Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Borbones en media veda

«… acampados en una y otra ribera, los soldados de la revolución, y los leales, robaban gallinas mientras llegaba la abdicación de la Reina».  

«….Doña Isabel puso píes en polvorosa, tirando los trastos de reinar, porque el cristo revolucionario la sorprendió en lugar vecino a la frontera, donde tomaba los baños de mar tan saludables para el humor herpético».

(Valle Inclán)

Se ha abierto la media veda que abre la posibilidad de cazar especies nómadas tales como la tórtola, la codorniz o la paloma torcaz. Bonitas aves de paso que amables nos visitan todos los años aunque no suelan decidirse a permanecer entre nosotros. No es el caso de una especie también extranjera pero sedentaria y endémica como los Borbones. Pero al parecer de nuevo se ha abierto la veda contra ellos al caducar su impunidad delictiva o su impostada condición de especie protegible.

Se trata de un viejo deporte histórico nacional: echar una y otra vez a la dinastía y por las mismas razones, su corrupción, depravación  sexual y traición a la nación española.  Una aparente confirmación de la teoría de los ciclos históricos y del mito del eterno retorno. Y también de que el mayor enemigo de la idea monárquica en España lo constituye esta lamentable familia. Muy recauchutada todo hay que decirlo desde la época de la reina María Luisa de Parma, quien confesó que ninguno de sus muchos hijos fuese engendrado por su marido el rey Carlos IV. Curiosamente, mucho legitimismo y mucha cosa, pero las sangrientas guerras carlistas eran entre bastardos. Sin olvidar los posteriores experimentos genéticos con diferentes sementales para mejora del encaste en lo que a trapío y bravura se refiere de la prodigiosa niña Isabel.

Decía el genial Valle que España es una deformación grotesca de la civilización europea. En mi humilde opinión tal cosa ocurre porque imita a los Borbones, deformación grotesca de lo que debiera ser una dinastía honrada y civilizada al estilo occidental.

Pero los españoles no escarmentamos. Tragamos con todo. El esperpento más atroz y humillante constituye condición irrenunciable de nuestro paisaje. A los Borbones se les echa de España más que merecidamente una y otra vez, pero también una y otra vez como una epidemia imposible de erradicar vuelven sin remedio. ¿Qué pulsión suicida o masoquista nos hace recurrir a esta nociva dinastía una y otra vez?

El lector avisado nos aclarará que tal vez obsesión no sea cosa del pueblo, sino de las corruptas, fementidas y antipatrióticas élites españolas que retroalimentan mejor así su cleptocracia impune con la Corona. Pilla el Rey, a pillar todos, hasta el último concejal socialista lugareño. Los socialistas, comunistas, bizcaitarras, catalanistas y demás filántropos, sin olvidar a los sorayistas, estaban encantados con la complicidad mutua de los Borbones. Pero ahora la avaricia rompe el saco y ni el falsario doctor ni el fementido marqués quieren compartir ya el botín con la Casa. Con la empresa familiar como tan certeramente la define Corinna.

Incluso un estadista de la astucia y categoría política del general Franco tropezaría en esta misma piedra histórica. Un baldón en su hoja de servicios a España. En este asunto dinástico otro famoso general de también extraordinaria carrera militar, don Juan Prim, lo tenía más claro y desechada la dinastía borbónica por incompatible con el genuino patriotismo español tuvo que ponerse a buscar un rey para España entre las más apolilladas casas reales europeas. Con resultados catastróficos todo hay que decirlo porque de ahí vino el desencadenante de la guerra franco prusiana de 1870.  Y él mismo fue asesinado por hacerlo en un magnicidio nunca aclarado del todo. Un estratégico crimen de Estado al que probablemente no fueran ajenos ciertos significados personajes de la dinastía derrocada y los esclavistas catalanes que querían mantener sus abusos y privilegios.

Pero ningún posible candidato de mérito se atrevía a aceptar tan problemático legado hasta que el pobre bienintencionado Amadeo de Saboya diera un paso al frente. Su primer acto político al llegar a su nuevo reino fue asistir a las honras fúnebres de su benefactor oportunamente asesinado. No le dieron tregua hasta que abdicara completamente harto.

Es probada habilidad de los Borbones dejar una y otra vez al país en quiebra y al borde de la guerra civil cuando huyen a disfrutar de lo pillado o conseguimos echarlos. Es de temer vistos los múltiples precedentes históricos que cuando al final se vaya don Felipe El Preparao, el resultado pueda ser similar. Quiebra total, Deuda imposible, Administración ineficaz y desastrosa, la Nación indefensa, el Pueblo español muerto de miedo y a merced del despotismo. Vuelta al cantonalismo, que es una especie de régimen autonómico pero en peor, agravado con infinitos alcaldes de monterilla y caciques taifales desvariando, insultando o dando por saco, mientras arramblan con lo poco que quede en la sufrida España dicen que posmoderna federal.

Por desgracia, con la complicidad de nuestros tan patrióticos próceres la centenaria nación española hoy se ha convertido en conejillo de Indias para experimentar con el siniestro NOM y cualquier cosa puede pasar. Con la mascarilla puesta como les han ordenado, con el equipaje casi preparado, ¿aguardan Sus Majestades la orden de marcha?

 

 

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