Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Las diabólicas

Era el título de una antigua película francesa de suspense y género negro, de trama compleja con saltos más o menos verosímiles. De alguaciles, alguacilados, y todo un lío puesto al servicio del engaño, la codicia y la ambición. Del asesinato que no fue, para tapar el que es. Algo parecido a lo que hoy acontece con este gobierno arrebatacapas dispuesto a destruir España para mantenerse en el poder.

Las diabólicas bien pudieran llamarse al grupo de agentes de propagación del confinavirus, un arma creación de mentes malignas, diabólicas, con Marlaska a la cabeza de la manifestación del chocho M. Y muy especialmente puede reservarse tal nombre a las miembras de la horda ministerial.

Si no fuese por su condición de matriarca diabólica y por la cantidad de muertes sobre su conciencia, la visión, bien arrebujada en su escaño, de la viejecita decrépita de la antes hembrista dicharachera catedrática portabocazas movería a lástima. Tan chula que era y tuvo que prescindir de su demagogia al ingresar en una antes denostada clínica privada para evitar irse para el otro barrio como cualquiera de sus más infortunados votantes dejados morir sin tratamiento clínico. Pero no se entiende bien, ni siquiera para pasto de marujas, tal exhibicionismo de la enfermedad y sus estragos cuando se ha estado ocultando la terrible visión de la muerte de tantos compatriotas.  Sin embargo, ojalá salga de esta y lo sucedido le permita evolucionar.

La nómina de diabólicas es muy nutrida y además creciente como acabamos de comprobar. Se acaba de arrimar a ella una tal doña Inés, de engañosa cara angelical como el bello Lucifer, dispuesta a la traición a las primeras de cambio.  Y en ella ya estaban por méritos muchas más. La meiga galleguista echadora de maleficios, sortilegios y amarres para la mejor destrucción del entramado empresarial español. La no menos siniestra andaluza amenazante con el trabuco de Hacienda cargado a la lupara. La muy ecológica ricachona vasca del viento del Este, viento del Oeste. Otra ricachona vasca de pura raza vasca del sin par y nunca visto socialismo de Neguri que aprovecha el confinamiento obligatorio para colocar nuevos grilletes de servidumbre a la juventud. O bien la meritísima y virtuosísima antigua hembra alfa del segundo macho alfa. Sin olvidar, en este cuadro de honor del hembrismo diabólico patrio al servicio de la plutocracia globalista internacional, a otra enorme benefactora de la Humanidad, dicen que con buena mano no para salar puercos como doña Dulcinea sino para engañar con sus números mohatreros e inverosímiles a compadres burócratas europeos.

Decía Unamuno que la realidad es paradójica. Para algunas teorías metafísicas tradicionales, el diablo y sus servidores tienen una profunda razón de ser de carácter epistemológico. Nos permiten conocer en el ámbito del mundo de dualidad en que habitamos. Buscar el Bien como oposición al Mal. En la Unidad o mundo del Noúmeno o de la Cosa en Sí, la existencia del Mal sería pura ilusión fenomenológica. La sombra o detritus de la pesada y trabajosa digestión de la Conciencia en su búsqueda del Ser.

En su Epístola a los habitantes de Éfeso, San Pablo ya nos avisaba: “Revestíos de la armadura de Dios para que podáis resistir las tentaciones del diablo.  Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos que andan por los aires.

Sea como fuere, el pacto diabólico español actual no sólo está en los aires, sino que se escribe con letras de sangre o de riguroso negro luto en el BOE.

 

 

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