Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Un tañido lejano

Los más impacientes se asoman intrépidos en el monte del Gozo.  Suenan lejanas campanas. ¿Será su tañer el anuncio de nuevas lides electorales? De la renovación de un oneroso rito macabro de magia negra normalizadora.

En esta Galicia prodigiosa, de barcos destripados, sortilegios, narcos filántropos, nécoras de alguaciles alguacilados, y botellones bravíos, quedan lugares donde se reciclan equipos de finados. Antros oscuros donde, euro arriba o abajo, se pueden obtener bizarros ternos con que fueran vestidos los difuntos para su última travesía antes de ir a san Andrés de Teixido.

Por ejemplo, un equipo completo de cacique autonómico enterrado junto con las correspondientes obras de Castelao. El fonendoescopio apenas sin uso de ese desertor, tabaquista y celebrado obtuso mártir de las letras y los números galleguistas. Los zapatos ofrendados por el ganador de la última carrera de ataúdes disputada en santa Marta de Ribarteme. La levita de tal prócer desconocido, premio de las Letras gallegas, rama de hostelería. El birrete rectoral de las grandes inauguraciones, la sotana nueva de cierto piadoso prebendado del cabildo compostelano, el frac usado indistintamente en ofrendas al Apóstol o para desacreditar morosos.

Las promesas electorales muertas, los presupuestos enterrados con sus legislaturas, pero vivificados con nuevos y flamantes impuestos… se cepillan un poco para eliminar los restos de tierra sagrada que se hubieren podido adherir y ya están listos para su meritorio y ecológico reciclado. No todos están de acuerdo con tan caritativa labor. Muchos se indignan por tal comercio macabro, sin caer en la cuenta que, a falta de jurisprudencia, el oficio de asalta tumbas es tan digno como otro cualquiera cuando se está dado de alta en autónomos, siquiera a tiempo parcial y, además, permite vestir a los vivos sus vergüenzas.  El funcionarial traje de registrador ausente, no ejerciente pero cobrante y exquisito sobrecogedor puede ser rescatado para ejemplar escarmiento de inoportunos pipiolos modernizadores y métome en todo que ignoran las oscuras servidumbres del centrismo redentor.

Mucho mejor aún cuando lo realizan autoridades que no hallan mejor forma de sufrir el dolor de sobrevivirse a sí mismas. Eso sin tener en cuenta que no se puede decir de esta agua no beberé, ni tal presupuesto no rescataré, ni tales impuestos no subiré, en estos azarosos mundos de globalización impía, donde el desarraigo propio de la modernidad, el centrismo líquido, la delincuencia enmucetada con nuevas tecnologías o el acoso criminal del comunismo gobernante nos puede condenar a la voluptuosidad del ayuno en el momento más inconveniente.

 

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