Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Test de fatiga no superado

Cortar al enemigo su última vía de escape es el modo más seguro de infundirle el valor de la desesperación” (Basil Liddell Hart)

Los acontecimientos que estamos viviendo en el infeliz Reino de España durante los últimos tiempos pueden ser interpretados de diferentes maneras pero parece evidencia de razón para cualquier observador lúcido que resultan propios de un fin de ciclo histórico. El del régimen del 78.

El comienzo de este declinar puede fecharse desde el golpe del 11M, atentado estratégico que ha cambiado la historia de España. O desde la forzada abdicación del Emérito, cuya caza judicial habría comenzado.  O desde los últimos meses, en relación con el golpismo catalán y la decepcionante sentencia del juicio posterior con Marchena de imbel oficial. O ahora todo lo relacionado con la llamada pandemia y el golpe contra los derechos civiles y el bienestar económico y social perpetrado por las propias instituciones borbónicas.

Aún cuando se pudiese neutralizar la acción del desastroso y liberticida actual gobierno de Su Majestad, ¿Y quién lo iría a hacer?, el régimen del 78 habría quedado muy tocado, con todas sus deficiencias a la vista del público, deslegitimado, inservible a ojos de las gentes más conscientes. Inhabitable sin una reforma en profundidad.

Se ha comprobado la verdadera catadura de las onerosas e ineptas instituciones de la Monarquía. Todas ávidas en saquear al ciudadano, ninguna a hacer algo práctico, útil por el pueblo mientras se echan unas a otras los muertos. Cuando no aprovechan la tragedia para robar impunemente con los suministros previamente ninguneados a los que más los necesitaban. E incapaces de impedir la matanza de ancianos en las residencias. Una muestra de barbarie que constituirá baldón imborrable de este régimen encanallado.  Algunos optimistas recalcitrantes con tal de agarrarse a un clavo ardiendo aún confían en la Justicia. Pudiera ser, sin embargo, ojalá me equivoque, mucho me temo que todas las vías de escape ya han sido cortadas y no tenemos a nadie que nos defienda.

Por tanto, no es extraño que se pueda hablar de crisis constituyente. El tinglado monárquico del 78 se ha revelado como lo que es, y ha sido en otras etapas históricas. Una parafernalia para disimular la verdadera naturaleza del régimen del 78: una oligarquía cleptocrática basada en el monopolio, la tarifa y el favor disfrazada con una mohatra parlamentaria. Con una diferencia importante sobre la realidades ya denunciadas por Silvela, Unamuno, Costa, Canalejas, Osorio… que es el aspecto global de las nuevas élites oligárquicas que dan aún mayor peligrosidad impune a la situación.

Y, en efecto, alia acta est todo parece indicar que ya se habría decidido dar por acabado al régimen del 78, aprovechando la labor de destrucción del PSOE con la complicidad del PP durante estos años, la oportunidad de la pandemia y la evidente ineptitud y cobardía del actual titular de la Corona.

Y, por supuesto, el comportamiento propio de imbeles de la mayoría de los españoles. Gentes con el bozal bien puesto como les han ordenado que ni siquiera ante la amenaza de la tiranía claman como el paralítico de Lourdes, Virgencita, virgencita qué me quede como estoy.  Españolitos, no sé si helado el corazón, pero por lo que se ve resignados a formar parte sumisa de una dictadura, acaso trasvestida si hubiese suerte por la cosa europea, de algún nuevo ropaje mohatrero. El nuevo gobierno mundial debe aparecer como protector, como benefactor de los desesperados que a él se someten.

 

 

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