Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ejércitos de terracota

En ciertas excavaciones de Oriente se ha encontrado todo un ejército magistralmente realizado en terracota que guardaba al primer emperador en su tumba. Acompañándole en su desaparición yacían enterrados hermosos carros de guerra con primorosos adornos reflejo de la abundancia de las arcas imperiales, cuyos caudales fueron retraídos de la satisfacción de más apremiantes necesidades populares, majestuosos generales de gesto altivo, coroneles, capitanes y otros oficiales, junto a miles de soldados e incluso mandarines del millonario funcionariado civil, que impasibles guardaban al emperador en su última aventura. Todos muy serios, conscientes de su misión póstuma pues sus trabajos y sacrificio por la patria carecen ya de sentido tras el ocaso de su barbudo jefe. Sólo desentonan de tanta ajada solemnidad sendas furias tirándose de los pelos mientras ataca el enemigo inmisericorde.

Algunos permanecen sin cabeza, otros sin manos, todos sin aliento, lamentándose de la traición del yerno de un tendero extranjero experto en efebos y trata de blancos, al que no se le presumía tal capacidad de atravesar la Gran Muralla, desahuciando al Hijo del Sol y a su infinita burocracia. Letrados sindicales cuentan hasta varios millares de altos cargos dispuestos otrora a llevar las más nimias voluntades del Señor Cara Pocha a los más recónditos lugares del imperio, ahora cesantes que no llevan sino la zozobra a sus familias de derecho y de hecho, amantes y criados.

Otro voraz ejército de chulos, castrados, hembras lujuriosas, pagados por narcotraficantes, todos hipócritas seguidores de Nepote, había llegado para reforzar las huestes invasoras y lograr plaza en el reparto del botín que se prevé asaz sustancioso.

Medio millar de directores generales entrenados a lo largo de todo el largo reinado en engordar la gusanera, son desplazados por otro abundoso ejército ávido de arrebañar nuevas competencias autonómicas, legales o no.

Responsables de empresas dispuestos a convencer a los recién llegados que su puesto en realidad es altamente técnico y que lo ocupan por sus altos méritos profesionales. Todo por la patria. Y en el extremo opuesto del imperio otros mandarines empiezan a mirar de reojo a su máxima magistratura mientras intentan confundirse con el paisaje consolidando su mandarinato.

 

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