Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El general sí tiene quien le escriba

El duque de Ahumada se ha debido revolver en su tumba. No es para menos. El bizarro general actual Jefe de Estado Mayor de la Guardia civil, José Manuel Santiago, ascendido y puesto en un lugar tan importante por la mismísima Margarita Robles, que además es juez aunque nadie lo diría, se ha ido de la lengua acerca de a lo que se dedica ahora la antigua Benemérita Institución bajo sus órdenes: “Estamos trabajando para minimizar el clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno”.

Una vulneración de los derechos civiles de los españoles por parte de quienes tienen por misión defenderles. Otro escándalo mayúsculo. Otra muestra más del golpe de Estado en curso que progresa adecuadamente ante el pasmo y la inacción del Jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas y de la pusilánime oposición que no se opone.

Una confesión espeluznante, que pone los pelos de punta, como ya lo es desde el punto de vista simbólico el que personas de uniforme escolten a la horda gubernamental en la escenificación de su mascarada cotidiana, haciéndose cómplices aparentes de sus acciones y despropósitos. Jefes militares, policías, guardias civiles al capricho arbitrario de este gobierno inmoral y del golpe de estado están convirtiendo el antiguo respeto y admiración de la población por sus fuerzas de seguridad en horror y miedo. Gentes que desde sus despachos muelles envían a sus subordinados a luchar sin armas contra la enfermedad. Y que son cabezas visibles del nuevo estado policial que están implantando.

Órdenes delictivas o manifiestamente ilegales no se deben ni pueden cumplir. No hay obediencia debida en tales casos. Nuestras fuerzas de Defensa o de Orden Público no pueden convertirse en mercenarios al servicio de un gobierno liberticida que vulnera la legalidad constitucional. No se pueden usar las unidades de lucha antiterrorista contra los patriotas.

Para intentar parar el escándalo producido por la confesión de su torpe subordinado tanto la Robles como el Marlaska han salido a desmentirle. Con escaso éxito porque ambos carecen de honor o de crédito. Forman parte del infame gobierno del falsario.  Y, en consecuencia, también son responsables de la matanza y del desastre económico y social que ha provocado.

In illo tempore, otro general De Santiago, entonces ministro, tuvo la gallardía moral no ya de desobedecer órdenes ilegales, por supuesto, sino de dimitir por una decisión que iba contra sus convicciones: La legalización del PCE por su jefe el presidente Adolfo Suárez.

Más allá de que se compartan o no sus opiniones eran gentes con sentido del honor y de respeto a sus propios juramentos. Nada que ver con lo que hoy prospera en el Reino comunista de España.

 

 

 

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