Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La Ciudad alegre y confiada

Lo de las Autonomías NO es lo mejor que nos ha pasado como afirma, jaque, solemne y muy puesta en razón miss Alvia o doña Urraca, celestina del marianismo inconfeso e insepulto, sino la causa inmediata de nuestra ruina y destrucción como nación. Y ahora cierto burgués catalán, gloria, que no prohombre, del socialismo se ha dignado contar naciones en España como otros sexan pollos o cuentan maricones en un burdel begoniano.

La ciudad alegre y confiada es el desarrollo o consecuencia de los intereses creados.

Conviene recordar ciertas declaraciones del que fuera lúcido consejero real, el general D. Sabino Fernández Campo, ex secretario de la Casa real, y conciencia moral durante tanto tiempo del penúltimo representante de una dinastía que históricamente ha venido demostrando que más bien suele carecer de ella. Debieran haberse tenido en cuenta para intentar rectificar cuando aún se podía o se estaba a tiempo. Nos habríamos ahorrado el presente escandaloso bochorno del gobierno en funciones de Su Majestad negociando con presidiarios y golpistas o sus representantes, de igual a igual.

Unas declaraciones que ahora no se harían o ya ni se entenderían, tanto por lo que sugiere su lenguaje sutil y diplomático de aquellos que como decían los clásicos “sabían manera”, una forma de decir y sugerir ya casi anacrónica en estos tiempos de zafiedad y lenguajes toscos, vulgares y directos para consumo del populacho soberano. Cuanto por la propia importancia, especialmente viniendo de quien venían, de frases tan contundentes como:

El Estado de las autonomías no ha mejorado a la nación de España. Las cosas no van mejor así  y da muchos problemas. Con todo el respeto a la Constitución y al presidente Adolfo Suárez, tengo que decir que las autonomías son el error de la Carta Magna”.

Me preocupa mucho la deriva nacionalista…el nacionalismo bien entendido, como amor a la tierra natal, no es criticable. Ahora bien, si supone la oposición al resto de España o la búsqueda de la independencia, no es bueno”.

O tan diplomáticas, por lo que sugieren, pero de tan de absoluta importancia y actualidad como estas otras: “arbitrar es delicado: el Rey debería estar muy preparado y asesorado. …para ejercer el papel moderador, pues igual: estar muy enterado de los temas, muy preocupado, recibir el asesoramiento necesario y percatarse de la realidad”.

Es decir, sugiere que por incompetencia, desconocimiento o desidia, el anterior Jefe del Estado ni moderaba, ni arbitraba, ni se preocupaba de lo que pasaba. ¿Solo el anterior? ¿Y ahora qué?

Pero para bien o para mal, la Constitución del 78 no es una criatura solo del finado Duque de Suárez, quien nunca habría hecho nada sin la iniciativa o al menos el beneplácito real.

La Corona usa, gasta y olvida a sus más leales y eficaces colaboradores: Fernández Miranda, Suárez, el propio D. Sabino…

Y que el otro gran error según se a demostrado de la Constitución, que se retroalimenta lamentablemente con el citado de las autonomías, es el de la Corona. Cosa que no es fácil que fuese reconocida por el ilustre militar monárquico, quizás porque intentaba disimular no ya sólo las carencias de la persona sino también proteger la institución.

Las federaciones históricas realizadas en otros lugares se han hecho para unir lo diferente, para crear un universo, es decir, unidad en lo vario. La perpetrada en España se ha hecho para desunir lo que estaba unido, en un proceso estulto y corrupto de descomposición financiado, además por sus víctimas. Y es que el caso español demuestra que no puede mantenerse la unidad de la Nación, y menos con gentes tan canallas, corruptas y miserables como las golpistas separatistas que padecemos y que ahora junto a sus cómplices se disponen a descabellar a la nación, sin una jefatura del Estado con poder centrípeto que equilibre de hecho y derecho las fuerzas centrífugas. Cosa muy difícil ¿sino imposible? con una Monarquía constitucional en la que el Rey es por definición irresponsable y no tiene legitimidad electiva directa como, por ejemplo, un presidente de EEUU.

No es de extrañar, pues, que salvando la autocensura española sobre este tema hasta ahora tabú, en algunos medios internacionales solventes se hagan eco del creciente desprestigio de la Monarquía y que muchos españoles vean ya a la Corona más como parte del problema político actual que de su solución. Y no solo por el desempeño sino por razones técnicas.

Don Sabino nos advertía de la precariedad de las bases de la ciudad alegre y confiada. Los intereses creados pueden variar y varían. Y hay que contar que el nuevo NOM actúa en manada como los lobos, oliendo la debilidad y la sangre.

Puede que ya esté todo decidido. Pero puede que no. Estamos en vísperas de alguna decisión real de carácter fundamental para la suerte de la Nación. El artículo 99 de la Constitución posibilita algún margen para la acción real si desease o se atreviese a reconducir la situación. ¿Se repetirá con el actual Rey en estos tiempos de grave zozobra lo del anterior golpe de Estado con Armada, presidente in pectore: “Ni está, ni se le espera”?

Si el conocimiento de la Historia nos enseña algo, es que las dos experiencias históricas republicanas españolas, llegadas cuando la Monarquía había dejado a España en condiciones lamentables, aún han resultado peores que algunos de los reinados de los Borbones. Pero ¿puede durar indefinidamente apelar a argumentos propios del chiste del paralítico de Lourdes: “Virgencita, Virgencita… que me quede como estoy”?

 

 

 

 

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