Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De zahurdas y súcubos

Hay ingenuos o lerdos que aún se admiran de las triquiñuelas y traiciones de doña Inés.  No debieran a estas alturas cuando hace ya tiempo se sabe que es un súcubo que ha tenido trato carnal con miembro del partido golpista tresporcentista catalán y ahora visita con nocturnidad y alevosía al falsario moncloaca, dicen que para renovar su pacto siniestro diabólico que arruina nuestras vidas, libertades y haciendas.

De preciosa virgencita de Murillo a meritoria en las zahurdas de Plutón la sin par trayectoria de la dulce doncellita es digna de estudio. Y lástima que un Quevedo o un Valle no puedan glosarla. “Di un paso atrás y salime del camino del bien, que jamás quise retirarme de la virtud que tuviese mucho que desandar y que descansar. Volví a la mano izquierda y vi un acompañamiento tan reverendo, tanto coche, tanta carroza cargada de competencias al sol en humanas hermosuras, y gran cantidad de galas y libreas, lindos caballos, mucha gente de capa negra y muchos caballeros. Yo que siempre oí decir Dime con quién andas y diréte quién eres…” o bien, el oportuno: “La seráfica madre sonreía con almíbar de santa que coquetea.” O ya que estamos de entierros, cuando le dice un sepulturero a otro en el de Max Estrella: “En España el mérito no se premia.  Se premia el robar y el ser un sinvergüenza.  En España se premia todo lo malo”.

No debiera extrañarnos la condición de diabla de la interfecta viniendo de un territorio tan infectado por el maligno como Pujolandia, que le disputa al Vaticano el primer puesto europeo en la soberanía diabólica. Lo raro sería lo contrario. Una valiente demonóloga como doña Pilar Baselga viene asegurando que la ribera mediterránea del antiguo Reino de Aragón está tan podrida como la conciencia moral de muchos de sus habitantes. El padre Fortea, uno de nuestros más conocidos exorcistas, ya tristemente desaparecido el cura párroco del santuario del Corpiño, sin embargo no es tan claro en sus apreciaciones públicas.

Hay que recordar que “el humo de Satanás ya ha entrado en el templo” como decía el Papa Pablo VI y la cosa no ha hecho más que empeorar desde entonces para preparar el dominio al servicio del NOM del actual antipapa comunista. Con piadosa congoja el declarado enemigo de España y de la obra de la Hispanidad, evangelización incluida, cruzadas las manos sobre el pecho, se compungía con aviesa mansedumbre. En verdad se había compadecido de nuestros muchos pecados. Para remediarlo, había cohechado hasta nombrar a un charnego golpista vestido de colorado manda más en jefe de la cosa episcopal antes española. Prohibir el culto y la eucaristía o favorecer el golpe de Estado se encontrarían entre sus misiones más importantes.

Pero mientras Monseñor, muy vanipavo, alarga los rincones de la boca, sinuosa de disimulos y devota cadencia, estudiando las exóticas formas del rojo solideo, antes de hacer nuevas declaraciones a mayor gloria de Satán, San Procés y doña Francisquita, volvamos a lo nuestro.

¿A qué hueste infernal pertenecería tan dulce súcubo?

Cuestión de suyo difícil. Habría que consultar la Biblia. O algunos textos heterodoxos como los dos libros de Enoch. En el Génesis, capítulo 6, se habla de los ángeles caídos apareándose con mujeres terrícolas, pero no al revés. Puede que en el complejo universo veterotestamentario pudiéramos encontrar alguna otra pista.

En el Diccionario infernal de Collin de Plancy, tan socorrido para documentarse en estas cuestiones, no he encontrado nada de cierto para trasladar al lector.  Tampoco en las famosas obras de los padres Martín del Río o Torreblanca Villalpando, jesuitas como Bergoglio. Ni en la de su antecesor, el médico Ioannes Wierus, Praestigis daemonum, et incatitonibus acuenificiis libri sex, aucti e& recogniti.

Su lista de 72 diablos y entidades de la Pseudomonarchia daemonum puede encontrarse de modo más accesible en el Ars Goetia del Lemegeton Clavicula Salomonis. De estos 72 diablos acaso Bael, primer rey del infierno, probable reminiscencia del antiguo Baal al que se sacrificaban niños, al decir o suponer de algunos expertos en conspiranoia pudiera tener que ver con las huestes infernales que infectan nuestra Política de alto copete y los más encumbrados Palacios. Sugiero investigar esa negra pista.

Pero sabemos que los súcubos son diablos que toman formas femeninas para seducir a santos varones. En este caso, no sabemos quién seduce más a quién, tal para cual, pero no podemos dejar de recordar aquí a un súcubo muy famoso, llamado Lilith en Mesopotamia y jefa de los Lilim del judaísmo, cuyo apellido no es Vestringe.

Es pronto para saber a ciencia cierta los auténticos resultados fatales de tales comercios satánicos libidinosos pero no cabe esperar cosa buena de ellos.

Algún optimista argüirá que no hay que preocuparse, que fray Casado los va a exorcizar mediante uno de sus estupefacientes sermones quincenales tan del gusto de sus beatas adictas. Vade retro. Yo sugeriría a tan casto, prudentísimo y seráfico varón que mejor  y más práctico a la fuerza ahorcan. Es decir, que rocíe a Satanás con el hisopo lleno de agua bendita. Y si acaso la cosa falla que le dé fuerte con el hisopo en la mollera. El santo templo de la deshabitada soberanía nacional se convertirá en un ajetreo desquiciado de demonios y diablas en busca de mejor huésped.

“Doncellas son que se vinieron al infierno con las doncelleces fiambres, y por casa rara se guardan… No acabara yo de contar lo que viera en el camerín si lo hubiera de decir todo. Salíme fuera y quedé como espantado, repitiendo conmigo estas cosas. Sólo pido a quienes las leyere las lea de suerte que el crédito que les diere le sea provechoso para no experimentar ni ver estos lugares.  Certificando al lector que no pretendo en ello ningún escándalo ni reprehensión sino de los vicios; pues decir de los que están en los infiernos no puede tocar a los buenos. “

Amén.

 

 

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