Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Dulcinea, Cataluña y otra idea de España

El 19 de abril de 1616 Cervantes siente que sus ansias crecen y sus esperanzas menguan y escribe una conmovedora carta de despedida al que fuera su protector el conde de Lemos. Muere cuatro días después.

Pronto le seguiría otro gran conocedor del alma humana, polémicas de autoría aparte, Shakespeare, quien fallece el 3 de mayo, aunque un 23 de abril también si se cuenta la fecha como calendario juliano en vez del gregoriano adoptado en los países católicos.

La tradición de Cataluña celebra la fiesta de san Jorge igual que en la preciosa ciudad de Cáceres y le asocia el libro a la rosa que son símbolos tradicionales del alma y de sus logros. La rosa del alma se desenvuelve entre las peripecias de la vida como el capullo se abre en la Naturaleza.

Cervantes que guardaba una visión compleja y paradójica de Barcelona a la que consideraba tanto archivo de cortesía como lugar de bandoleros. Sin embargo, quiere poner en su playa allá donde las olas y la agitación del mar mueren agotadas, como en ocurriera en el Tristán wagneriano, un recuerdo de la más hermosa, heroica y solemne declaración del caballero don Quijote: su valiente defensa del Ideal aún en peligro de muerte. Mas cabe pensar que el sabio maestro está jugando una vez más con los diferentes planos del lenguaje y si sitúa el escenario de la declaración cumbre del héroe solar en la ciudad catalana es porque es el punto más oriental de sus viajes. Y la gesta sucede el día de san Juan. Ambas referencias espacio temporales simbólicas del cenit en la Tradición esotérica: el solsticio de verano y el Oriente.

Ahora vivimos muy alejados de los cervantinos y quijotescos. El jueves pasado pudimos contemplar horrorizados otra entrega del bochornoso espectáculo del falsario rindiendo homenaje bellaco a depravados déspotas canallas. Tanta felonía nos entristece e indigna. ¿Cómo es posible que esta gentuza haya caído tan bajo?

Ahora se destruyen símbolos y tradiciones, de modo que nuestros más empinados próceres se comportan como herederos del tenebroso falsario Avellaneda, aquel que trasformó a Dulcinea en puta y encerró a don Quijote en el Nuncio, el antiguo manicomio toledano.

Para esta chusma gobernante actual, tan ignorante como felona y depravada, esto es lo que procede hacer hoy con nuestra gloriosa Historia y Cultura. Con esto de la posverdad y la posmodernidad la galaxia del Espíritu queda muy lejana.

Pero los españoles amantes del verdadero don Quijote, el iniciado, no queremos tomarle por un simple loco merecedor de ser encerrado para siempre, ni menos que nuestra sin par Dulcinea, España, se prostituya, sino que deseamos que sea centro de los viejos ideales de Libertad, Fraternidad y Justicia en toda España, también en la degenerada Cataluña.

 

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