Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

The Crown TV

Encerrado en casa hay tiempo para todo. Por recomendación de una querida amiga estoy viendo la serie The Crown.  Para el que no la conozca como era mi caso hace unos días, se trata de una famosa serie de TV cuya realización y ambientación son excelentes y sus guiones e interpretaciones muy notables. Dedicada a la Casa real inglesa en la “intimidad”. Describe sin acritud la extraña vida de unos personajes con graves psicopatías, encerrados en hermosas pero tremendas jaulas de oro y brillantes. Adulados por una “servidumbre” alabanciosa que atiende hasta los más absurdos y humillantes caprichos o sindioses. Con especial hincapié, desde luego, en la figura de la reina Isabel II que es la señora ama de sus vidas y haciendas.

Para mayor credibilidad del relato se han buscado actores con cierto parecido a los personajes representados. Sin embargo, en una segunda remesa de la serie los principales han sido sustituidos para acomodarse al paso del tiempo. En el caso de la reina Isabel II entiendo que se han pasado porque la segunda actriz representa muchos más años de los que le corresponderían en la época relatada.

Resulta muy interesante el repaso de sucesivos acontecimientos históricos que van testimoniando la progresiva decadencia británica, contexto en el que se desarrolla la visión de los personajes y personajillos de Palacio. Pero acaso lo más interesante sea la descripción psicológica de los personajes. ¿El medio monárquico les ha convertido en psicópatas o es un linaje de psicópatas el que ha hecho el medio?

Una cosa que llama especialmente la atención es la frialdad patológica de los protagonistas. Gentes sin emociones. Sin empatía.  Que parecen odiarse unos a otros, o al menos que se muestran incapaces de mostrar amor. Una patológica represión de los sentimientos. Y la transmisión del dolor y del sufrimiento de una generación a otra.

Curiosamente hace unos días hablaba de una antigua teoría sobre las tres clases de cerebros humanos: sistema R, límbico y cortical.

El sistema R o reptil, o reptiliano es el más primitivo, tiene que ver con los instintos más primarios tales como la supervivencia o la violencia. Es ajeno a las emociones, esfera del límbico o del pensamiento abstracto, propio del cortical.

Dentro de esta teoría se suele afirmar que los linajes reales, extendido por vía bastarda o de segundones al de algunas grandes corporaciones y empresas, mantienen en mayor medida que en la población común la influencia del tóxico cerebro reptil. Y que su peligrosidad social deviene de subordinar el pensamiento racional, el símbólico y el abstracto a sus propios intereses e instintos reptilianos. En la serie se puede observar como la monarquía sublima como deber nacional lo que más bien es un instinto reptiliano de su propia supervivencia al coste que sea.

Si lo contado es cierto, he de confesar que mi opinión sobre el eterno heredero, el príncipe Carlos, «El Orejas«, ha mejorado mucho. Comprendo que es muy difícil sobreponerse no ya solo a haber nacido en una familia carente de amor y empatía sino también a la serie de sevicias y maltratos que tan cruelmente le han inflingido sus propios padres.

Pese al lujo y oropel, al disfrute de palacios, cacerías y de ciertos caprichos más bien propios de frívolos, cínicos, inmaduros o esclavos, observamos una colección de personajes infelices, a los que se les ha extirpado, si es que su genética no venía ya así,  la capacidad de amar, de sentir empatia, algo de respeto a sus víctimas. Los súbditos de Su (poco) Graciosa Majestad. Más propiamente llamada la reina reptil.

Por otra parte, es una pena que nadie se atreva a meter el diente a nuestros propios insanos palacios y sus psicópatas habitantes. Sería muy educativo observar a los nuestros en plena faena.  Aquí me temo que ni siquiera cabría la excusa o pretexto del patriotismo.

 

 

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