Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El rey pasmao, el reino indefenso

En las postrimerías de su reinado el gran rey Felipe II encargó a Martín González de Cellorigo que tratase de averiguar las causas de nuestros males de entonces para intentar enfrentarlos y ponerlos remedio. Don Martín se convenció de que “No parece sino que se han convertido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que vivan fuera del orden natural.”  

Estamos otra vez fuera del orden natural. Otro rey Felipe asiste impertérrito, paralizado, encantado, sin reaccionar, no se sabe si por miedo, ineptitud o acaso chantaje, al desmoronamiento del Reino. “Su” Reino encantado por los feroces enemigos de Don Quijote y los sublimes ideales que el gran hidalgo manchego representa. Un encantamiento que no se opone y deja hacer a todo un letal proceso revolucionario que fatalmente habría de desembocar en tiranía. Los cortesanos dicen que no puede hacer nada. La Nación en grave peligro de desaparecer como tal, ¿y el Jefe del Estado no puede hacer nada? Entonces, la pregunta es obvia, ¿para qué sirve el Jefe del Estado? ¿Para lucir bonitos uniformes en desfiles venidos a menos de un Ejército en creciente desguace y desplazado lo más lejos posible de donde se le necesita? Por no hacer, el actual Felipe, a diferencia de su gran antecesor, ni tan siquiera parece atreverse a encargar a un grupo de intelectuales patriotas averiguar las razones de nuestra situación presente.

No hace falta ser un Cellórigo para comprender que una de las principales lecciones de esta grave crisis es que las propias instituciones borbónicas se han venido revelando incapaces de proteger a la sociedad y nación españolas. Incluso es más: arman al enemigo con los impuestos de sus víctimas y promocionan a lo más alto de la cucaña a los peores, en el orden moral, intelectual, técnico o cultural. El problema está ya en una Constitución defectuosa con errores garrafales como el lamentable tinglado autonómico o la falta de separación de Poderes.

Y otra conclusión, de alcance no menor, es que ya no podríamos volver a la situación anterior a la ascensión del falsario al gobierno de Su Majestad. En efecto, se ha roto la colusión de intereses o lucrativa UTE entre socialistas y Borbones según venía operando desde la Transición para otorgarse entre sí, en modo mohatra, respetabilidad e impunidad de sus abusos ante sus respectivos públicos. Hoy los socialistas han levantado la veda de los Borbones, si bien administran su acoso y derribo de acuerdo a su calendario del proceso revolucionario. Algo parecido ocurrió ya durante la Segunda República protagonizando golpes de Estado contra ella y destruyendo sus endebles garantías democráticas.

Un proceso revolucionario instigado y financiado desde el exterior que progresa hasta ahora de forma imparable con la complicidad, como entonces, de los enemigos internos de España y de la Libertad, junto con la inoperancia de quienes debieran combatirlo. Proceso revolucionario del que hoy forma parte no sólo la crisis nacionalista y de integridad territorial, sino la devastación de la Tradición y de la Cultura españolas, la Deuda descontrolada, el psicópata hembrismo fanático, la agresión a la familia, la promoción de la homosexualidad, el favorecimiento de invasiones, la onerosa mohatra climática, el sectarismo y agresión a la libertad de la Ley de Memoria histórica o el nuevo engendro hembrista sobre actividades sexuales…

Un proceso revolucionario y destructor sometido al chantaje permanente de los corruptos aventajados discípulos de Goebbels que amenazan con derribar la mesa de canallesca negociación golpista y con ella al Gobierno de la Monarquía si no se les facilita y financia la secesión.

Como paradoja, y al mismo tiempo corroboración de la inanidad de las instituciones borbónicas, la principal amenaza al progreso de la revolución no proviene de ellas sino de los conflictos internos derivados de los vicios y más bajas pasiones de las fuerzas revolucionarias. Por los conflictos entre bolcheviques y mencheviques, algunos de ellos más por motivos pasionales, viscerales, que meramente ideológicos.

Existe la leve esperanza de que las peleas a garrotazos dialécticos entre los miembros y miembras del Gobierno de Su Majestad pueden derivar a garrotazos de los otros, los físicos, dando quizás al traste con el actual tinglado revolucionario. También en el campo del corrupto golpismo catalán, si bien todos criminalmente compìnchados contra la Nación y los españoles, los conflictos están abiertos entre sus diferentes protagonistas. El fugado, si bien insulta a España y se cachondea impune de sus instituciones, está peleado con su corrupta banda y ésta también con los reaccionarios zurdos del Polifemo presidiario. En Vascongadas, los vascones de pura raza vasca, sector racista meapilas y sector filoetarra, disimulan algo mejor sus desavenencias de detalle para pillar mejor botín de sus víctimas españolas.

A todo esto hay que añadir un extraño cisne negro, la aparición del temido virus dicen que chino, que puede provocar un cataclismo internacional agravado aquí en el Reino por el caos autonómico amén del fanatismo, sectarismo e incompetencia de sus gobernantes. Detrás de esta extraña peste geoestratégica se aventuran muy diferentes hipótesis explicativas, algunas de ellas dentro del criticado campo de la conspiración. Si tal interpretación fuese cierta, la actual pandemia sería un instrumento del NOM, dentro de la guerra geoestratégica mundial entre “Trump” (patriotismo, Estados Nación) y el “Deep State” (Globalismo, neomarxismo cultural al servicio de la plutocracia financiera internacional) para generar caos, destruir relaciones humanas y economías. Provocar una gran recesión, peor que la del 29, de gravísimas consecuencias desestabilizadoras tanto para la economía real como para las sociedades, eliminar el dinero físico en poder de la gente, vaciar los supermercados para crear hambrunas artificiales…  Y desde luego provocar miedo pánico irracional para aumentar los mecanismos de represión y control de la población, e incluso la militarización de la misma.

Si tal interpretación de la pandemia fuese cierta, el actual Reino de España sería un laboratorio excelente, un conejo de Indias perfecto, para estas maniobras criminales.

El rey puede permanecer algún tiempo más en su actual pasmo suicida pero acaso algún día despierte de su encantamiento y en su amargo despertar termine figurando en la Historia de España como el último Borbón pusilánime en cuyo fracasado reinado se destruyó la Nación y fue entregada la sociedad española a la tiranía comunista.

Probablemente no hay para tanto. ¿O sí? El tiempo aclarará todo otorgando o quitando razones.

 

 

 

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