Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sobre la religión covidiana en un extraño Pentecostés

Para los estudiosos de la Historia de las religiones, o de las creencias y supersticiones, la nueva religión emergente a la que podríamos llamar covidiana a falta de otro nombre más adecuado, resulta especialmente sugestiva e interesante. A falta de mayor concreción o perspectiva cabe aventurar algunas notas descriptivas.

Aunque se haya preparado convenientemente en laboratorios de psicópatas, gabinetes de manipulación de masas, entidades financieras y grandes corporaciones globalistas cuyo negocio es la enfermedad y el sufrimiento ajeno, el caso es que la nueva religión se ha propagado urbi et orbi con mayor rapidez y virulento fanatismo que el originario Islam del siglo VII.

Parte de su éxito se encuentra en su oportunista disfraz cientificista tan del gusto del público ignaro o poco formado en filosofía, lógica y metafísica. El principio de autoridad desnaturalizado o no resultante de verdadera autorictas sino de granjería mohatrera juega un importante papel en esa difusión, así como el miedo irracional inducido. La complicidad de las autoridades títeres mercenarias y de los medios de intoxicación de masas, todos siervos de los mismos amos, también resulta decisiva.

La teología de la religión covidiana, descontada su componente cientificista improvisada según convenga por supuestos científicos y expertos todo a cien, no deja de ser un farragoso batiburrillo sincrético o ecléctico de lo peor de otras confesiones religiosas precedentes. Incluso, como casi todas ellas, no deja de poseer sus matices particulares de acuerdo a la idiosincrasia de los pueblos donde se extiende y asienta. No es lo mismo, por ejemplo, el budismo mahayana que el hinayana. O el catolicismo que el calvinismo. O el sunnismo que el chiísmo. Todo ello, junto con cierto componente de mutabilidad, dificulta incluir a la nueva religión en una tipología clara y bien definida.

En su rápida difusión cabe reseñar que se han producido insólitas colaboraciones de lo que pudiéramos llamar la competencia. Así, por ejemplo, el Papa de la pachamama ha ordenado cerrar los templos católicos e impedir el sacramento público de la Eucaristía. Institución que según los teólogos protege como escudo mágico el egregor de los fieles de los ataques del Maligno. Todo ello parece indicar colusión o complicidad en esas altas esferas que quizás pudieran explicarse si no por sana doctrina o teología por la nefasta influencia de la mafia pederasta o de blanqueo de dinero procedente de la delincuencia global. Al cabo, el cumplimiento de la visión profética cervantina en El coloquio de los perros con los falsos pastores, ellos mismos lobos para el rebaño a su cuidado.

El papel mohatrero de organizaciones globalistas supuestamente bienhechoras ha resultado muy eficaz. No importa que hoy se fije un dogma de fe, y mañana el contrario, la credibilidad entre el gentío de los nuevos fieles, protegida por los media cómplices, parece salir indemne. Los nuevos Galileos que demuestran los fraudes y pufos justificadores del desfalco son silenciados sin recato, e incluso asesinados.

Aquí, en el infausto Reino de España, la difusión de la buena nueva y la eficaz distribución de virus entre panes y peces tuviron su oportuno sermón de la montaña un ocho de marzo. Sodomitas, gomorritas, milicianas, hembristas, socialistas, comunistas, lumpen varipinto y demás ralea devoradora de presupuestos difundieron la nueva religión con virulencia de conversos.

A falta de una teología completamente acabada cabe señalar algunos de los rasgos que pueden manifestar los nuevos conversos a la religión covidiana: el miedo, el fanatismo, la delación de disidentes, la calumnia, la superstición, la hipocresía, la codicia, la ambición, la quiebra de las relaciones sociales… y la resignada asunción como fatal de una etapa de hambrunas, penurias y calamidades.

La nueva religión covidiana impone una peculiar vestimenta a sus adeptos. Así, una especie de ridículo burka tapabocas. El simbolismo de este miniburka es mostrar credulidad, docilidad, esclavitud. Pero no todo es simbólico en la imposición del miniburka. Impide la correcta respiración, provocando la autointoxicación con el anhídrido de carbono, en un funesto auto efecto invernadero. El envenenamiento de la sangre dificulta el pensamiento y el buen funcionamiento del cerebro. Como mordaza tapabocas impide o dificulta la comunicación verbal. En el principio fue el Verbo, y en el final… el tapabocas. También propugna el uso de guantes como garantía de pureza en las antes pecadoras manos.

Para denuncia de fieles dudosos a falta de un bautismo calificador se ha establecido una prueba que falla más que una escopeta de feria a la que llaman test. Pretenden determinar con ella lo que constituye una contradicción en términos. Los enfermos que no muestran síntomas de enfermedad, asintomáticos en el peculiar argot. Si la autoridad religiosa lo decidiese tales falsos enfermos (o no), desenmascarados por test de falsos veredictos (o no), pudieran ser recluidos (o no) en rediles ad hoc, separados del fiel rebaño para no ser contaminado de racionalidad y espíritu crítico.

Creo que era Marx el que decía que la televisión es el opio del pueblo. La nueva religión covidiana pretende amparar una nueva etapa de servidumbre y esclavitud para la Humanidad. Por su bien claro está y por la salvación de su vida, amenazada por quien pretende salvarla. La peor esclavitud es la del esclavo voluntario o la del esclavo que ni siquiera sospecha su verdadera condición.

De todo ello, y en especial del previsible resultado de inhumana degradación voluntaria de quienes a ella se someten, se induciría que estamos ante una religión diabólica, producto de la insidias contra la Humanidad del Maligno. Dejo a los teólogos competentes la investigación de sus relaciones con las famosas profecías de Daniel o las revelaciones del Apocalipsis.

Pero, ¿Tiene algo que ver con la próxima aparición del Anticristo?

La vacuna propugnada por uno de los más importantes agentes satánicos parece una posible  contra eucaristía. Acaso la mismísima marca de la Bestia. Una señal para pasaportar al otro barrio a cientos de miles o millones de personas. Una especie de satánica comunión mortal como la proporcionada por el doctor Jones a sus adeptos en la Guayana.

Algunos también esperan grandes signos en el cielo como los indicados en el proyecto Rayo azul con vistosos hologramas para anunciar los nuevos tiempos del reinado del Anticristo.

Contra lo que suele decir, dudo que el Anticristo ya se haya manifestado. No creo que sea el bizco millonario que pretende diezmar a la población mundial, ni tampoco el famoso filantropófago colaborador de los nazis. Pero, fuere como fuere, la nueva religión covídiana parece ser una de los signos de su inminente aparición.

Hoy, festividad de Pentecostés, oremos para que el Espíritu Santo nos ilumine, la Providencia divina nos proteja. Y para que, pese a todo, el Mal no prevalezca.

 

Post scriptum

Un querido amigo, que prefiere que no cite su nombre, me reprocha que no hable de los insuperables milagros de la nueva religión covidiana. Ha sido un lapsus imperdonable. Juro que pensaba hacerlo pero me distraje un momento y se me fue el santo al cielo. En efecto, sí, confieso que san Simón resucitó a dos mil muertos en un solo día, hazaña mucho mayor, verdadero Guinness, que la de Lázaro.  Y con un ministro, aunque sea de cuota catalana, como testigo.

 

 

 

 

 

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