Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Votaciones periféricas veraniegas 1

Para los que aborrecemos al oneroso, corrupto, liberticida en algunas taifas, tinglado autonómico la cita del 12 de julio nos plantea varias dudas. ¿Participar en algo que se considera perjudicial? ¿Tratar de evitar males aún mayores?

Lo verdaderamente diabólico es que aunque el ciudadano consciente intente pasar de la actual política corrompida y devastadora, ella no pasa del saqueado y humillado ciudadano. La monarquía ha dejado a sus súbditos indefensos ante los abusos de los señores de las taifas.

En el País Vasco, con la pasiva complicidad de su vistosa guardia mora bereber, los indígenas hostiles reciben a pedrada limpia a los forasteros que consideran peligrosos para la continuidad de sus abusos, cupos y mamandurrias.

Aquí, en Galicia donde escribo aún no se ha llegado a ese grado de violencia primaria tan brutal pero se emplean otras mañas no menos nocivas.

Y es que el problema viene a ser el mismo salvo en que afortunadamente los talibanciños galleguistas no han desarrollado aún el grado de criminalidad de sus correligionarios bilduetarras. En efecto, casi toda la oferta electoral consiste en nacionalismo con diversos grados de malignidad y virulencia. Excepto VOX, el verdadero enemigo a batir por el tinglado, todas las demás propuestas con posibilidades de sacar escaños significan nacionalismo, particularismo subvencionado, ingeniería social progre y represión de la lengua y Cultura españolas.

Desde luego es preciso reconocer que las propuestas electorales que hacen al sufrido y domesticado votante son irresistiblemente tentadoras.

Feijóo, un nacionalista lobuno recubierto cuando le conviene con piel de cordero español aparece en los carteles de propaganda con un impactante lema: «Galicia, Galicia, Galicia«.  La anterior creo recordar era «Galicia e moito«. O «Galicia primeiro».  Discursos sencillos sabiamente dirigidos a no complicar ni dificultar la comprensión de votantes entusiastas.

No muy diferente, por cierto, del de “vivamos como galegos” de una conocida cadena de supermercados de la tierra.

Por su parte, las repugnantes zurdas propiamente dichas presentan a un sobrino de un veterano cacique vigués y a diversos especimenes de la tropa galleguista paradójicamente imitadora de abusadores catalanes y vascos de pura raza vasca en busca de privilegios.

Vox, el único que parece diferente, es atacado o bien ninguneado con auténtico entusiasmo. Sobre todo por el PP de Galicia. No es extraño. Es el único que habla español y que defiende la idea de España y su Cultura. Uno de sus próceres más conocidos que osó criticar la figura de un santón indigenista local llamado Castelao ha sufrido ataques virulentos, los más suaves pedían que el maldito virus rojo chino se lo llevara por delante sin más dilación.

Como vamos a ver a continuación, el tal Castelao viene a ser aquí en Galicia el equivalente de los Sabino Arana o Prat de la Riba, si bien en versión comunista que no beata clerical meapilas como los anteriores. Un golpista xenófobo, irredento y sectario al que tras el golpe izquierdista y nacionalista del 34 la República desterró unos meses a Badajoz, donde escribiria su libro más conocido, Sempre en Galiza. Sin embargo, la represión no fue tan terrible: además de disfrutar de permisos, licencias o vacaciones, durante su estancia incluso fue ascendido a jefe de negociado de primera clase. Su opinión sobre Extremadura es otra muestra de su peculiar sectarismo racista zurdo: «¡Qué asco una tierra de hambrientos lujuriosos dominada por ricos indecentes! Dicen que quieren ser andaluces… La gente parece de una Andalucía montañesa. Sombrero ancho, zamarra, cchiporra. Caras chatas y amarillas: mezcla de tres razas mal llevadas«. Lo dice él, que se considera de pura raza celta.  Tal es el personaje alabado por Feijóo.

La para muchos injusta fama de Castelao como prohombre intelectual, un personaje que se llamaba Alfonso Rodríguez y no tanto Daniel Castelao, se debe paradójicamente a los complejos de la carcundia gallega abanderada por el PP de, que no en, Galicia. Luego, donde hay mito que se quiten Razón ni argumentos. El glosar a Castelao por parte del actual caciquismo autonómico enmucetado parece una forma de intentar tapar las propias vergüenzas y su mala conciencia. O su oportunismo, falta de ideas propias o de escrúpulos. Con denunciarlo así Vox ha puesto el dedo en la llaga aunque muchos no quieran acertar la mano con la herida.

Esta afinidad ideológica entre los tres nacionalismos periféricos españoles es conocida, aunque no siempre reconocida. Algunos de sus elementos más significativos e inquietantes pueden verse por ejemplo AQUÍ.

Hagamos un poco de verdadera memoria histórica para mejor comprender lo que pasa.

El 11 de setiembre de 1923, dos días antes del nombramiento de Primo de Rivera por Alfonso XIII, con ocasión de la Diada de ese año, se intenta una Triple Alianza entre las fuerzas nacionalistas de Galicia, Vascongadas y Cataluña. En el plano de las lenguas regionales todas se muestran de acuerdo, aunque Castelao explica que hay diferencias sustanciales entre ambas pretendidas “naciones”. Habría tres hechos diferenciales: Cataluña era un feito basado na vontade. Euskadi a memoria, o meior reaitivo das aicións reivindicadoas, y Galicia en la intelixencia  e imaxinación.

Castelao también puntualiza: “Cataluña representa, pola sua industria progresiva, a sua potencialidade económica e seu nivel de vida social tanto como o resto da Hespaña e, ademais, ten una cibdade populosa, meirande que Madrid, portador abrouxador das aspiracions catalanas”. Por el contrario, Galicia, “ e un pais precapitalista, povoado por traballadores que viven d-un misero xornal, que elos mesmos sacan da terra ou do mar; sen industrias d-abondo para absorber o escedente de povoacion labrega e mariñeira; c-un  paro forzoso e c-un déficit pecuniario constante, que se resolve pacíficamente por meido da emigración”.

En julio de 1932, por iniciativa de Unió Democrática de Catalunya, fuerzas nacionalistas catalanas homenajean a los diputados galleguistas Castelao y Otero Pedrayo en Barcelona.

Como continuación de la fallida Triple Alianza de 1923, el 25 de julio de 1933 Castelao inspira en Santiago de Compostela la formación de Galeusca.  Cuando muere el golpista Maciá, Castelao y el Partido Galeguista promueven un homenaje al traidor contra la República al que califican de «apostolo de Catalunya». El día de los santos inocentes de ese mismo año de 1933, Castelao escribe un luctuoso panfleto en A Nosa Terra, órgano del Partido Galeguista, bajo el título de Catalunya na morte do libertador en el que glosa al fallecido felón golpista y afirma, entre otras cosas, que “Catalunya e unha verdadeira potencia material e espiritual. Por eso, pese a quen pese, Caltalunya sera sempre ela, non sera parte de nieguen, senon que sera, por saber ser diferente,  unida e persoalidade existente. Catalunya merece ter homes da estirpe de Maciá. Cada pobo ten o que merece ter” .

Con ocasión del famoso filo republicano Pacto de San Sebastián, Castelao pondría a caer de un burro a su paisano y colega Casares Quiroga tanto por su escasa contundencia galleguista cuanto por no apoyar a los catalanistas: ”Casares non planteou  o problema galego nin se sumou aos catalans. Contase eso si, que pideu para Galiza os mesmos directos que lle fousen outorgados  a Catalunya; pero frenteros catalans, para dificultarlles, tal vez, a sua mision, e conformandose co sentir centralista da maoria.

Punto común de los nacionalistas es el racismo. Sin embargo, como dice Núñez Feijóo, nosotros los gallegos somos un ejemplo de nacionalismo fino, educado amén de filantrópico. Alfredo Brañas ya explicaba la razón última del nacionalismo galleguista, regionalismo en su jerga: Galicia para los gallegos. Un coto de caza caciquil lejos de los malvados españoles que nos puedan disputar el dulce mangoneo y la lucrativa comodidad de la poltrona.

Acabamos de citar unas frases injuriosas racistas de Castelao pero quizás sea en la obra de Vicente Risco donde más claro podamos encontrar las peculiaridades del racismo galleguista. Aquí, la pura raza aria de colegas vascones y catalanes se convierte en impostado celtismo. Risco nos lo explica muy puesto en razón con gran clarividencia y singular desparpajo: “Ora, na nacionalidade galega sinifica a superioridade indiscutibel da nosa Raza sobre das razas morenas euroafricanas de Iberia, e pol-o tanto, a inxusticia de que sexamos domeñados e gobernados por iles… que somos eiqui un pobo aparte, que as tradicios hespañolas das grorias de Castela, do Arabismo, do Século d ‘ Ouro, da Misteca, non son nosas, ni estan no noso ser, ni-nos podemos encariñar co’elas… sinifica o noso dereito a autonomia politica y a asoluta independencia no que toca a cultura.

Apenas existen importantes hechos diferenciales en lo ideológico entre los respectivos nacionalismos periféricos, si bien el paso del tiempo y en especial la decadencia de uno de sus instigadores, la Iglesia Católica, han producido los lógicos matices:

Conquista de su Lebensraum o espacio vital basado en el pilla pilla de grandes y crecientes presupuestos, porque bien saben que sin constante riego de dinero público su tinglado no se sostendría por falta de suficiente apoyo social.

Sectarismo, supremacismo, racismo, xenofobia más o menos virulenta, integrismo teocrático, imposición de la lengua regional, caciquismo, corrupción, busca de privilegios políticos y económicos,  antiliberalismo… son lacras comunes con mayor o menor grado de virulencia a todos ellos.

Se comprende que sean las oligarquías locales, los conservadores de mayor carcundia y la hoy declinante Iglesia periférica, quienes más pugnen por el plurilingüísmo con supremacía obligatoria de la lengua autóctona y teman las sociedades abiertas.  Pero lo que resulta incomprensible es el apoyo a las oligarquías regionales ventajistas y su lacra de nacionalismo, «normalización» lingüística incluida, de la supuesta izquierda española, ahora también de los sindicatos oficialistas. Unas zurdas renegadas, sectarias, corrompidas, incoherentes, que más que españolas cabría calificar de globalistas sorosianas al servicio del gran capital.  El colmo de los colmos es el ridículo de las zurdas asturianas con la imposición del bable.

Aquí, también, aunque los próceres galleguistas actuales ya no suelen acudir a soflamas racistas explícitas, sigue patente y cada vez más agudizado el problema de establecer con cargo a los impuestos de todos los españoles los supuestos derechos de las lenguas por encima de los de sus hablantes. La «normalización lingüística» que, en consecuencia, considera a los hispanohablantes gallegos o ciudadanos españoles que viven en Galicia como «anormales«. La imposición del gallego sacramental en la administración pública y la cultura subvencionada como viático para acceder a la galleguidad. Una agresión anticonstitucional impuesta desde las instituciones gallegas controladas por el PP y demás partidos que sólo viene siendo combatida de forma extraparlamentaria gracias a sufridas asociaciones pro derechos civiles como Galicia Bilingüe o la más reciente Hablamos español.

En resumen: el problema más que quienes las ocupan son las propias instituciones autonómicas que potencian el desastre, la filomanía.  Ojalá la votación en vez de para elegir políticos destinados a rellenar el bodrio institucional fuera sobre preguntas tales como, ¿Desea usted cerrar el actual chiringuito y asignar los ahorros de impuestos y los pingües beneficios derivados de ese clausura a obras en beneficio de la sociedad?

Pero sabemos que tal deseo es una quimera: los malos son herejes de VOX que pretenden estorbar la tranquilidad del paraíso denunciando el actual desastre ¡A la hoguera con ellos!

(Continuará)

 

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