Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Greta, al Tajo

Como continuación de mi anterior entrega sobre el culebrón de la ecologista niña Greta cabe hacerse eco de las más recientes novedades. Parece ser que, ya de modo definitivo, la niña alcaldesa de La Coruña se va a quedar compuesta, sin banquete de recepción y sin novia. La niña Greta no se digna atracar (con perdón) en la sufrida ciudad, hoy venida a menos por no decir que abandonada a su suerte hasta que el último temporal social comunista la remate. La bella ciudad que otrora fuera capital de Galicia, eso sí, cuando Galicia era algo más importante que ahora, deslizada cuesta abajo y sin frenos por el perdedero nacionalista, “culo veo, culo quiero”, gracias al insustituible concurso de Feijóo y sus boyardos mencheviques.

Hemos sabido que la pobre niña zumbada pretende abandonarla ahora por nada menos que Lisboa, la ciudad antigua y señorial. Sin un lúcido heterónimo de Pessoa que le explique la cosa, les suena eso del río Tajo y que aguas arriba pudiera llegar hasta el mismo desembarcadero del Manzanares. Un viejo proyecto, el de la navegación del Tajo ya arrumbado desde los lejanos tiempos de la Toledo imperial. A falta de trampas para salmones, bizarros pero sufridos ecologistas se apuntarán para subir a pulso el catamarán y su preciosa carga por los aliviaderos de los muros de las presas y depositarlo con el mimo que la preciosa niña requiere en la parte con agua. El puente de Alcántara nunca viera ocasión semejante a lo largo de los siglos.

Pero, tras tantas zozobras y tribulaciones, ¿logrará desovar nuestra heroína en la Corte?

Por si acaso lo del catamarán por el Tajo no terminase de funcionar, el flamante presidente sociata de la taifa extremeña ha ofrecido a la audaz exploradora un coche a pilas. No se fía, y hace bien, de la solución del ferrocarril, que procede del siglo XIX, luego modernizado por el malvado Franco, el mismo del siniestro Plan Badajoz, y dejado en barbecho sin semillar hasta la llegada del socialismo redentor, pero que seguro que todo se arreglará cuando los socialistas gobiernen inaugurando así una era de prosperidad como no han visto los siglos, de modo que a la olvidada Extremadura no la reconozca ni Pizarro que la parió.

Una solución más típica, la del tren, pero que aún resultaría más lenta y sobre todo problemática que la del coche a pilas. Si como es azarosa costumbre la parsimoniosa comitiva ferroviaria se estropease en algún descampado siempre se podrá explicar a la intrépida exploradora lo que es una cigüeña o si así emparejase en estepa, un sisón, alcaraván o avutarda. Incluso puede ser una ocasión única para que pueda observar ovejas de donde se saca leche para hacer quesos, lana y carne. Seguro que le daría tiempo para disfrazarse de pastora mientras se inmortaliza el suceso. Lástima que cerdos de cuatro patas de aquellos míticos que se engordaban en montanera queden pocos, se los han llevado a Guijuelo, ya en Salamanca, lejos de los caprichos normativos regulacionistas de la Junta extremeña. Bien explicado seguro que hasta ella, que es chica despierta, lo comprende.

Lo del coche a pilas no deja de ser tentar a la fortuna pese a ser invento que sólo pueden permitirse socialistas y otros potentados. En esta era de los grandes inventos no hay postas suficientes donde enchufar el trasto y cambiar o recargar las pilas. Algunos expertos han estimado la duración que pudiera tener el trayecto entre las dos capitales peninsulares: En Pedroche, no hagas, noche y en Herrera, las que quieras.

Pero las pilas contaminan y mucho, como se podrá comprobar pronto aquí mismo en Cáceres si la peligrosa mina de litio sale adelante, que saldrá, ERE pilla, pilla, más o menos. Y la electricidad hay que generarla, cosa que no importa a nuestros ecológicos socialistas de la transición hacia el caos o entropía. Una brillante solución propia de sus preclaras aunque me temo algo contaminadas mentes. Cerramos nuestras térmicas, después de colocar los costosos dispositivos anti contaminación y así importamos la electricidad de las sufridas tierras del sultán moro donde es producida por térmicas de carbón altamente contaminante, aunque, eso sí fuera de la menchevique y no menos ecologista UE.

(Continuará)

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