Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De La Peste a La Misión anglosajona

“Pues sabía lo que la muchedumbre en fiesta ignoraba y puede leerse en los libros, a saber: que el bacilo de la peste no muere ni desaparece nunca, que puede permanecer adormecido durante años en los muebles y la ropa, que aguarda pacientemente en las habitaciones, las cuevas, las maletas, los pañuelos y papeles y que quizá llegue un día en que, para desdicha y enseñanza de los hombres, la peste despierte sus ratas y las envíe a morir a una ciudad alegre.”

(Albert Camus, La Peste)

Hace dos meses, el 13 de enero pasado, rendía un homenaje a Albert Camus y a su gran obra La Peste. Hoy, con motivo de la manifestación de otra peste moderna convertida en pandemia, conviene volver sobre el asunto.

En su obra maestra, La Peste, Camus nos habla de una plaga que amenaza la ciudad alegre y confiada como diría otro premio Nobel, Jacinto Benavente. La ciudad dichosa e inconsciente hasta que se manifiesta el mal latente, oculto a los ojos de la sociedad. Cuando apareció la obra se consideró una alegoría del nazismo, esa peste que infectó cuerpos y almas antes de arrasar Europa. También de otro movimiento totalitario, el comunismo, causante aún de más muertes y desgracias. Pero no es cosa del pasado sino asunto de extraordinaria actualidad, la alegoría profética de un mundo que se nos desmorona desde hace unos años sin que hasta ahora hayamos advertido la profundidad y gravedad de la amenaza. En lo que llevamos de siglo XXI parece que vuelven muchos males que creíamos ya erradicados. Como nos advierte Camus: el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás.

El siglo XXI nos muestra un nuevo proceso radicalmente revolucionario. La emergencia del mal ahora en forma de una nueva especie de comunismo devastador pero sin uniformes, cánticos ni correajes como en los años treinta. Un proceso de disolución del orden social, de la familia, de desestabilización y destrucción de la clase media, víctima de leyes inicuas y de la hipertrofia de lo financiero, transformado en poder absoluto y autónomo, inaccesible en castillo inexpugnable y desligado de lo real. Los nuevos servidores del despotismo y mercenarios del gran capital reniegan de los símbolos patentes de orden y jerarquía. Son agentes de entropía moral, intelectual, económica y social. En el caso de España la situación se agrava con los intentos de descomposición nacional y disgregación en partes independientes y enfrentadas. Sin que se hayan despejado las sospechas sobre cuestiones tan graves como las razones de la falta del preceptivo escrutinio general en las pasadas elecciones, el contenido de los acuerdos del falsario con los golpìstas, o sobre la verosimilitud del Expediente Royuela, la credibilidad institucional entre la gente informada se encuentra bajo mínimos.

Pero la peste se manifiesta y ataca a todos, sin respetar a los inocentes. Mas varían las actitudes de los diferentes personajes ante la peste. Así, el patético y abnegado Tarrou que la combate contra toda esperanza. Entre ellos, me quedo con el heroico y lúcido doctor Rieux, quien «decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar a favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay más cosas en los hombres dignas de admiración que de desprecio

En La Peste Camus, más que como alguien que predice, es decir: pasará esto, hablaba como un profeta: esto va a pasar si no cambiamos tal cosa. En efecto, ciertos profetas nos explican que el futuro de la Humanidad nos amenaza con un modelo mundial global, habitualmente conocido como NOM, parecido al actual chino: capitalista oligárquico, sin libertades, con una pequeña clase dominante con todos los privilegios y el resto de dominados cerca de o en la esclavitud. Una esclavitud terrible e irremisible porque como los prisioneros de la caverna platónica ni siquiera sabrían que existe otra realidad más allá de las sombras que tienen por mundo real. La clase media, base de la sociedad y de la civilización como ahora se entiende, habrá desaparecido. Pero para llegar a esta situación se precisan una serie de pasos. Y desde luego premeditados porque si bien nos advierte Camus: «el bacilo de la peste ni muere ni desaparece jamás», habría que matizar que dicho bacilo puede ser creado, guardado y manipulado y al final soltado para agredir y acabar con la ciudad dichosa, alegre y confiada. Es decir, para obtener objetivos estratégicos inconfesables con métodos criminales.

La Peste fue escrita en 1947, tras los horrores de la Segunda Guerra mundial. Entonces la principal amenaza de la humanidad era el comunismo clásico. Hoy la amenaza es otra forma de despotismo, encubierto o enmascarado en sus primeras etapas,  llamado globlalismo o NOM, uno de cuyos paradójicos instrumentos es el neomarxismo cultural, peligrosa peste que pretende acabar con la civilización occidental.

Desde principios de este siglo algunos autores marginados ya nos advertían de la nueva Peste en ciernes. Una peste no natural sino premeditada, creada e inducida por y desde ciertos poderes ocultos. Sus profecías pueden tomarse como simples especulaciones sin fundamento, desahogo de gentes atormentadas, ensoñaciones de psicópatas, o de intoxicadores mercenarios. Pero que, sin embargo, presentan mayor verosimilitud a la luz de lo que hoy sucede. En febrero de 2010, dentro del Proyecto Camelot, Hill Ryan editaba un curioso vídeo titulado La Misión anglosajona en el que se hacían afirmaciones de gran gravedad, resumen de supuestas filtraciones confidenciales y, como él mismo reconocía, aparentemente fantasiosas e inverosímiles.

En efecto, Ryan se hacía eco en La Misión anglosajona de un supuesto plan de ciertas élites e instituciones para reducir drásticamente la población mundial, a fin de instaurar un nuevo orden, más manejable o controlable, a través de una serie de fases. Estas fases serían:

Un ataque nuclear de Israel contra Irán a la que se le acusaría de poseer armas atómicas, como ya se hizo con Irak.

El consiguiente control militar en Occidente para evitar el pánico inducido.

El empleo de armas biológicas como un virus de gripe genéticamente dirigido contra la población china a la que habría que diezmar. Aunque también tendría graves consecuencias en Occidente.

El comienzo de una guerra mundial generalizada.

Todo ello con el objetivo ya indicado de reducir la población mundial, muy especialmente las razas no blancas anglosajonas.

Según el vídeo de Ryan, los instigadores creen que necesitarían hacerlo pronto. No solo para poder mantener el control de la población mundial de acuerdo con sus intereses sino porque creen que en un futuro no muy lejano se producirá un evento geofísico o astronómico de carácter catastrófico.  Con la radical reducción de la población mundial se prepararía un estado totalitario militarizado controlado por la raza blanca, no por los chinos, que permitiría recuperarse de las terribles consecuencias de estos acontecimientos.

 

Pero, ¿Qué sucede ahora?

Hoy, diez años después, podríamos pensar que ahora también se trataría de impedir la reelección de Trump por lo que su política pretendidamente significa de protección de los Estados nacionales frente a las amenazas globalistas.

Los intentos de los últimos meses de que Israel atacase a Irán so pretexto de sus supuestas armas nucleares han fracasado, de momento. Tampoco provocaciones como las escaramuzas en el Estrecho de Ormuz con ataques de dudosa bandera a petroleros, o el reciente asesinato de un importante general persa han derivado en guerra abierta como pudiera haberse temido.

Sin embargo, lo de la pandemia actual de coronavirus vinculado con China sí que parecería encajar en esta pesadilla anunciada. Veremos pronto la gravedad real de pandemia que hoy ya afecta a países occidentales incluida España, si bien por fortuna con tasas de mortalidad muy reducidas excepto en grupos de riesgo. Aquí se dan circunstancias especialmente favorecedoras para la difusión del mal pese a la existencia de un buen, aunque venido a menos, servicio sanitario. Un gobierno central inepto, chantajeado, fanático y sectario, junto a unas instituciones lamentables como las Autonomías que dificultan el siquiera el conocimiento del avance del proceso y generan barreras para combatirlo, hacen la situación española imprevisible y especialmente peligrosa para la población. En Galicia, donde escribo, me dicen que muchos médicos no disponen de mascarillas, ni menos de protocolos de actuación o información relevante fidedigna, y hasta ahora se encuentran a merced de una burocracia inepta y servil al poder, además del propio virus. Son consecuencia indeseable de la indebida politización de cuestiones eminentemente técnicas que debieran ser tratadas por profesionales y expertos. Aparte de la cuestión sanitaria la economía se ve amenazada. Y las Finanzas están sufriendo una varapalo de escándalo. Hoy, mientras escribo estas líneas, el IBEX 35 cae ¡más de un siete por ciento! Y la Bolsa llevaría perdida desde el principio de la crisis el equivalente a un décimo del PIB. El barril de petróleo baja a los ¡treinta dólares!

En otro desorden de cosas se ha sabido que EEUU va a desplegar unos 20.000 soldados en Europa para participar en el ejercicio militar Defender Europe 20. Una operación en la que participarán decenas de miles de militares y civiles de países de la OTAN con el objetivo de “proteger Europa de cualquier amenaza potencial” pero que puede contribuir a la difusión de la pandemia. O en dar lugar a indeseables situaciones de riesgo de enfrentamiento o escaramuzas militares. En casos anteriores algunos de los simulacros han sido seguidos de atentados reales.

Sea como sea, la crisis del oportuno virus puede blanquear, encubrir o enmascarar otras crisis como la gravísima monetaria financiera internacional y la problemática de lo que se conoce como reseteo. Las economías reales y las Bolsas están sufriendo mucho con la pandemia. Amenaza y Oportunidad. Muchos males estructurales anteriores se podrán achacar al virus. Aquí, en España, los derivados de las actuaciones erradas o inacciones presentes o futuras del actual gobierno comunista golpista. No obstante, a cuenta de la crisis del virus se abren otras posibilidades políticas alternativas de reajustes con nuevas parejas de baile dentro de la casta.

Albert Camus fallecía en un trágico accidente de tráfico el 4 de enero de 1960.

Dicen que en su coche siniestrado se encontró un ejemplar de El hombre y lo divino, obra fundamental de la eximia pensadora española María Zambrano: «la conciencia misma se agranda tras un desengaño del amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos  siempre, no hubiéramos conciencia.»  También Camus, al cabo un humanista, deja al final de su obra un mensaje de esperanza en las posibilidades del hombre.

Es fundamental que ese mensaje sea hoy crítica y comprometidamente renovado. La peste puede y debe servir para agrandar nuestra conciencia.  En la certeza espiritual de que, en la medida que el Hombre sea conciencia y amor, ninguna insidia prevalecerá contra la Humanidad.

Amén.

 

 

 

 

 

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