Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Memoria histórica: El despojo energético, 1

Cuando se produjo la primera crisis del petróleo hubo un cierto pasmo de economistas que no sabían muy bien qué hacer. La energía, y el petróleo en particular, pueden considerarse como una mercancía más, pero, si se hiciera caso al propio pionero Walras se trataría de una mercancía muy especial.

Dentro del teatro de la riqueza económica, el petróleo es “objeto de apropiación, de valor de cambio pero no es reproducible industrialmente”. Y, además, las leyes propias de la energía determinan que la eficiencia de su empleo sea muy importante para relacionar demandas finales con balances de energía primaria. Pero en un mundo en que prima la hegemonía de lo financiero, la epifanía del dinero en abstracto, lejos de su contrapartida en la circulación de recursos, bienes y servicios, la actual crisis puede dar lugar a una renovada reflexión sobre dónde nos encontramos y hacia dónde vamos.

La Constitución encarga a los poderes públicos que velen por la utilización racional de los recursos naturales y el sector público sería más adecuado, si estuviera gestionado de acuerdo con criterios de interés general y de satisfacción de balances sociales, y no sólo financieros, para abordar ciertas actividades que tienen que ver con el mundo de la naturaleza en el que la energía juega un papel semejante al del dinero en la sociedad. Sin embargo, el proceso privatizador, o mejor dicho desamortizador, seguido durante el Felipismo ha dado lugar a pasar de un sistema de monopolios públicos de energía, propiedad del Patrimonio Nacional con precios administrados con criterios más o menos multifunción, a un sistema de oligopolios privados con precios libres todo ello en perjuicio de clientes directos, empresas y el patrimonio de los españoles.

Según el profesor Roberto Centeno, ex consejero delegado de CAMPSA: ”los activos de dichos monopolios, y en particular sus redes logísticas que son la clave de la competencia, fueron adjudicados a dedo a precios irrisorios (unas cinco veces inferiores a su valor real), redes logísticas que se han utilizado y utilizan masivamente para impedir o limitar la competencia”.

Otro caso parecido, quien hace un cesto, hace ciento, ocurrió en el caso de la antigua empresa pública ENAGÁS. Entregada a precio de ganga a la oligarquía catalana para pagar el voto pujolero a la investidura de González, la pérdida para los españoles, fue también al menos de ese orden.  En efecto, el 91 %  de ENAGAS se malbarató por 50.000 millones de pesetas, unos 300 millones de euros. Una cantidad ridícula, el importe de una de las plantas de regasificación. En el lote saldado iba la infraestructura logística, con la red de gasoductos y las tres plantas de regasificación entonces existentes, el edificio de la sede central en Madrid, los contratos de suministro y la cartera de clientes. En el 2016 Gas natural vendió ese edificio junto con otros dos más pequeños por 85,6 millones de euros. A la hora del saqueo los ventajistas catalanes eran españoles como los que más. ENAGAS fue despojada como base del proceso de desarrollo de la catalana Gas Natural. Un caso pintoresco en el que el pez chico se comió al grande.

Es curioso, pero coherente con lo que indicamos, que ahora Amancio Ortega haya pagado la cifra de 281, 63 millones de euros por solo un 5 % de los restos despojados de ENAGAS , casi lo pagado en su día por el 91% de la empresa no despojada. En el 2016, Gas Natural vendió el edificio de la sede central, junto con otros dos más pequeños y menos valiosos, por 85,6 millones de euros.

Saqueado el patrimonio español constituido durante décadas de trabajo, ahorro y previsión, cuando ya apenas queda botín español que pillar y repartir, no es de extrañar que vascos y catalanes quieran soltar amarras para disfrutar del tesoro.

Y no es solo la cuestión del propio desfalco sino su influencia en la asignación de recursos, la mediatización de la actividad de terceros, tanto regiones como empresas, al terminar con la anterior neutralidad de la infraestructura logística primaria.

Un ejemplo se vio aquí en Galicia, cuando Gas Natural impidió la construcción de la planta de regasificación de punta Canela, al Norte de la entrada a la ría de Ferrol, con el proyecto ya hecho y los terrenos expropiados. De ese modo, lo que sería interesante desde el punto de vista estratégico para España, una entrada de GNL por el NO de la península se vio saboteado por los intereses parciales del capitalismo catalán. Una planta de regasificación en Ferrol favorecería empresas energéticas de su competencia.

Al final, la planta de regasificación se hizo con capital gallego en un lugar especialmente inadecuado, descartado por razones de seguridad en el estudio previo realizado por ENAGAS, antes de decidir la ubicación a la entrada de la ría ferrolana.

Cosas de la memoria histórica. Una de las subgobernantas del flamante gobierno comunista de Su Majestad, la señora de Bacigalupo, Teresa Ribera de soltera, promueve lo que los globalistas llaman la transición energética. Otra mohatra arrebatacapas con casi toda probabilidad. Medio arruinadas la industria y la agricultura la cosa puede que termine en transición al típico burro, un buen convertidor energético sostenible y renovable, desde luego. “La entropía aumenta” nos dice el Segundo Principio de la Termodinámica.

En realidad, esto viene definiendo al Régimen del 78, granjería de y entre abusones, descuideros y piratas. Y lo que queda de él, pura entropía.  El CO2 residual de lo que otrora fue orden más complejo de cadenas hidrocarbonadas.

 

Agradecimientos: La foto de la ría de Ferrol es de SempreVolando

 

 

 

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