Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Feijóo y el nacionalismo popular

¡Santiago ya no es Santiago

que es segundo guasinton!

¡Tié recreo y toa la hostia

de una culta población!

 

Como se esperaba Feijóo ha logrado doblar el por otra parte fláccido brazo de Casado y no habrá coalición con los restos de Ciudadanos en la tierra de las brumas. Sólo habrá feliz himeneo en Vascongadas donde el antiguo heroico partido de María San Gil o Gregorio Ordóñez ahora va dando tumbos gracias a su centrismo amariconado. El PP logra que su hoy semi coaligado Ciudadanos renuncie a su propuesta de supresión del ventajista y abusivo cupo vasco. Cuando se anuncian los clarines del miedo a perder las poltronas se recrudece la polémica sobre la verdadera naturaleza del Partido Popular DE Galicia que no EN Galicia y del propio manda más del mismo, Alberto Núñez Feijóo. En realidad el PP viene a ser una especie de neo CEDA. Confederación Española de Derechas Autónomas. Aunque en algunos lugares tampoco está demasiado claro ni lo de derechas, ni lo de española.  De modo que si puede cada taifa va por libre.

Lo primero que conviene decir es que muchos, o al menos bastantes, españoles que vivimos en regiones nacionalistas que a mayor gloria, fortuna y poderío de sus caciques autóctonos ningunean u hostigan la Cultura española, vemos las citas electorales autonómicas como una amenaza, como una desgracia que vuelve periódicamente como pernicioso virus que siempre retorna contra nuestros derechos civiles, nuestra tranquilidad, salud y hacienda.

El mal, desde luego, está en el calamitoso, oneroso, corrupto mosaico autonómico. Es decir, tiene carácter institucional, estructural. Aunque su gestión pueda hacer que sea simplemente malo, peor o pésimo. Lo mejor que pudiera pasar para el ciudadano y para España es que no hubiera ni parlamentos ni gobiernos regionales, habitual ecosistema de parásitos, desafueros, traiciones, despilfarros, despotismos, incompetencias y corruptelas. Cuanto más materia fermentable, más fermentación. Cuantas más leyes y agentes para aplicarlas, más corrupción. Tácito ya consideraba a “la multiplicidad de las leyes como señal cierta e infalible de un mal gobierno y de un pueblo corrompido”. Si, además de la debilitante diarrea legislativa, en el Parlamento regional está prohibido expresarse en español como es el caso del gallego con el PP, la cosa aún es peor. Todos esos ahorros pudieran y debieran ir a las amenazadas pensiones, la Sanidad, infraestructuras o, por ejemplo, la reforma agraria o la Administración de Justicia, que son las cosas que de verdad importan al ciudadano. No a que la Ley gallega de medio ambiente sea diferente a la del otro lado del fronterizo río Eo. O a que la inmersión lingüística en gallego, al cabo una lengua residual, vulnere derechos civiles, dificulte la posibilidad de conectar con los demás españoles, encontrar empleo en el resto de España o del mundo hispanohablante de quinientos millones de personas. O a que la autonomía sirva para sembrar cizaña en España y dar cobijo a miles de funcionarios y asimilados en una burocracia de crecimiento monstruoso relacionado con la dinámica de la hiper-regulación normativa que se retroalimentan a costa del contribuyente. Cuando los nacionalistas de la PSGA o del Bloque acceden a la poltrona no necesitan cambiar las leyes galleguistas del PP: les basta con aplicarlas sin piedad.

La verdad hay que reconocerla. El PP DE Galicia es un Partido nacionalista más, que aquí hace las veces de CiU o del PNV, que ha cambiado el primitivo España lo único importante del ex ministro Fraga antes de copiar el modelo catalán, por el actual sólo me importa Galicia declarado por su delfín heredero ¿Ni la Libertad, ni la Justicia, ni los derechos civiles, ni la democracia, ni España? ¡Galicia! Toda una escandalosa declaración.

A los que no viven en esta bonita tierra, que pese a su casta política mantiene grandes virtudes, quizás le extrañe esa afirmación de nacionalismo, pero aquí el modelo político establecido por el Partido Popular DE Galicia es el mismo catalán de CiU. Salvo, un importante matiz, que en Galicia hay más gallegos que catalanes. Y, en consecuencia, más sentidiño y mucho menos racismo supremacista en la población, cosa ya no tan clara en la oficialidad apoltronada y enmucetada que vive de los presupuestos, es decir financiada por sus víctimas.

Las viejas declaraciones de uno de los más importantes teóricos del nacionalismo gallego, Vicente Risco, en el sentido que Galicia debe ser independiente puesto que el rubio gallego es de una raza superior que no puede estar dominada por los morenos ibéricos africanos ahora no serían políticamente correctas y ya no se emplean. De modo que el sentido de exclusividad galleguista no es ahora el racismo sino la lengua. Una lengua no la popular de tan bonita musicalidad como la tradicionalmente hablada por el paisanaje en los pueblos y parroquias, sino otra, de laboratorio, transgénica con palabras importadas lusas, para el empleo y gusto de burócratas, insaciables caza subvenciones, lucrados déspotas normalizadores. Usada como instrumento del telón del grelo para evitar en lo posible que en Galicia vivan demasiados “castellanos”. “Galicia para los gallegos” clamaba otro ilustre prócer nacionalista decimonónico, Alfredo Brañas.  El caso es evitar la competencia de otros españoles para mayor gloria y medro del caciquismo regional, creando barreras artificiales, de ser posible adiabáticas, ideal liberticida oculto de todo nacionalismo.  Incluso en ciudades abiertas como fuera La Coruña la Cultura española es discriminada y está en retirada. Para estrenar una obra de teatro escrita en español por un gallego ha de ser previamente traducida al gallego.

Valga este sucinto e incompleto repaso de la situación actual para mejor comprender las actitudes de los caciques regionales y sus instrumentos de dominación. “No queremos coaliciones ni mandangas que pongan en riesgo prebendas, sinecuras o el ordeño de los presupuestos”. “No nos gustan los forasteros.” “Sólo es gallego quien habla y escribe en gallego”. “Aquí nos apañamos muy bien”. «Vivir como gallegos». “Galicia soy yo…”. Pero, también compaginado con un contradictorio: ¡”Qué el Gobierno nos devuelva el IVA»!

Algunas declaraciones oficialistas son delirantes, como las mercenarias que quieren hacer ver a VOX como un peligroso partido de izquierda compinchado con el resto de los nacionalistas gallegos para fastidiar al gran prócer que no nos merecemos, ese Moisés orensano que va a llevar a los gallegos a la Tierra Prometida, un siglo de estos. O bien calumnias disparatadas y doblemente falsas como «VOX se empeña en que los gallegos no se entiendan en su lengua materna«. En primer lugar, la lengua materna de muchos gallegos es el español, no el gallego. Y lo que pretende VOX es que los derechos civiles de los ciudadanos no se van discriminados por utilizar el español, lengua común en toda España, que todo español tiene obligación de conocer y derecho a usarla. Calumnias aparte, el PP y su poderío mediático regional azuzan el voto del miedo: “O yo, o el caos”. “Si votas a otros pones en peligro mi Feliz Gobernación.” “¡Qué vienen los comunistas y los narcos!” Incluso se esconden las siglas partidarias en la propaganda para resaltar la faz del Pretendiente como supremo argumento electoral y programa de voto.

Reproduciendo experiencias medievales propias del feudalismo antes del auge del poder real, las elecciones autonómicas constituyen excelente ocasión para escaramuzas sino batallas por aumentar el poder de las taifas y señores feudales. Feijóo demuestra a su enemigo compañero Casado que es él quien manda en “su” territorio.  No importa que por razones estratégicas de supervivencia nacional de partido el PP de Casado quiera ahora comerse los despojos de Ciudadanos. Pero que abandone toda esperanza: en Galicia manda Feijóo.

Mientras la lamentable casta política de la Monarquía se pelea a la rebatiña, probablemente harto y asqueado de la política española, de incomprensiones e incluso insultos cuando practica la filantropía, Amancio Ortega traslada su núcleo logístico fuera de España. A los Países Bajos, cerca de Amsterdam y del puerto de Rótterdam.

Pequeñeces. Como dice Feijóo: Galicia, lo único importante.

 

 

 

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