Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Lorca y Papini hablan de toros en el café de Pombo

                                            “Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace

                                            Un andaluz  tan claro, tan rico de aventura.

                                            Yo canto su elegancia con palabras que gimen

                                            Y recuerdo una brisa triste por los olivos”

               (Federico García Lorca, Llanto por la muerte de Sánchez Mejías)

 

Cuando Coruña era La Coruña, importante ciudad española de gran personalidad histórica y no una amorfa población satélite progre de la carcundia burocrática compostelana, era costumbre celebrar su importante feria taurina, incluso después de derribar su famosa Plaza de Toros en una operación urbanística especulativa que privó a la ciudad de un coso permanente, sustituido primero por un edificio multiusos y ahora por nada. Todo ingeniería social para cambiar las tradiciones y costumbres.

Desde unas semanas antes, la afición se iba animando a comentar posibles expectativas e incidencias. Un momento esperado también por muchos buenos amigos. Con su maestría habitual, Marcial Ortiz solía crear el cartel de la feria. Calín disertaba con su gran conocimiento de la Fiesta y de la Ciudad. Hilario Taboada regresaba desde Cataluña para ofrecernos su conocimiento práctico del que ha sido torero de verdad, de los capaces de ponerse delante de un bicho con cuernos de pocos amigos. El único torero gallego hoy vivo.

Ahora, la (muy poco) Santa Inquisición de socialistas, abortistas, hembristas, nacionalistas, garduños, mareados, animalistas, asalta orzamentos, déspotas normalizadores y demás heroicos benefactores de la Humanidad, han conseguido prohibir la feria, y el ambiente taurino como la propia España van desapareciendo entre las sombras del recuerdo de un mundo mejor, que precedía al promovido por la actual enmucetada barbarie iconoclasta y panclasta de destructores universales.

Un profético Ernesto Giménez Caballero, fundador de la revista cultural La Gaceta literaria, ya se temía lo que podría pasar con la fiesta: Los toros son el último refugio que resta a la España heroica, pagana y viril, ya a punto de ser asfixiada por una España humanitarista, socializante, semieuropea, híbrida burguesa, pacifista y pedagógica. Ennoblecer de nuevo esta fiesta, extraer su esencia mítica es la labor de los nuevos españoles, consientes de un pasado y de un porvenir: orgullosos y leales de una gran tierra milenaria, como España.        

Pero, para mejor ilustración de ese resabiao y traicionero ganao o de quien quiera aprender algo sobre simbolismo y Cultura vamos a resucitar aquí una curiosa conversación más o menos imaginaria aunque lúcida e iluminadora entre el humanista italiano Giovanni Papini y Federico García Lorca, quien a la sazón estaba escribiendo el famoso poema de homenaje a su amigo Sánchez Mejías, muerto por un toro en la plaza manchega de Manzanares.

 

Cuentan que tras una corrida de toros en Las Ventas se fueron al Café de Pombo y Papini preguntó a Federico qué pensaba de los extranjeros que ven en este juego sangriento una prueba de la crueldad del pueblo español.

El poeta le contestó: no todos son tan imbéciles… son viajeros filisteos, carentes, aunque sean cultos, de verdadero espíritu poético. Espero hacer comprender la belleza heroica, pagana, popular y mística de la lucha entre el hombre y el toro. Creo que nadie ha sabido explicar a los extranjeros el significado profundo, sublime, y casi diría sobrehumano, del sacrificio taurino. 

Si los humanitarios y puritanos extranjeros que suelen ser de inteligencia limitada, fueran capaces de profundizar el verdadero secreto de la tauromaquia, juzgarían de modo diferente nuestras corridas. 

Y Federico continúa su explicación: La corrida, a despecho de su acompañamiento acrobático y espectacular, es en realidad un misterio religioso, un rito sagrado. El torero es, con sus acólitos, una especie de sacerdote de los tiempos precristianos, pero al que el Cristianismo no pudo condenar. ¿Qué representa el toro en la conciencia de los hombres? La energía primitiva y salvaje y, junto a ello, la ultrapotencia fecundadora. Es el bruto con toda su oscura fuerza, el macho con todo su vigor sexual.

Pero el hombre, si quiere ser verdadero hombre, debe disciplinar y guiar la fuerza de su inteligencia, debe ennoblecer y sublimar la fuerza del sexo con el amor. Tiene que matar en sí mismo la animalidad primigenia, vencer el porcentaje de bruto que hay en él. Su antagonista más evidente, en esta su voluntad de purificación, es el toro….

Y Lorca prosigue explicando porqué está hablando de civilización y de cultura:

La corrida es la representación pública y solemne de esta victoria humana sobre el instinto bestial…. La victoria sobre la bestia sensual y feroz es la visible proyección de una victoria interior.

La corrida es, por tanto, el símbolo pintoresco y agonístico de la superioridad del espíritu sobre la materia, de la inteligencia sobre el instinto, del héroe sonriente sobre el monstruo espumajeante, del sabio Ulises sobre el cruel Cíclope.

Y luego explica las relaciones desde el punto de vista espiritual y ritualístico con el Mitraísmo y el Cristianismo

El torero es el ministro cruento de una ceremonia de fondo espiritual, y su espada no es más que la supervivencia del cuchillo del sacrificio de los antiguos sacerdotes. Y coo también el Cristianismo enseña a los hombres a liberarse de las reminiscencias bestiales que quedan en nosotros, nada hay de extraño en que un pueblo católico como el nuestro concurra este espectáculo sagrado, aún cuando no comprenda muy claramente esa íntima significación espiritual.

Papini quedó un tanto sorprendido por las sabias y entusiastas palabras del poeta granadino y reconocería que tan ingeniosa y paradójica teoría era digna de atenta meditación.

 

Magnífico diálogo, pues, el que nos ofrece Papini y desde luego para atenta meditación como él sugiere. En la España actual por desgracia cada vez hay más extranjeros autóctonos con DNI, que desconocen su arte y su historia. Que odian o no comprenden ni a su Patria, ni a su Cultura. Y , por desgracia, cada vez menos poetas capaces de explicarlo.

Acaso, tras esta tremenda ruptura nacional que estamos viviendo horrorizados, paradójicamente seamos nosotros los españoles orgullosos de serlo, los patriotas, los estudiosos de la tradición española, los que estamos fuera de juego y somos considerados y tratados como extranjeros por parte de gobiernos títeres, mercenarios, apoyados por un creciente populacho ignaro, insensible o indiferente a la realidad del hombre como ser espiritual, de Arte y de Cultura.

 

Giovanni Papini. Obras, 1962, Editorial Plaza y Janés.

El Libro negro (página 533 y siguientes)

 

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