Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La Nación está desnuda

Uno de los maravillosos apólogos del Conde Lucanor es el bien conocido del vendedor de telas invisibles. Un cuento como otros de tan memorable colección copiado luego por otros cuentistas de varios países. Recuerdo que se trata de una mohatra por la que una banda de estafadores hace creer a los moradores de un infausto reino, absurdo rey incluido, que poseen una tela prodigiosa, con la característica especial de sólo dejarse ver por bien nacidos.  No existe tal, pese a que una vez “terminada” el rey muy jacarandoso se muestra tal como lo parió su madre aunque supuestamente vestido con tan milagrosa tela, pero nadie se atreve a ser el primero en confesar que es hijodeputa, hasta que un sirviente más preocupado por el sentido común que por el linaje denuncia el trapicheo mohatrero al grito de “el rey está desnudo”. Y a partir de él, marlasca el último, ya todos reconocen haber sido engañados.

La realidad imita al Arte, y me parece que esto es lo que pasa hoy con nuestra nación y su milagrosa vestidura constitucional. Si algo tienen de bueno las infames peripecias del falsario valido de Su Majestad y su encanallada banda es hacer ver a la gente la verdadera naturaleza mohatrera de nuestras supuestamente estupendas instituciones constitucionales, incapaces, sino cómplices, de parar la destrucción. Estamos como estamos, al borde de la ruina total de la Nación, gracias a que el tinglado constitucional es una chapuza infecta vendida como maravillosa tela capaz de engalanarnos a todos con precioso primor democrático.

Nada es lo que parece. No vivimos una democracia auténtica sino una oligarquía que disimula su despotismo real en lo verdaderamente importante con votaciones periódicas. Desde el 11 M se ha abierto un proceso revolucionario que ahora se desboca y se quita las  últimas caretas. Comprobamos, algunos con estupor reciente, otros lo venimos anunciando, que el tinglado constitucional está ya tan corrompido con una aluminosis tan aguda que amenaza ruina inminente a poco que se le empuje. Y lo que aún parece peor, que no haya reacción. El liquidador para colmo de paradojas no es un enemigo exterior sino el propio Gobierno de Su Majestad ayudado por otras felonas instituciones de la Monarquía. Un Gobierno formado o apoyado por escoria humana, por bolcheviques, terroristas, golpistas, narcobolivianos y presidiarios ya condenados. Un Gobierno cuya investidura increíblemente ha sido presentada a las Cortes por el propio Rey que debiera garantizar la defensa de la nación y los derechos de los españoles. Es decir, sin tela milagrosa, ya sin disimulos: es la Constitución contra la Nación.

De modo que, en resumen, hay tres grandes bandos:

Los anticonstitucionalistas que también están contra la Nación.

Los constitucionalistas que, conscientes o no, al cabo están contra la Nación por serlo como desgraciadamente se está comprobando en la práctica.

Los anticonstitucionalistas que lo son porque están a favor de la Nación y por eso mismo denuncian la mohatra del actual tinglado constitucional que ataca a la Nación.

No todos lo reconocen así. Pero es una tipología valida, al menos en aproximación, aunque desde luego el grado de gravedad sea variable.

Los primeros son los golpistas catalanes, meapilas ventajistas vascos, etarras y derivados, bolcheviques del narco, neomarxistas sorosianos, okupas, hembristas, invasores morunos, nacionalistas gallegos de todos los partidos, socialistas, globalistas de Ciudadanos, lumpen y delincuentes varios…

Los segundos son algunos restos socialistas de la tercera edad, bizarros peperos sorayescos, casados o solteros bajo la infame cuerda del traidor Mariano y algún que otro miembro de Ciudadanos y de VOX.

Los terceros son hoy un pequeño grupo en crecimiento. En teoría debiera estar claramente VOX si se quita totalmente de encima el velo de la demagogia y establece un buen diagnóstico del mal que nos queja.

Esta sencilla clasificación debiera contribuir a aclarar algunas cosas que, repetidas por la machacona propaganda demagógica interesada, aún confunden a muchos bienintencionados. Por ejemplo, la trampa populista del España suma, cuando el PP es miembro fundador y beneficiario del presente tinglado arrebatacapas. El PP es un abigarrado y contradictorio tenderete de falsa bandera, organizado por antiguos caciques regionales y mencheviques cobardes o camuflados incapaces de dar ninguna batalla en defensa de la nación y de los derechos civiles de los españoles. Gentes que colaboran en la despótica implantación de las infames directrices del neomarxismo cultural: Memoria histórica, homosexualización de la sociedad, debilitamiento familiar, hembrismo de género, aborto, invasiones, multiculturalismo, ecolojetismo…, Indudablemente, el PP es parte del problema actual de España, no de su solución. No obstante, a diferencia de los miembros del primer grupo, dispuestos a acabar a las bravas, el PP puede alargar la vida del moribundo mientras se le termina de esquilmar. Tarea importante para el bien nacional futuro es rescatar a sus votantes que no odian a España pero sin embargo, les apoyan.

Por eso, la dicotomía constitucionalistas anticonstitucionalistas no deja de ser engañosa. Para los que consideramos que la Nación, el Ser, el Sujeto, es primero y más importante que la constitución, el instrumento, la defensa de la constitución es asunto solo contingente, instrumental, temporal, acaso válido para oponerse coyunturalmente al enemigo, pero no un fin en sí mismo. La cuestión, mejor planteada, debiera ser: España, sí o España, no.

Tal cuestión debiera ser motivo de reflexión por sus importantísimas consecuencias estratégicas y de todo tipo.

Sin embargo, es preciso reconocer que lo prioritario hoy, lo más urgente, es parar el actual golpe de estado social comunista golpista etarra. Y no dividir fuerzas para combatir la dictadura y el saqueo que vienen.

Caída la ilusión de la tela milagrosa de los tramposos, la constitución actual ha demostrado que ya no sirve. Si de verdad se ama a la Nación ya no vale ser constitucionalista de lo que hay. Por no valer ahora ya tampoco sirve el argumento del paralítico de Lourdes, «Virgencita, Virgencita, qué me quede como estoy«. Pero, ¿qué cambio constitucional habría que promover? Lo que promueven los dos primeros grupos de la tipología anterior es la desaparición o voladura más o menos controlada de la Nación y, por supuesto, de lo que queda de su soberanía. Precisamente el cambio constitucional que habría que promover es el contrario. Intentar dotarse de instrumentos eficaces conforme a derecho que posibiliten combatir y desactivar a los actuales elementos de devastación, autonomías, nacionalistas, neomarxismo cultural, socialistas traidores, globalismo y adhesión acrítica a la UE y NOM, etc…

Para muchos españoles preocupados por la suerte de España, VOX es una esperanza, aparentemente la única ahora visible, de recuperar parte de la soberanía nacional perdida o malvendida en lucrativa almoneda por y para algunos. Pero también una incógnita por la enormidad de la tarea. Si no quiere convertirse en un más de lo mismo, necesita revisar su diagnóstico sobre las causas de nuestro actual desastre. Y una de ellas fundamental es la crítica de la Transición desde el punto de vista de la soberanía y de la chapuza de la constitución que establece un Estado no solo financieramente insostenible sino que además atenta contra la Nación. Esa soledad sin duda es muy difícil. Demasiado arroz para tan poco pollo argüirá escéptico algún lector. Desde luego que así es. De ahí la gravedad de nuestra situación actual.

Si al principio recordábamos una obra maestra de la Literatura española, para terminar y como moraleja podemos traer aquí por oportuna la lúcida sentencia de un conocido filósofo con ocasión del anterior agotamiento y desastre de la Monarquía: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!

 

 

 

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