Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Dante, pórticos y peregrinaciones

«… Amor que en la mente me razona…»

En los Hechos de los Apóstoles, XII, 1-2, se refiere que «Y en el mismo tiempo el rey Herodes envió tropas para maltratar a algunos de la Iglesia. Y mató a cuchillo a Santiago hermano de Juan.» La leyenda jacobea cuenta que el cuerpo fue sustraído por sus discípulos, lo depositaron en una barca y lo dejaron al albur de los vientos. En su insólita singladura desde Palestina, la barca portando las reliquias terminaría recalando cerca de Finisterre. Me recuerda Lohengrin, la más sublime expresión del mito de Psiquis una cuestión básica de la Filosofía, también con su barca tirada por dos cisnes a través del Escalda, que acude al rescate del honor de la Dama. El cuerpo fue enterrado y el sepulcro permaneció ignorado hasta que fuera descubierto por el obispo Teodomiro en el año 835.

El oportuno hallazgo del sepulcro del apóstol estuvo ligado a un planteamiento político de refuerzo de la moral de una agobiada Cristiandad ante las incursiones agarenas. Frente a la yihad islámica patrocinada por el poderoso califato de Córdoba, el orbe cristiano ha de defenderse con armas parecidas. El mito de Santiago resulta providencial. Así, Santiago y San Millán, como sus antecesores paganos los dioscuros Cástor y Pólux, que ayudaron montados en sendos caballos blancos a sus fieles romanos en la batalla de “Rhegilla”, aparecían milagrosa y oportunamente cuando su concurso era necesario para colaborar con la Cristiandad en su defensa contra la guerra santa del Islam.

Además, si el Islam tenía su centro sagrado de peregrinación, la Meca con su piedra cúbica, convenía buscar otro lugar de peregrinación en tierras relativamente más seguras, simbólicamente en relación con la gnosis y las antiguas religiones mistéricas solares, iniciadas en Egipto, en el lugar donde el sol se pierde en el horizonte cada tarde, al otro lado del Nilo, en el valle de los muertos, o en el finisterre de la civilización. Oeste simbolizado, dentro de la jerarquización del espacio arquitectónico sagrado, por las llamadas Puertas del Perdón, situadas en el lado opuesto al nacimiento del logos solar donde se sitúa el altar mayor, y donde este arte de peregrinación se esmera con uno de sus elementos diferenciadores: sus hermosos pórticos.

La peregrinación a Compostela posee una dimensión simbólica muy profunda relacionada con la renovación del logos solar y el camino de las estrellas. Tras la caída del Temple El Dante habla del camino de estrellas o Vía Láctea en su Commedia. Paraíso. Canto XIV, versos 97-99:

«de estrellas pequeñísimas e ingentes

salpicada, blanquea entre los polos

del mundo, y dudar hacer a los sapientes,»  

Y en El Convite, II, 15,: «… la Galaxia, o sea aquel blanco círculo que el vulgo llama la via di santo Jacopo. 

Y otra vez en su Commedia. Paraíso Canto XXV, versos 16-18.

«Y mi madona, llena de leticia,

me dijo : «Mira,  ira, he ahí el Caudillo 

por quien allá visitan a Galicia.» 

Dante termina cada uno de las Partes o Cánticas de su Commedia con la misma palabra: estrellas.

En su Vita Nuova la concepción hilozoísta del ocaso del logos, el camino de las estrellas y el simbolismo de la peregrinación en busca del centro se relaciona con la desaparecida amada Beatriz. Dante lo explica con fervor en el soneto XXIV:

“Deh peregrini che pensosi andate

¡Ah, peregrinos que marcháis pensosos

quizás por cosa que no está presente!

¿habéis venido de lejana gente,

como a los ojos descubrís curiosos

que no os veo con rostros lacrimosos

atravesar esta ciudad doliente

cual si ignoraseis la desgracia ingente

que motiva sus días luctuosos?

Si queréis escucharla, deteneos:

El corazón me afirma, entre suspiros,

Que no saldréis de aquí sin afligiros

La ciudad ha perdido a su Beatrice:

Y todo cuanto de ella el hombre dice

De llanto infunde, a los demás, deseos”    

En Santiago, los cofrades del Gremio de azabacheros, cuyo momento de mayor esplendor se encuentra durante la primera mitad del siglo XVI, basando su iconología en el arte románico. La decadencia de la industria azabachera compostelana comienza a finales del siglo XVI y se agrava a principios del XVII a causa de la crisis de peregrinaciones. Es muy curiosa la evolución de las formas de los azabaches peregrinos. Los más antiguos que pueden encontrarse en varios museos europeos suelen representar al Apóstol descubierto y descalzo. Después aparece con luengas barbas, bordón y sombrero de ala ancha, rara vez sedente. Pero una de las lacras habituales de la materialización de la espiritualidad es la granjería y el abuso de la gente. En 1590, Felipe II publicó una Real Cédula prohibiendo el uso del traje de peregrino, que tantas tropelías había llegado a amparar, y limitando los derechos de los peregrinos extranjeros. Surge así desde el siglo XVII la hegemonía de la forma ecuestre del Santiago Matamoros, hoy tan poco políticamente correcta.

El románico de la peregrinación

Pese a la importancia universal del genial templo compostelano desde las antiguas peregrinaciones medievales o las modernas grandes celebraciones del año jacobeo, no se deberían postergar otras obras del arte que se ha venido llamar románico. Así por ejemplo el olvido relativo de sedes catedralicias de singular mérito como Orense o Tuy. Sin olvidar el de parte de nuestro patrimonio arquitectónico y artístico, quizás modesto en lo material, pero casi siempre grande por su sabiduría sagrada, situado a veces en enclaves mágicos, de singular fuerza telúrica, lejanos de los más importantes centros de población actuales. Son templos románicos más modestos, para los que no se suelen disponer habitualmente suficientes recursos de conservación y que debemos evitar que les sean víctimas de la incuria como le ocurrió al de Carboeiro. Sirvan estas breves como una invitación al amigo lector para que busque todos estos hermosos tesoros por Galicia y los haga suyos en el conocimiento y el corazón.

El caso gallego es singular dentro del románico, y destaca por una de las joyas arquitectónicas de la humanidad como es la iglesia de Compostela, iniciada en tiempos del gran abad benedictino Hugo de Semur, y que se convertiría en el patrón o canon de toda una arquitectura posterior conocida como “de peregrinación”. Extraordinariamente original y revolucionaria en sus orígenes, pero que provocaría, paradójicamente quizás debido a su misma grandeza, el posterior adocenamiento de la arquitectura sagrada gallega. Así, por lo que se refiere a los Pórticos, el de la Gloria compostelano ejerció una gran influencia a través de todo el occidente de España. En el de Orense, llamado El Paraíso, de mediados del XIII, la copia es casi literal, en san Martín de Noya, ya en 1434, sigue observándose su notable influencia.  Sin embargo el de Tuy representa una transición del arquetipo compostelano al gótico con una doble imagen en su tímpano: de la adoración de los pastores y de los Reyes magos.

El arte románico gallego manifiesta múltiples significados e ilustra la evolución de la propia conciencia de sí del Cristianismo en Occidente, con su inmensa labor civilizadora al servicio de la satisfacción de necesidades espirituales, estéticas, políticas, económicas y sociales.

En la democrática Castilla originaria, la peculiar ordenación política de su territorio, (con un aparato estatal menos potente o incluso en precario, fueros de libre albedrío, etcétera) no favorece la uniformidad de sus manifestaciones arquitectónicas. Pero en León y Galicia, la antigua monarquía leonesa instituye un marco global, de desarrollo de poder que no descuida ninguna de sus vertientes y del que la organización de la peregrinación a Santiago constituye uno de sus instrumentos más importantes. Y a ella se asocia un canon artístico relativamente homogéneo. Sus influencias cabe relacionarlas con la casa de Borgoña, la reforma monástica de Cluny, y los criterios esotéricos trasmitidos por los masones operativos, que introducen un cripto lenguaje simbólico ligado a la antigua gnosis recuperada en Siria y Palestina por las Órdenes del Temple u Hospitalarios o de san Juan de Jerusalén,

El desarrollo del arte románico gallego además del apoyo real tiene un gran componente político cosmopolita ligado a la influencia borgoñona y al papel organizador de la peregrinación de Cluny y los obispos de origen francés a ella ligados como el famoso Bernardo o Gelmirez. Si el aspecto político es indudable, también se dota de un  programa estético y educativo basado en la imagen y en la iconología. Programa que no siempre es ortodoxo, pues muestra un lenguaje con su peculiar sintaxis geométrica, su pragmática en relación con los intereses más o menos declarados o declarables de los que lo emplean y con una semántica de varios sentidos o equívoca que el observador puede interpretar de acuerdo con su propia experiencia, en ocasiones de visiones tomadas del Inconsciente. Se desarrolla así, en efecto, todo un lenguaje visual en piedra, especialmente en los diferentes pórticos de las iglesias del arte de peregrinación. Era una época especialmente tumultuosa pero con una evidente voluntad de ser manifestada en el arte.

Sus precedentes se encuentran en el primer san Isidoro de León consagrado en 1063, cuyo pórtico se conserva y muestra una forma ya diferente de entender el arte sagrado, no sólo en lo litúrgico con la supresión por esta dominación francesa del rito hispánico o mozárabe, sino también en lo arquitectónico y en lo escultórico. Aparece ya en uno de los capiteles el motivo de claras resonancias iniciáticas de la resurrección de Lázaro, como luego a lo largo de las décadas sucesivas se muestran en los templos románicos extrañas tumbas abiertas, ritualísticas, orientadas al nacimiento del sol. Como el peregrino en su búsqueda ingresa en el cuerpo místico de Cristo desde poniente, desde el ocaso hasta el alba.

Sobre el simbolismo de la puerta

Como ya habíamos adelantado, el pórtico, y especialmente el de Poniente, posee un importante simbolismo: Representa el umbral de acceso a lo sagrado en el espacio y el tiempo, al que está asociado un rito de paso o iniciación. A él se asocian ciertos Guardianes del umbral tales como leones.

Es una Puerta abierta en el cielo como dice San Juan en el Apocalipsis, o de la caverna, donde nacen los héroes solares. En su tímpano suele aparecer una figura sagrada central: bien el cordero místico con la cruz, es decir el símbolo primitivo del Cristo y del fuego, del cristianismo originario y de las iglesias románicas asociadas a las órdenes iniciáticas o bien el Cristo Pantocrator, Señor del universo de las de peregrinación.

En este caso sobre la almendra o mandorla, semejante a los mandalas orientales aparece el cinco del espíritu en el centro del cuaternario formado con Tetramorfos, tierra, agua, aire, fuego, en forma de evangelistas o de querubines del carro de la merkabá según las visiones de Ezequiel y de san Juan, rodeado en la arquivolta de 24 ancianos o de 12 apóstoles (signos zodiacales), o coros angélicos. Cristo es el eje del mundo, el Verbo representativo de la actividad celeste en el mundo, alrededor del que éste gira.

Otra variante esotérica de ese mismo cinco son las curiosas rosacruces como las existentes en los tímpanos de los pórticos de santo Tomé de Serantes o san Pedro de Dozón.

La rosa es símbolo del Alma que se abre entre la cruz de la Materia.

Dante lo explica así: Paraíso. Canto XXXI

“En forma de alba y esplendente rosa

Me aparecía la legión sagrada…”

En realidad, podría entenderse que la cartografía mística de La Divina Comedia es una búsqueda del Alma, la Dama, Beatriz, a través del Arte poético, Virgilio. Alma que lleva al Paraíso, la rosa esplendente, del que forma parte.

La representación solsticial, los dos Juanes, símbolos de las dos puertas solares de la eclíptica suele aparecer también en los pórticos. Así figura de modo muy notable en el compostelano del Maestro Mateo. Mirando hacia el Sur ambos Juanes, el Evangelista a la izquierda, el Bautista a la derecha, símbolos del solsticio e invierno y verano, respectivamente, soportan la bóveda celeste.

Es muy importante desde el punto de vista de la evolución del pensamiento religioso la figura, propia del Cristianismo originario, del cordero en la cruz, sustituida mucho más tarde por el hombre.  A veces también se sustituye por criptogramas como el crismón y la cruz patada, también símbolos del fuego. Así en Santiago en La Coruña, san Juan de Caaveiro, san Miguel de Eiré, santa María de Cambre.

La cruz paté se muestra en la de portada románica del XII  de Samos en el ángulo NE del claustro de las Nereidas.

Anexos:

Más información sobre la iglesia de Santiago en la ciudad vieja de La Coruña, sus relaciones con tradiciones heterodoxas, y sobre la preciosa iglesia de santa María de Cambre pinchando en los respectivos nombres resaltados en granate.

Sobre el simbolismo del Pórtico de la Gloria puede verse este texto o también este otro publicado en ABC.

Nota:

Una primera versión primitiva y fragmentaria de este texto se publicó en el suplemento Culturas, de La Voz de Galicia en el año 2004

 

 

 

                                                                                 

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