Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Grándola vila morena (2020)

Grándola vila morenaTerra de fraternidades. O povo é quem máis ordena. Dentro de ti ó cidade…

A las 0,20 horas de la madrugada del 25 de abril de 1974 suena la famosa canción en la radio que sirve de aviso para el levantamiento militar contra la dictadura portuguesa que entonces mantenía postrada económica, social, política y culturalmente a la nación. Las Fuerzas Armadas toman diferentes centros neurálgicos y al amanecer el golpe se ha consumado de modo irreversible.

La Agencia EFE lo anunciaba así:

Flash. Sublevación militar. Lisboa, 25. Esta madrugada se ha registrado en Lisboa una sublevación militar de de extensión y características hasta ahora desconocidas, según informa la agencia ANI. A Partir de las cuatro de la madrugada, la Emisora Radio Club Portugués comenzó a transmitir de quince en quince minutos un comunicado de una organización denominada “Movimiento de las Fuerzas Armadas” que recomienda no se ponga resistencia para evitar así un derramamiento de sangre.

En España el golpe portugués produjo reacciones encontradas. Gran inquietud en el Régimen y cierta esperanzada alegría en la oposición y la parte de la población que deseaba cambios políticos. Militares famosos de la época como Diez Alegría se convirtieron para algunos en potenciales émulos españoles del general Antonio de Spínola. Un general aristocrático y elitista, con monóculo como los prusianos, pero crítico con la dictadura que luego daría un contragolpe fracasado a finales de ese mismo año 1974.

El 20 de diciembre anterior había sido asesinado, en un estratégico magnicidio no aclarado, el presidente Carrero. Justo el día después de entrevistarse con el siniestro Kissinger y oficiales de la CIA, en una reunión sin acuerdos que resultaría fatalmente trágica para nuestro presidente del Gobierno. La situación política española era muy delicada, con EEUU y Marruecos hostigando con el Sáhara y se pensaba que podía pasar cualquier cosa. Yo recuerdo que ese otoño de 1974, pocos meses de la vecina Revolución de los claveles, debía iniciar mi primer campamento de milicias universitarias. La situación española era de gran incertidumbre o al menos así lo considerábamos entonces muchos jóvenes de la época. Sin embargo, el Régimen resistió hasta la muerte del general Franco.

Resulta interesante comprender el verdadero papel de EEUU y de la OTAN en el golpe portugués. Un golpe a la forma clásica, no como el posmoderno perpetrado ahora en el Reino de España. El antiguo imperio portugués fue demolido. La decrépita dictadura fue sustituida por un régimen con votaciones llevadero para el globalismo. La odiada policía política, la PIDE, fue perseguida y algunos de sus miembros que no pudieron huir o esconderse, medio linchados. Los militares más izquierdistas como el almirante Rosa Coutinho o el famoso capitán Otelo Saraiva de Carvalho, autor de la crónica Alvorada em Abril, terminarían destituidos o incluso procesados. También civiles críticos con la deriva pro imperialista norteamericana y reformadores serían eliminados del proceso. Así, el brillante primer ministro Sa Carneiro, que da nombre al aeropuerto de Oporto, sufriría un extraño pero “oportuno” accidente de aviación que le causaría la muerte. Me recuerda el magnicidio del también primer ministro sueco Olor Palme. El testigo José Moreira sería asesinado.

Quizás el golpe del 25 de abril, conocido como la Revolución de los claveles haya sido el último golpe de estado clásico en Europa. Un golpe convencional motivado por el sincero patriotismo de la mayoría de sus agentes. Inspirado en el romántico deseo por parte de algunos de sus promotores de “devolver la Libertad al pueblo”. Recuerdo que dos siniestros caraduras, Sartre y señora, fueron allí de señoritos certificadores comunistas de la Revolución. Luego reacondicionada, revisada y adaptada a los deseos de la OTAN y a ciertas necesidades del NOM.

Sin embargo, pese al internacionalismo mejor o peor entendido de algunas de las fuerzas políticas portuguesas, su propio Partido Comunista ortodoxo, siempre pareció existir un hondo y admirable patriotismo. Un sentido de la soberanía nacional y de la dignidad de Portugal que tanto echamos de menos aquí en España. En casi todas las fuerzas políticas de la Monarquía pero especialmente en las corruptas zurdas españolas.

Hoy, cuarenta y seis años después, este episodio no se suele recordar demasiado aquí, aunque muchos españoles nos alegremos sinceramente de los logros del pueblo hermano portugués. Pero no deja de ser curioso que si durante mucho tiempo buena parte de españoles acostumbraban a mirar por encima del hombro a sus vecinos, hoy, en cierto modo las tornas han cambiado.  Y la sensación es la inversa. El Reino de España atraviesa una grave crisis que mucho nos tememos pueda resultar terminal para la antigua nación española mientras la República portuguesa progresa, aun con sus problemas, y puede mirar con relativa mayor esperanza su futuro. Incluso, ¡Portugal ha conseguido superávit! Y si el actual gobierno español logra consolidarse no es de extrañar que se produzca una desbandada hacia el país hermano.

Las causas de esta diferente evolución histórica entiendo que son variadas. Una de las más importantes consiste en sus respectivos sistemas políticos así como los partidos e instituciones que los soportan, incluidos el sentido de pertenencia nacional y de patriotismo. La Monarquía es un Régimen caro y pernicioso. Sin elegibilidad directa, auténtica representatividad, ni separación de Poderes, lleva el desastre en su seno con el disparatado, oneroso, ineficaz, liberticida y destructor tinglado autonómico. Toda una insufrible fronda de cargos y cargas políticos, ocho veces más por habitante que en Alemania.

Una fronda lamentable que promueve la corrupción y cuya incompetencia criminal se está demostrando trágicamente en estos días con motivo de la epidemia. Si las cifras del coronavirus pudieran ser utilizadas como indicador de eficacia nos encontraríamos que nuestra Monarquía está a la cabeza del desastre mundial.  Según datos oficiales, 22.500 fallecidos en España frente a los 850 de la República portuguesa. Con poblaciones de 47 millones de habitantes en España, poco más de 10 millones en Portugal.

En España disfrutamos de una Monarquía calamitosa, que demuestra una y otra vez que forma parte del problema y no de su solución. Sin patriotismo reconocible a la hora de la conducta, resulta cooperadora necesaria por acción u omisión con las fuerzas subversivas contra la Nación. Las instituciones no funcionan y la propia Corona, tampoco. En la práctica, por ineptitud o por complicidad, su verdadero principal papel actual es el de narcotizar a los españoles patriotas que aún creen que va a oponerse a la disolución de la Nación y los derechos civiles. Ojalá me equivoqué pero, visto lo visto, sinceramente no creo que lo vaya a hacer. Mientras tanto el golpe desde las propias instituciones del Régimen va progresando sin aparente oposición alguna.

Otra diferencia muy notable, desde luego, se encuentra en las izquierdas respectivas. La portuguesa en el gobierno ha conseguido superávit sin recurrir a políticas de recorte social. La clave se encuentra sobre todo en el aumento de la recaudación por la mejora de la economía, no axfisiada como aquí por la falta de libertad provocada por el exceso de reglamentación y caos normativo autonómico. Sin embargo, las repugnantes zurdas españolas como las calificaba Antonio Machado carecen de patriotismo y sentido nacional. A su permanente corrupción agravada por el reglamentismo y la falta de libertad económica le unen el ser vehículo de los abusos e injusticias de las reaccionarias extremas derechas golpistas catalanas y vascas con las que se solidarizan y colaboran por ser enemigas de España. Algo increíble pero cierto. Y por mantener y agravar déficit crecientes, engordando la gusanera de la Deuda. Y con ella, el tener que dedicar parte sustancial del presupuesto al pago de intereses. Recursos que son sustraídos a la satisfacción de necesidades. Sin olvidar las temibles consecuencias de servidumbre y pérdida de soberanía. Unas zurdas prostituidas y enfangadas en la demagogia que en realidad trabajan para los prestamistas y usureros internacionales.

Desde luego, por supuesto, otra diferencia fundamental es que el pueblo portugués tuvo la inteligencia de rechazar el sistema  autonómico que le ofrecía, para su desgracia, lo más degradado de su casta política. Esto permite una cierta unidad de criterio, la contención del gasto, así como evitar que el propio Estado financie la subversión contra la Nación como ocurre en el Reino de España.

Mis mejores deseos en este aniversario para Portugal, que parece va a pasar a ser nuestro modelo de futuro. Portugal e o futuro, era el famoso libro del general Spinola. Parafraseándole, hoy podríamos decir nosotros, ¿nuestro futuro es Portugal? Quién sabe si pronto va a empezar hacia allí la desbandada.

 

 

 

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