Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La recula

En el arte venatorio de la montería española se suele llamar recula a una técnica o práctica cinegética que consiste en situarse en retaguardia del avance de los perros que baten la mancha, en el límite contrario del teórico de huida de los animales. Las armadas de recula, peligrosas por la posibilidad del fuego cruzado, suelen estar formadas por furtivos, cazadores de fortuna o escopetas negras además de prácticos conocedores del terreno, y su éxito, de haberlo, no se suele medir por el número de ejemplares abatidos sino por la calidad de las piezas que suelen ser los animales veteranos ya resabiados, que rechazan su querencia natural de huida porque barruntan que es allí donde son más fácilmente burlados y abatidos.

Tal como se está poniendo la política española puede que empecemos a ver muchas armadas de recula, en que los estrategas de cada partido, antes que reforzar sus propios puntos fuertes, intenten aumentar las debilidades de sus competidores atacando sus retaguardias. E intentando recoger con tales mañas otra vez a los antiguos votantes burlados que ya no se fían de ellos, y con razón.

El PP parece haber adoptado diferentes estrategias en las dos manchas a batir en abril.

En el cazadero gallego se inclina por soltar todas las rehalas en la misma dirección, aunque tapando astutamente las siglas o marca de la casa. Y fía el éxito de la montería en la docilidad o falta de memoria de las piezas venatorias gallegas. Que si el mal menor, que si los otros aún son más nazionalistas, que si Galicia, lo único importante y demás tópicas gastadas retahílas que aún siguen causando efecto entre desprevenidos, inexpertos o incautos. Piensa que podrá liquidar todas las piezas, empujando los perros en la misma dirección contra las armadas.  Puede que quede encamado algún bicho resabiado y solitario harto de la normalización lingüística y demás marrullerías del régimen, que ya sepa por donde vienen los tiros, y no rompa por donde quieren llevarlo para su perdición. Pero serán pocos ejemplares, aunque buenos trofeos. Y en democracia, cosa de cantidad que no de calidad, lo que cuenta es el número no los valores morales o metafísicos que o bien nunca se tuvieron o bien se sacrificaron por el feliz disfrute del pilla pilla.

En el cazadero vasco la cosa está más complicada e incierta. La cuestión está en no desaparecer. Abandonadas sus gentes por el marianismo sobrecogido el centrismo sobrecogedor ha devenido en chasco. Es preciso recular. Para colmo, no todo el monte es orégano: hay asesinos latentes sueltos emboscados sin atacar mientras la actual complacencia borbónica con sus crímenes les facilite poder y mamandurria. Los amos de la mancha son los hipócritas ventajistas meapilas del PNV, el partido nazionalista del “Dios” sanguinario y racista sabiniano y de las Leyes viejas, injustas y apolilladas. Reforzados cuando es menester en su perenne pía y feliz gobernación tanto por los terroristas anteriores como por el felón y corrompido partido de Pablo Iglesias que traidoramente se ha pasado a la otra orilla del Nervión: El pijo socialismo de Neguri. Para montear en esta procelosa mancha el PP decide hacer un guiño a los antiguos patriotas nostálgicos y quita a soberbios, comodones e inútiles centristas acomplejados para recuperar viejas glorias de cuando fuera un partido con admirables gentes heroicas. Puro instinto de supervivencia y etiquetado de productos. Y es que entiende que su enemigo aquí y ahora es… ¡VOX! Aquí y ahora precisa apañar la recula. Si no con muchas piezas al menos que nadie arrebate los buenos trofeos de mérito. De modo que rescatado de las sombras decimonónicas del pasado, el veterano Iturgaiz, alias el músico, ha sido nombrado jefe de la armada de recula.

Vamos a ver qué puntería demuestran unos y otros.

 

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