Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Hojas caídas, sombras recobradas

Hoy, 17 de mayo, se celebra en Galicia el Día de las Letras gallegas.  Para homenajearlo como merece, reproduzco aquí sendos artículos remitidos dentro del marco de mi antigua colaboración con La Voz de Galicia que entonces fueron desatendidos.

El día de los números gallegos (15 de mayo 2004)

Igual que se celebra el día de las letras gallegas también habría que celebrar otro dedicado a los números gallegos, que viene a ser la otra cara de la cosa. Ya se sabe que Pitágoras sostenía que el universo es un conjunto ordenado de números e ideas.

«Bótase moito» de menos tal celebración para que el universo de este «curruncho» peninsular no quede cojo de una pata. Un ejemplo: la “Tesourería” de la “Deputación” de Pontevedra ofrece un modelo de “taxas” por autorización de obras. Pero luego, los diversos campos que tienen que ver con los «cartos», (plata, money, pelas, parné, etcétera) figuran en clarísimo español por si las moscas (o flies). Gran parte de las Letras gallegas se basan en la existencia de los correspondientes números. Los voluntariamente gallegos parlantes disminuyen en el común de la sociedad gallega. Muchos niños, no importa la procedencia geográfica de sus padres o si están o no de paso en esta Comunidad, a los que se les obliga a estudiarlo, lo detestan. Probablemente era mucho más querido en la época en que no era obligatorio o se le ninguneaba oficialmente.

El uso del gallego, a diferencia del pasado que constituía una habla genuinamente popular, crecientemente se está consolidando como una suerte de impostura en ciertos casos: políticos de la Xunta o de la oposición cuando hablan en público, escritos oficiales, (que a veces pudieran vulnerar los derechos constitucionales de los administrados), o caza subvenciones culturales. Se avecina otra ofensiva autonomista para hacer hincapié sobre los factores que dividen a los españoles, pero es preciso no olvidar que con la imposición del uso del gallego pasa lo que con ciertas muestras y exposiciones en Silleda. Serían insostenibles si se dejaran de regar con abundante dinero público. Deben ser «sin dubida» las limitaciones del galleguismo. Una cosa son las concesiones a la retórica y otra muy distinta las cosas de comer. Como la vida misma.

 

El 15 de julio de 2005 remitía este otro texto con el título de El Instituto Rosalía

Según parece el programa de gobierno de la nueva Xunta prevé la creación de una especie de Instituto Cervantes dedicada al fomento del gallego por todos esos mundos de Dios. La verdad es que resulta tan sorprende como penoso, y ni los españoles ni los hispanófilos entienden salvo por la tradicional incuria y falta de visión en que duermen muchos aspectos estratégicos fundamentales de interés para España, la falta de aprovechamiento y gestión del vital recurso agua o la del más importante recurso exportable no tangible, el español, lengua de cuatrocientos millones de personas.

Pero para que no sirva de despilfarro la creación de más organizaciones alimentadas con los mismos impuestos del sufrido contribuyente y dedicadas quizás a hacerse la competencia quizá lo mejor sea que se dispongan, donde fuera oportuno y razonable, secciones para las lenguas regionales dentro del mismo Instituto Cervantes. Los ahorros burocráticos y de representación política así logrados permitirían dedicarse a lo verdaderamente importante: su objeto institucional, la promoción de la lengua y la cultura más que la propaganda política o la colocación de afines.

No obstante, cabe hacer un comentario sobre el nombre a dar a tal institución. Es difícil elegir uno entre los grandes escritores gallegos Valle, Cela, Torrente, Fernández Flórez, Cunqueiro, Madariaga, Pardo de Andrade, etcétera.  Rosalía fue una mujer sensible y excelente poeta pero su pensamiento no debería ser tergiversado. En junio de 1881 escribía a Murguía: «me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego…ni por tres, ni por seis ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto…”.

Rosalía quedó más que harta del sectarismo fanático de los regionalistas de su época y de la manipulación que con fines políticos quería hacerse de su persona y su obra.

 

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