad.

No hay que exagerar. Ya será menos…

Entonces no preguntéis. Yo soy médico. Mirad, desde aquí donde estoy os puedo revelar que esto de la pandemia tiene una dimensión psíquica e incluso espiritual. Muchos están siendo desquiciados y posesos por espíritus malignos.  Es producto de la magia negra y de rituales satánicos. COVID al revés es DIVOC, lo que equivale a dybbuk, posesión maligna que debe ser exorcizada si las víctimas no quieren quedar sin voluntad, a merced de influencias exteriores maléficas o destructivas.  

– Oiga, pero yo no tengo síntomas.

No importa, aún peor, eres un disidente, un subversivo peligroso por pretender llevarles la contraria. Nadie normal está a salvo. Si os encontráis mal ni se os ocurra ir al médico. Tomad hierbas medinales y rezad lo que sepáis. Os lo digo en serio. Si os dejáis, pronto todos vais a venir a hacerme compañía. En el gris no va a caber ni un espíritu más.

Se esfuma el ectoplasma y se difumina la voz. Queda rota la comunicación… (deben haberla saboteado con o sin verificación previa)…

 

 

 

 

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