Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Confinamiento y servidumbre

Mañana se desvelará el misterio de esta comedia de enredo protagonizada por el cabeza visible del Partido Popular.  Parece ser que ahora hace remilgos a conceder al apuesto galán una nueva prórroga en su idilio.  Los que saben o dicen saber de qué va la cosa nos chivatean que son meros susurros a través de la reja, simples mañas de casta doncella para subir el precio del himeneo o por lo menos hacerse de rogar. Otros, los más ingenuos o menos escarmentados, confían en su santo y sabio proceder en bien general del Reino y del partido en particular.

Crece la barba de la dueña Doña Dolorida mientras todos y todas esperan la salvífica llamada del padrino Soros para dar sus instrucciones. Una oferta que nadie, ni menos tan casta doncella, pueda rechazar. Nos han contado lo que aconteció el pasado 7 de abril en nuestra querida Argentina, cuando, minutos antes de conferenciar con los gobernadores y anunciar a la nación el fin del confinamiento, el heroico presidente Alberto Fernández recibió la llamada sorosiana y donde dije digo, digo diego. Fuese y no hubo nada.

El lector mosqueado argüirá que el bizarro Reino de España con su valiente y talentoso rey a la cabeza no es igual que la República Argentina, antes rica exportadora de trigo y carne y ahora de papas pachamamaneros globalistas a mayor gloria del gran arquitecto del NOM e hipócrita denostación de la labor civilizadora y evangelizadora de España en América. Que gran parte de las condiciones impuestas por Soros a la Argentina ya se cumplen aquí: Aborto, hembrismo, educación para la servidumbre, atacar a Trump y a Bolsonaro, promoción de la coalición energética innovadora… Que nuestros políticos, periodistas, jueces y policías son insensibles al chantaje y al soborno. Y seguro que tiene razón, no lo voy a discutir, pero mañana lo veremos.

Centristas amancebados susurran con lengua sibilina que lo más agudo y astuto no es votar en contra de la prórroga sino abstenerse. Seguir votando a favor cuando está en peligro la libertad y la hacienda es una incoherencia fatídica que ya canta demasiado y espanta a cualquier votante por acrítico y alabancioso que fuere. Pero con el no se atrae el cabreo y posibles represalias de las fuerzas globalistas que mueven los hilos del guiñol y, al cabo, mandan en este devastado Reino quebrado por sus élites ¿Favorecer a los monopolios y tiranía globalistas o proteger lo que queda del entramado empresarial español? Con la abstención se queda bien con algunos de los propios. Los más blandengues y acomplejados, mientras de facto se favorece al enemigo.

Pero, me permito sugerir a quien corresponda que la abstención es la peor opción posible. Propia de gente sin lucidez ni criterio, que no sabe qué es mejor. Propia de gente irresoluta o incapaz de liderazgo. O bien de gente cobarde que no se atreve ni a lo uno ni a lo otro y trata de esconderse.

Bueno, como ya dije antes, mañana acabará el suspense. ¿O no?

 

 

 

 

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