Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Don Felipe contempla Antígona en el teatro romano de Mérida

La Familia real al completo, retoños incluidos, ha visitado Mérida para asistir a una función en su magnífico Teatro romano. Por si el continente ya no fuera bastante en sí mismo esta vez la función también era extraordinaria. Nada menos que la Antígona de Sófocles, hito del Arte y de la Cultura occidental inspirador de las más elevadas conductas. Antígona, considerada arquetipo o emblema de los valores más elevados de la civilización occidental.

Un personaje arquetípico que desafía la orden del tirano Creonte de no enterrar el cuerpo de su hermano fallecido.

El tirano la acusa: “¿conocías el bando que prohibía eso?

Y la heroína le responde: “Lo conocía. ¿Cómo no debía conocerlo? Público era”.

Y así, ¿te atreviste a desobedecer las leyes?

Y la valiente Antígona le responde: «Como que no era Júpiter quien me las había promulgado, ni tampoco la Justicia, la compañera de los dioses infernales, ha impuesto esas leyes a los hombres, ni creí yo que tus decretos tuvieran fuerza para borrar e invalidar las leyes divinas, de manera que un mortal pudiese quebrantarlas. Pues no son de hoy ni de ayer, sino que siempre han estado en vigor y nadie sabe cuando aparecieron.  Por esto no debía yo, por temor al castigo de ningún hombre, violarlas para exponerme a sufrir el castigo de los dioses…”

Antígona constituye un arquetipo inmortal de plena actualidad siempre pero aún más hoy en el que la espiritualidad de la civilización se ve tan amenazada por los nuevos déspotas asiáticos y sus cómplices. Sófocles nos expone el drama personal pero también político de su heroína rebelde ante leyes injustas contra la Ley Natural, leyes tiránicas contra las que es preciso rebelarse para salvar la propia condición de la dignidad humana. En este caso, ofrecer sepultura a los restos mortales de su hermano.

Pero no solo el trágico griego, también Cicerón se pregunta: ¿los hombres pueden hacer bueno lo que es malo, y malo lo que es bueno? Nuestro Cervantes recoge esta tradición, base de la civilización occidental en los consejos de Don Quijote a Sancho gobernador. Y la mayoría de nuestros preceptistas del siglo de Oro, investigan las relaciones de los sistemas normativos y de las conductas de los Príncipes en relación al universo de los valores metafísicos. Algunos incluso llegan a considerar legítimo el tiranicidio.

La primera premisa o referencia del buen gobierno es, pues, externa al gobernante cuya acción debe tenerla en cuenta y servirla. Sea esa tal referencia la Ley natural, un código de conducta, un sistema axiológico metafísico de valores. O una Constitución política base del ordenamiento jurídico de un país. El gobernante no puede ir contra la Ley, ni el sistema político funcionar a su capricho.

En España hay o habido varias Antígonas repetidamente traicionadas por las conveniencias del Poder Político. Baste recordar por ejemplo a María San Gil en las Vascongadas. O a Gloria Lago, defensora del español, o a juezas y letradas, defensoras de la Justicia.

Antígona tenía una hermana, Ismena. Que no se atreve a seguir a Antígona y se busca excusas. Se lo afea la heroína: “Si te parece, haz desprecio de lo que más estimación tienen los dioses”.

A lo que la acobardada Ismena contesta: “Yo no hago desprecio de eso; pero soy impotente para obrar contra la voluntad de los ciudadanos”. O bien “De ningún modo conviene perseguir lo imposible”

Un sofisma: la voluntad del tirano Creonte no es la de los ciudadanos. La condición de ciudadanos es incompatible con apoyar el capricho del tirano. Y una cobardía, hacer lo fácil o lo que complace al poderoso en vez de lo que es debido.

Con la notable excepción del abad del Valle de los Caídos, émulo de Antígona, La postura de Imena es la adoptada por la temblorosa y felona Iglesia Católica española que acaso deba su supervivencia a la persona cuyos restos mortales se intentan afrentar. Una infame traición a la figura de su protector que no siguió su complaciente criterio de «no perseguir lo imposible» para salvarlos de la criminal ferocidad de las hordas. Pero también a la de los miles de víctimas católicas del clero y seglares vilmente asesinadas.

Ni conviene olvidar la ingratitud cobarde de la Corona, último objetivo a derribar por la inicua Ley de Memoria histórica, cuya actual Dinastía fue instaurada por la víctima del pretendido ultraje. Y que al no defender a quien tiene obligación moral y acaso legal de hacerlo, pronto puede encontrarse con que tampoco va a tener a nadie dispuesta defenderla cuando los caprichos del tirano y sus compinches cambien de víctima.

El arquetipo de Antígona contrasta con el pasmo de Su Católica Majestad que sin mover un músculo observa impasible la fatal devastación de Su Reino, es de justicia añadir más y más pasmaos a este encantamiento que padecemos, acaso provocado por el malvado gigante Soros Malambruno o sus más enconados bellacos secuaces. Como explicaba González de Cellorigo:No parece sino que se han convertido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural.”

Ignoro qué pensaría don Felipe mientras asistía amordazado a la función en el magnífico Teatro romano de Mérida, suponiendo que no se haya quedado dormido después de acabar la bolsa de palomitas. Acaso toda una provocación. Una encerrona. La España de hoy se parece cada vez más a la tiranía de Creonte. Y si en España hay hoy una figura política que está en las antípodas morales, de compromiso político y valentía para enfrentar la adversidad de la tiranía, virtudes representadas por la gran heroína griega esa es la del pobre don Felipe. Un personaje amargado, dominado, que se deja humillar impunemente en público. Que no actúa ni como debe ni como se espera de él en defensa de España. Y que si esto sigue así no se escapará de ser barrido también por la riada revolucionaria.

La lánguida flacidez de un imbel complaciente versus la apasionada defensa de la condición humana de la heroica Antígona. Gente que hace poco ha consentido lo que nunca hubiera hecho Antígona como es la humillante profanación de la tumba de su benefactor. Humillación que también lo es de la propia Corona que es su heredera. Y, más en abstracto, el sometimiento a los caprichos y contradioses de Su Gobierno. O el refrendo de leyes contra la Nación o la Ley Natural.

Si es que se ha enterado de algo del profundo mensaje humanista de la tragedia de Sófocles, ¿le servirá para algo a nuestro complaciente y pusilánime Rey?

Es preciso insistir. En este momento estamos sometidos a un creciente despotismo con ribetes genocidas que intenta arrumbar la civilización occidental intramuros del sistema. La cultura griega es un faro que ha venido iluminando durante siglos la civilización occidental, hoy saboteada y saqueada por quienes por razón de sus responsabilidades institucionales mayores obligaciones tendrían de defenderla.

En la tragedia de Sófocles el tirano Creonte y su familia acabaron mal, muy mal. Y el Coro pone fin a la obra:

La prudencia es la primera condición para la felicidad; y es menester, en todo lo que a los dioses se refiere, no cometer impiedad; pues las insolentes bravatas que castigan a los soberbios con atroces desgracias, les enseñan a ser prudentes en la vejez.”

Fin

 

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