Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Querencia despótica

Si obviamos lo terrible y descomunal de la destrucción que estamos padeciendo, tantas vidas sacrificadas gracias al Gobierno comunista de Su Católica Majestad y el resto de instituciones cómplices de sus acciones, la verdad es que espectáculo, lo que se dice espectáculo, no nos falta. Uno muy instructivo al que estamos asistiendo desde que el 14 M día en el que el falsario y su horda desalmada se dignaron reconocer la existencia del confinavirus es el de cambio de disfraces, caída de máscaras y aprendizaje de nuevos papeles en esta tan poco divina comedia, más bien degradada colmena de Cela. Así, por ejemplo, el triste papelón del aún Jefe del Estado reducido a comparsa consentidora de la destrucción del Orden Constitucional amenazado por Su Gobierno y otras instituciones que, por cierto, todos han jurado defender. O la reciente y pasmosa última pirueta de la intrépida niña Inés protegiendo las maniobras liberticidas del falsario. Un hito que quedará en los anales de la traición y de la infamia. O las carencias y complicidades en la práctica del inútil supuesto jefe de la supuesta oposición que no se atreve a oponerse a nada. Sólo VOX parece hacer algo junto a parte de la gente común en renovado dos de mayo contra del despotismo.

Mientras, a río revuelto, filantrópicos prohombres aprovechan la desgracia mortal para enriquecerse con escandalosos desfalcos y chanchullos. Por no hablar del misterioso experto desconocido al que habrá que dedicar un monumento con su llama y todo, cuando admitan que ya ha  pasado el mayor peligro y el Gobierno comunista se digne dar larga al ganao, es decir, a nosotros antes pueblo soberano.

Todo es tan raro, la demostrada y reiterativa incompetencia para el Bien común es tan escandalosa, que si se tratase de buscar alguna razón a lo que acontece sólo nos quedaría la hipótesis de la conspiración propia o ajena para destruir la convivencia, arruinar la economía y posibilitar un golpe de Estado liberticida.

Pero por si acaso el golpe no se consolidase y regresara el marchito Orden Constitucional renombrados funcionarios del partido revisan o esconden pruebas inculpatorias en prácticas semejantes al Ministerio de la Verdad de Orwell. La Mentira enmucetada campa impune a sus anchas por el Reino de España.

Mientras tanto, otros más muestran su antes disimulada querencia despótica. ¿Quién hubiera pensado que todo un magistrado togado cuando le ponen al mando de los corchetes y guindillas se transformara en émulo de Ernst Rhom? Convirtiendo a conciudadanos blancos, heteros, honrados y de buenas costumbres en los nuevos judíos a perseguir en vidas, libertades y haciendas. Y probando cargarse el prestigio democrático de nuestras Fuerzas de Orden Público en lo que parecería un intento de convertirlas en una lamentable parodia de las siniestras Fuerzas de Asalto, o camisas pardas de las S A al servicio no de Alemania sino del Partido. Los escándalos del general espía o de los agentes represores de la bandera nacional española, parecen sacados de un relato de mala política ficción. Los tiros, a la barriga dicen que ordenó Azaña a sus republicanas Guardias de Asalto cuando el triste suceso de Casas Viejas. Confiemos en que al final no se desarrolle la tentación de crear una policía de Partido al servicio particular del Gobierno con motivo de la nueva normalidad.

Cabe recordar hoy de nuevo las aventuras de Platón en Siracusa cuando trataba de ilustrar a gobernantes bienintencionados. Decía en su confesión de la Carta VII: me veo obligado a declarar… que a causa de este estado de cosas la humanidad no podrá salvarse de su miseria si los filósofos no llegan al gobierno o si, con la ayuda de Dios, los gobiernos no se inician en la filosofía”.

Inasequible a cualquier Amor a la Verdad o al logro del Bien Común, el falsario, solo o en compañía de otros, rodeado de impostados sabios oficiales con uniforme, plagiario de otros déspotas o dictadores, explica extraños teoremas especulativos en sus teles rojas.

Es triste tener que reconocerlo en pleno siglo XXI. Platón diría hoy que en España no hay Gobierno, sólo déspotas. No hay filósofos, solo expertos mercenarios desconocidos.

Con las instituciones supuestamente democráticas bajo el dominio de déspotas y falsarios, al pueblo soberano sólo le queda la impotencia de la cacerolada.

 

 

 

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