Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Oclocracia, como sistema político transitorio, mohatrero y posmoderno

Según Polibio, Oclocracia es el fruto de la degradación demagógica cuando se llena de ilegalidades y violencias. Por ejemplo lo que está sucediendo ahora en EEUU con el terrorismo de falsa bandera provocado y financiado por el Partido Demócrata como instrumento político tradicional de la plutocracia financiera. Y también lo que está empezando a pasar aquí por su franquicia española del falsario, con algún ensayo anterior en Cataluña. Es un caso más de las llamadas revoluciones de colores, ahora en la metrópoli, de subversión mafiosa financiada y protegida por plutócratas amorales y su Partido Demócrata.

Oclocracia es el gobierno de la muchedumbre, de las turbas. Si vale la conceptual contradicción entre gobierno y turbas. Viene a ser una fórmula producto de la degradación de la democracia. Sabemos que también los otros sistemas políticos aristotélicos pueden degenerar. Así la monarquía puede degenerar en tiranía o la aristocracia en oligarquía, cuando se olvida el bien común como acción inspiradora del gobierno.

En España, tras la ruptura del pacto de la Transición entre Borbones y socialistas basado en la corrupción y la mohatra institucional controladas se está ensayando una curiosa monarquía oclocrática u oclocracia coronada. Una vacatio legis singular en las que las leyes no se aplican si no le convienen al Poder, ni tampoco se respetan los derechos constitucionales. Una suerte de Estado de derecho, pero abolido según convenga.

Quizás lo más curioso en esta oclocracia posmoderna sea la subversión programada como mohatra promovida por los mismos subvertidos. Una subversión paradójicamente enmucetada y subvencionada por el Poder. Un Poder oculto de carácter plutocrático que mueve los hilos y un Poder manifestado institucionalmente con sus agentes ocupando puestos claves de la politeia para hacer lo contrario de lo que se supone que sus instituciones representan.

Así pues, ya no es de extrañar que sea el gobierno de Su Majestad una de las principales fuentes de subversión contra Su Majestad y lo que se supone representa desde el punto de vista constitucional. Es un primoroso rizar el rizo del atentado de falsa bandera.

Está oclocracia dispone de diferentes tentáculos relacionados con los arietes del neomarxismo posmoderno que pone su estrategia de subversión violenta ya no en la antigua lucha de clases entre trabajadores y empresarios sino entre grupos sociales artificialmente formados y enfrentados. Y sus diferentes “ismos”.

Pero, la oclocracia difícilmente puede mantener un orden estable, es una situación transitoria por su propia naturaleza. Entonces, ¿qué pasará en el futuro?

En EEUU se trata de derribar la presidencia de Trump, considerado enemigo incompatible con el liberticida NOM, asesinándolo o impidiendo su reelección. Incluso la nación se puede ver envuelta en una crisis institucional y nacional terrible, sin descartar una contienda civil violenta.

En el Reino de España las turbas detentan el poder y están apoltronadas en Palacio. Su misión en la calle es la de ser mamporreros de protección del gobierno, allí donde no puedan o no convenga llegar las partidariamente sometidas Fuerzas de Orden Público. Las turbas como una especie de camisas pardas de las SA del nacionalsocialismo, pero sin uniforme.

Si hubiera crisis ministerial y el falsario se viera obligado a arrojar lastre comunista para que no se le caiga o pinche el globo, parte de las turbas, las más fanatizadas y violentas se desmandarían.

Una parte de nuestras élites empresariales están preocupadas por los desastrosos resultados de su gobierno oclocrático. Otras, muy entrenadas pescadoras en río revuelto de aguas previa y oportunamente enturbiadas, tratarán de sacar tajada mediante tarifas y privilegios monopolísticos. Pero pan para hoy, hambre para mañana, la oclocracia la carga el diablo internacional y el tinglado puede desmandarse fuera de control.

De modo que dejar que la oclocracia se estabilice como forma habitual de gobierno, medre mientras quede algo que saquear o destruir, tiene la ventaja de que sean las propias turbas las que luego tengan que auto atacarse, llegada la miseria o incluso la hambruna. Pero también el inconveniente de que por su propia condición transitoria pueda convertirse en una situación indeseable para el futuro de esas élites.

Así que el Poder del 35 está dividido. ¿Apuntalar al falsario o intentar derribarlo? ¿Qué es más elevado para el negocio?

Pues seguramente es cosa de perspectiva y de poseer la certeza o no de estar en un cambio de paradigma. Desde la globalista cuanto peor, mejor. En el solar devastado por la oclocracia se puede edificar sin obstáculos ni leyes regulatorias.

Casado, muy modosito y disciplinado, espera órdenes en primer tiempo de saludo.

Sin embargo, la suerte de España, de la oclocracia y de algunas élites se juega en la metrópoli.

 

 

 

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