Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La Izquierda no celebra ni reconoce al padre

Ayer hablaba de Arte y de Cultura, de padres e hijos. El Rey Lear, el clan Ichimonji, Los Borbones, son clanes o dinastías reales o de ficción en las que las relaciones entre padres e hijos eran lamentables, incluso manchadas de sangre. Y es que algunos tienen padres (y madres) de los que no cabría sentirse muy orgullosos.

No deja de ser motivo de reflexión que se promocionen hasta la vergüenza ajena y poniendo en peligro de muerte a la gente las orgías pro víricas de machorras psicópatas pero se olvide la esencial figura del padre excepto para denigrarle. Una figura de protección, de orden, que es fundamental en la formación psicológica tanto de unos como de otras. El animus que diría Jung destinado a unirse con el ánima en el proceso de evolución espiritual o de individuación psicológica. De maduración como ser libre y adulto. En cierto modo algo similar a lo que sostenía Platón en El Banquete. Un arquetipo odiado por los agentes malvados o inconscientes que combaten lo que llaman sociedad heteropatriarcal, sin olvidar la introducción y financiación de todas esas matracas posmodernas del neomarxismo cultural que hace estragos por estos pagos gracias a la promoción y la ayuda de las repugnantes mercenarias zurdas españolas.

Pero ¿es que nuestros zurdos acaso no tienen padre? Tenerlo, seguro que habrán de tenerlo por razones biológicas, pero ¿no lo conocen?

Y es que uno de los objetivos de la repugnante mercenaria zurda actual es la destrucción de la familia, lo que no empece el ejercicio del más descarado nepotismo entre sus adictos. Una contradicción. Sin ir más lejos y no aburrir, los mascarones de proa del actual proceso revolucionario, tanto Sánchez como Iglesias, colocan a sus mujeres en puestos de lo más alto de la cucaña más allá de sus propios méritos, en una muestra clarificadora de lo que significa el feminismo para estas gentes.

Pero la zurda existente en España, mal llamada española, tiene varios padres ideológicos. Los clásicos. No ya tanto los tradicionales antiautoritarios Bakunin o Proudhon sino la rama totalitaria marxista en sus diferentes variantes sionistas. Los bolqueviques y mencheviques seguidores de déspotas asesinos como Lenin, Stalin, Trotsky o nuestros Largo Caballero, Prieto, Negrín, Líster, La Pasionaria o Carrillo. Ahora reforzada por los Gramsci, Escuela de Frankfurt, Alinsky u otros neomarxistas, sin olvidar a las feroces hembristas posmodernas, nuevas ménades devoradoras de Orfeo. Apolo, la Cultura, es enemigo a destruir. Gentes mercenarias o desavisadas que ponen su énfasis no ya tanto en la clásica lucha de clases sino en la creación de grupos sociales a enfrentar entre sí en el afán de destruir la sociedad tradicional y sus pilares básicos como la familia.

Pero no deja de ser curioso como en el actual proceso revolucionario la izquierda española esconde sus crímenes históricos mediante la censura gracias a leyes inicuas y ya ni siquiera revindica a sus verdaderos padres. El proceso revolucionario hoy se produce mediante mecanismos diferentes del golpe de Estado convencional. Sin presentar su verdadera cara, del mismo modo que un virus infecta y destruye a una célula o a una bacteria. En efecto, el virus se infiltra, trastoca el ADN del huésped y éste engañado fabrica así las proteínas del virus no las suyas, hasta su total destrucción.  En esas estamos, y estaremos, hasta que no logremos reconocer al padre.

 

 

 

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