Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Turné real

Los reyes de España (Spain) están realizando una sentida turné por su desventurado y humillado Reino, que tanto nos recuerda a lo que peinamos canas si aún tenemos algo que peinar, a las que hacían cuando la oprobiosa los entonces príncipes Juan Carlos y Sofía. De vez en cuando para distraer al distinguido público tocaba salir de excursión y el invicto caudillo los sacaba de Palacio a pasear en olor de multitud donde recibían las muestras del comprensible entusiasmo de la plebe, según nos indicaba el NODO.

Muy campechanos, muy llanos como corresponde a gente tan elevada y principal se dignaban sonreír al populacho mientras agitaban sus manos en primorosos saludos. Bellos como vuelo de palomas al viento diría un osado vate ditirambo alabancioso a diez duros el renglón. El invicto caudillo, que se las sabía casi todas, había advertido al entonces príncipe sin emeritar que no convenía que le hiciesen fotos con el brazo derecho estirado en alto, ya que podría dar lugar a confusiones y asimilaciones poco deseables. El príncipe heredero de la corona instaurada para él por el malvado caudillo obedecía muy aplicado y modosito como corresponde a un tímido y complaciente becario en edad de hacer méritos. Y saludaba con la zurda mano abierta como jugando a los cinco lobitos, que viene la loba y todo eso.

El tiempo pasa inmisericorde, el emérito vaga ahora como alma en pena por Palacio y no se habla con nadie, o mejor dicho ya nadie le habla, condenado por su olvidadizo hijo a una suerte de damnatio memoriae. Similar por otra parte a la que el ingrato emérito hiciera a su benefactor el invicto caudillo, sin molestarse en tratar de impedir siquiera la profanación de su tumba. Una tradición que parece tomada del Egipto faraónico.

El tiempo pasa, capitulaciones de Bayona, Fernando VII El Deseado, la rijosa niña Isabel, y todas las que están en mente del amable lector, pero las mañas vuelven, o más bien siguen, porque no parece que jamás se hayan ido entre los Borbones.

Sin embargo, cabe reconocer que hay algunas astutas adaptaciones a los signos de los tiempos. La reina consorte saluda con el puño tímidamente cerrado en alto casi casi como una miliciana revolucionaria más. Aunque se la ve flacucha, muy flacucha. Tal parece que padeciera anorexia.

En resumen, como repiten una y otra vez la prensa, radio, televisión del Régimen: Tenemos unos reyes que no nos merecemos.

(Continuará).

 

 

 

 

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