Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Gritos, susurros y … silencio

Gracias a los testimonios de gentes tan ejemplares como la penúltima onerosa barragana real o ciertos modélicos representantes de las llamadas cloacas españolas, se van conociendo los sustanciosos detalles concretos de la emérita corrupción real en un día a día de calamidades que como el tormento del gota a gota va cayendo sobre la obtusa cabeza mal aconsejada de su hijo y la nula credibilidad moral de la monarquía española incapaz de resistir la prueba de la verdad.

Una cuestión que no debiera quedar ahí, en limbo de la resignación, sin otras consecuencias, por lo que tiene de deslegitimización del Régimen y desmoralización del ciudadano indefenso, sin que al menos sirva de partera de otro nuevo.

Basta un breve repaso histórico de la obra de nuestros mejores intelectuales a lo largo del tiempo para comprobar en sus testimonios que la cleptocracia es consustancial al régimen monárquico español de los últimos siglos. Un Régimen dual. Un tinglado jurídico más o menos asimilable a los usos y costumbres europeas que encubre y de algún modo legitima la realidad de tal oligarquía cleptocrática coronada con sus propias normas y mafiosas omertás.

El rey está desnudo. Con mayor o menor disimulo o desvergüenza esta es la auténtica realidad político- social de los siglos borbónicos. Pero como dicen los mafiosos sicilianos de la Cosa Nostra lo importante es que haya respeto. Y el respeto se ha perdido por Su Católica Majestad, el leal heredero de Franco a título de rey y hoy gripado motor del cambio.

Ahora bien, del rey abajo, ¿ninguno, o más bien todos? No es justo que se haya levantado la veda del decrépito emérito octogenario mientras los personajes que le han acompañado en, o tapado, sus corruptelas y desfalcos sigan viendo el espectáculo desde la barrera como si con ellos no fuera la cosa (nostra). Me refiero a todos los amigos de lo ajeno bien situados en todos los partidos, y partidas de bandoleros, de esta pertinaz Monarquía sin olvidar los monopolios de tarifas fendetestas y tente mientras cobro.

Ahí está intacta, en la más odiosa e insultante impunidad, la mafiosa, piadosa y muy honorable famiglia Pujolone, capo di capi, récord Guinness y madrastra de todas las corrupciones, felonías y traiciones. Un mérito que es preciso reconocer. Sin olvidar, desde luego en esta infame jerarquía de saqueos y desfalcos el tinglado socialista de oportunistas biutifulleros saqueadores de las empresas públicas estratégicas que fueran parte fundamental de nuestro tesoro nacional edificado durante años por el ahorro del pueblo. O los heroicos golfos apandadores de los fondos de los parados. O los sabinianos del Cupo nostro. O los populares gurtélidos. O los especuladores con el patrimonio natural. Gentes que han hecho del pillaje impune una de las bellas artes.

Pero, si Su Majestad Emérita cae, ¿no terminará también cayendo con él todo el tinglado de la antigua farsa? Ya no valdrá el protector chantaje del silencio. La omertá mafiosa sostén del Régimen del 78.  Pese a lo que diga el doctor falsario como si con él y su corrupto partido cómplice no fuese la cosa: o todos o ninguno.  En realidad, lo inquietante y perturbador es el Régimen y sobre todo el negro futuro que nos espera.

Y, además, ¿quién les va a hacer caer? Desde intramuros no lo creo.

La Justicia se administra en nombre del Rey, cosa que tampoco nos sorprende demasiado, viendo lo que vemos, escándalo tras escándalo e intuyendo lo que nos tapan.

Uno de los mayores logros del Régimen ha sido desmontar el ejército o cualquier otra institución histórica posible defensora de la Nación.

No hay sociedad civil, sino gentes amaestradas, embrutecidas, aterradas, versión posmoderna del famoso ¡Vivan as caenas! Con el que el populacho ignaro recibiera a Fernando Séptimo, El Deseado.

Tras varias décadas empeñadas en la destrucción de la educación, la Cultura, la lengua y el mérito tampoco florecen intelectuales. Ni siglo de oro, ni siglo de plata, ni acaso ya de hojalata.

Sólo el contubernio globalista del NOM puede mover los hilos para sacrificar al rey, pero entonces ya no será el juego del ajedrez sino vaya usted a saber qué.

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