Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sopa de ganso 2

Ahora que estamos de vacaciones y vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará.  Decía Platón que los poetas mienten de modo que vamos a cultivar un rato el apólogo, que dicen es una forma de contar cosas diferentes a las que se leen.

Según Marx, el bueno, Groucho, érase una vez un feliz Reino llamado Fridonia que bien pudiera valer para nuestro caso. Y también otro país llamado Silvania que cuenta con una agitada República y desde luego con un apuesto embajador como se ve en la película Sopa de Ganso, con su bonita embajada y todo. Sin embargo, el último gran preboste de Silvania tuvo que poner píes en la frontera porque le habían pillado con las manos en la masa y en la droga. Sus colaboradores altos capitostes y capos que no pudieron llegar tan lejos como él consiguieron refugio en la acogedora embajada de un famoso narcoestado llamado Libertonia donde les agradecieron los servicios prestados y beneficios obtenidos con el trapicheo.

El valido de Fridonia era tristemente célebre por hacer cohechos, prevaricaciones, felonías, guarradas y perrerías a todos y a todas. Incluido al sufrido aunque tímido y asaz apocado rey de Fridonia, personaje que estaba del interfecto hasta los mismísimos, bueno, o lo que tenga.

En estas resulta que el tímido rey de Fridonia que no sabe cómo vengarse de tanta afrenta y humillación recibe recado secreto de agentes de Trumpolandia y de Mosalandia que dentro de su operación para drenar el pantano también quieren poner al valido en su sitio, para lo que proponen hacerle una sucia, aunque merecida, jugarreta al felón, a ver si conseguían cargárselo o al menos dejarlo debilitado para un  próximo y deseado posterior descabello. La cosa es muy retorcida, taimada, como corresponde a gentes muy versadas en trapisondas y chanchullos de falsa bandera.

La encerrona consiste en poner en evidencia mediante un incidente internacional acaso delictivo e imposible de ocultar al valido y su tropilla de serviles puñeteras indocumentadas, que creen estar trabajando para unos hasta que comprenden, ya demasiado tarde para recular, que es para los otros, cuando les dejan con el culo al aire y en el mayor de los internacionales ridículos.

Dicho y hecho. El valido y su banda pican el cebo hasta el bofe, y tratan de recomponer figura mintiendo como bellacos bien entrenados y así intentar sortear el espantoso ridículo que desmerece su soberbia condición. Una prueba de que en realidad, pese a la demagógica propaganda local, no son sino basurilla irrelevante a nivel mundial, meros esbirros prostituidos, por muy revolucionarios e impunes apoyados por oligarcas depravados sembradores del caos que se sintieran. Como no podía ser menos, el enredo es oportunamente descubierto y publicado.

El rey de Fridonia se relame de gusto, mientras pone cara de compungido. La pena es que no pueda publicar la autoría de la idea para que la venganza sea más completa.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Moraleja, esconde la mano que viene la vieja.

(Continuará)

 

 

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