Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Actualidades del Ruedo Ibérico

Los generales Serrano y Novaliches, Paco y Manolo, se enviaban notas secretas, solapados en el propósito de coronar al príncipe de Asturias. (Mientras)…  acampados en una y otra ribera, los soldados de la revolución, y los leales, robaban gallinas mientras llegaba la abdicación de la Reina.”

La Gloriosa pasó a mejor vida salvo en las crónicas valleinclanescas. La revolución es puro esperpento, ahora desarrapada, sin soldados de uniforme salvo el del estudiado desaliño de los pantalones tobilleros rotos y arremangados a baja pantorrilla, las zapatillas veraniegas de lona tan adecuadas para las heladas de este enero que no sólo hiela los píes sino el alma.

Es la hora del lumpen no pastoreado ya por generales isabelinos ni menos letizio filipinos que se abalanza a tomar palacios, trincar lo que se pueda, pillar paguillas de la nueva sopa boba y despanzurrar tesoros históricos.

Mientras las hordas toman la Moncloa sin siquiera cabe como pretexto de la inacción la heroicidad histórica de un crucero Aurora bombardeando el Palacio real. Nuestros valientes generales durante la pintoresca Pascua Militar hacen corrillos misteriosos, huérfanos de un conspirador Aviraneta que les ilustre. En algo conviene gastar el tiempo hasta escuchar la tópica y estupefaciente homilía real de un impotente rey imaginario habitante del país de las ensoñaciones batuecas. Ahora ya no dimite nadie por razones de honor en desacuerdo con la promoción de los comunistas como hiciera el general De Santiago, que todos somos muy demócratas y el comunismo, aunque recién condenado por la UE no es para tanto. Que entre lo que ya tengo y lo que me toque en el futuro reparto me avío para una temporada. Todos firmes a la espera de un carguillo otorgado por el elemento revolucionario o la pedrea de algún negociado de la OTAN, lejos a ser posible de la madre patria.

La cosa tampoco va ya de robar gallinas isabelinas, buena parte del patrimonio nacional ya ha sido saqueado y queda poco importante que pillar salvo santiguar los bolsillos de los estúpidos súbditos que pagan el tan poco edificante espectáculo de la Monarquía.

 España es una deformación grotesca de la civilización europea”

Aquel Marte pontificio, capitán de zuavos, la miraba con petulante sonrisa…  regresaba de la Corte española adonde había ido, correo en la gran intriga que con monjas y frailes, camarilleros isabelinos y emigrados circundas, conducía el monseñor cardenal secretario de Estado. Sor Patrocinio la seráfica monja de las llagas, habíale alcanzado las charreteras… La conjura apostólica zozobraba y con ella otros piadosos ardides de la monja…por mediación de la seráfica madrina hubo secretas entrevistas- lágrimas y besuqueo, promesas y mieles, fallidos propósitos de remediarle con dineros…volvía desilusionado, temeroso….en Roma le esperaban los usureros…”

Los usureros esperan pero no solo en Roma para cobrarse la revolución. Con una deuda como la del Reino de España la cosa está madura, de “un mírame y no me toques”. Una conjura en la que si hay monjas u obispos invertidos del papa doña Francisquita, la parte el león la tienen sionistas, narcotraficantes y neomarxistas a lo Alinsky con su corte de milicianas meonas o desgreñadas, feroces hembristas, invertidos, mercenarios o invasores multiculturalistas. Mención aparte las denuncias bolivianas de financiación por el narcotráfico del puntal partidario del nuevo gobierno bolchevique de Su Majestad.

Muchas de las socaliñas con que hace ocho siglos se robaba en los caminos compostelanos son actuales, como aquella de la luciente dobla de oro que el peregrino descubre entre el polvo de su ruta, con todo el enredo de de la súbita aparición de dos sutiles tramposos que reclaman su quiñón en el hallazgo, mueven pleito de voces y retos acaban aviniéndose por gracia de alguna blanca de ley que ofrece el peregrino a cambio de guardarse la dobla, que luego le saldrá fullera. “

Para que luego se diga que las instituciones no funcionan.

Doña Isabel puso píes en polvorosa, tirando los trastos de reinar, porque el cristo revolucionario la sorprendió en lugar vecino a la frontera, donde tomaba los baños de mar tan saludables para el humor herpético.

Bien puede suponerse que aquellos sesudos políticos moderados, carcamales de la más docta veteranía en conjuras, trapisondas y cabildeos, no aventuraban un dictamen tan espinoso de responsabilidades y tan contrario a la adulación cortesana sin haberse previamente entendido con el duque de la victoria…”   

“Es la retórica lo que más separa a los pueblos.”

No solo la Retórica maestro Valle Inclán, también la ambición por mandar aunque sean borregos y la codicia por el reparto del botín.

 

 

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