Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sobre el estruendoso silencio real

Muchos españoles de ideas muy diferentes, pero unidos por serlo y por la buena voluntad de desear lo mejor para nuestra Patria, ya no comprendemos nada. Empezamos a creer ¡ojalá me equivoque! que tras la larga, penosa, triste, figura de Felipe VI, El Preparao, sólo existe un títere que habla por boca de ventrílocuo. Un golem que suelta estupefacientes discursos todo a cien sobre la paz, la democracia, el coraje, la valentía, las infinitas bondades de la Corona… mientras es condecorado por el enemigo ocupante de Gibraltar y su reino se desvanece en el golpe de Estado que no sabe parar ¿o del que acaso es cómplice por omisión?

Para intentar averiguar las posibles razones de su silencio tan extraño e inconveniente para todos, empezando para la Corona, Magdalena del Amo se pregunta en un brillante, amén de valiente, artículo, que contrasta con la inanidad moral y oquedad ideológica demostradas por la mayoría de los periodistas españoles actuales, si por casualidad Su Majestad estaba siendo chantajeado. Es posible, visto lo visto. Pero, de ser así, por quién, y con qué poderosos “argumentos”. Es muy fuerte, pero también muy posible.

Desde luego no se explica que se deje humillar en público una y otra vez. A nivel más personal lo que trasciende también nos parece mostrar fracaso, pobreza de ánimo, cobardía, estulticia. El reciente sarao en el Campoamor supuso la puesta de largo de la flamante y abigarrada dinastía republicana de los Rocasolano, contra la decrépita saliente, aparentemente derrocada o en trance de serlo de la Borbónica. Solo, su madre la reina emérita, que por cierto tuvo otra inoportuna agarrada con su impresentable nuera por una cuestión de fotos con sus nietas, asistió al acto, aunque astutamente colocada en el gallinero. Una imagen más de quién manda en Palacio.

Y del desastre del sarao de Barcelona, tras la consentida humillación de prohibirle hacerlo en Gerona o premiar muy serio y solemne, a un ridículo e incoherente tipejo con lacito amarillo sorosiano, mejor no hablar.

Con maquiavelismo oportunista, el día después de las votaciones el falsario lo destierra a rendir pleitesía a la siniestra dictadura cubana, incluso para fotografiarse delante de un  retrato del sanguinario Che Guevara. Todo un ridículo histórico, mientras los correligionarios financiados por los narcos le preparan el destierro definitivo.  Ni siquiera ya se molestan en guardar las formas. Felipe lo consiente todo. Y un viaje además inoportuno, que parece un desafío al propio Trump, el último con el que convendría enemistarse en estos graves momentos. Y, mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en su infortunado y abandonado Reino los corruptos bolcheviques preparan el reparto del botín.

Tampoco se entiende la no explicada posterior escapada privada a EEUU y sus hipotéticas entrevistas allí. Para qué. ¿Pedir apoyo? ¿Pedir instrucciones? ¿Comprobar in situ cómo va la guerra entre Trump y el Deep State de la que depende buena parte del futuro mundial, incluida la suerte de España? Una especialidad de la Dinastía: su padre tuvo que esperar a la muerte de su protector e entronizador en el Trono español para darse cuenta que en verdad él, aunque bien que disimulaba con el caudillo, era convencido demócrata de toda la vida.

La creciente sensación, agravada por la incomprensible actitud del monarca, es de que los españoles estamos indefensos, la Patria en peligro. Y que las instituciones que debieran defendernos forman más parte del problema que de su solución. Gobierno, Tribunal supremo, Generalidad… El ejército en la frontera, sí pero la rusa, y en Afganistán… Y otra de las Instituciones de la Corona, la Junta de Andalucía robando a mansalva el dinero de los parados con sendos presidentes del hasta ahora principal partido del régimen al frente.

 

Cada vez parece más evidente que las cosas se aceleran hacia un inmediato cambio de ciclo histórico internacional. De momento, el calumniado presidente Trump estaría obstaculizando la victoria del globalismo sobre las naciones. De ahí el odio y persecución enconada con los que le distinguen sus enemigos, que también son los nuestros, por cierto.

Estos días vengo revisando los momentos anteriores a La Primera Guerra Mundial. Otro importante cambio de ciclo histórico que de modo tan dramático diera lugar a una verdadera revolución que arramblaría con toda una época y más de una soberbia dinastía. Nada sería ya igual después del desastre bélico.

Nuestro Vicente Blasco Ibáñez narra en su monumental Historia de la Guerra europea de 1914 (Editorial Prometeo) los tejemanejes de unos y otros tras el detonante del atentado de Sarajevo. La incompetencia real disfrazada de superioridad y altanería. Las intrincadas redes de intereses y alianzas de los viejos imperios. La estulticia de cierta clase dirigente en ambos bandos y su frivolidad para llevar a sus compatriotas al matadero. La ingenuidad de los combatientes intoxicados por la propaganda que partían al frente como si fuesen de excursión.

En otra obra de singular interés dirigida por un historiador español, La Guerra Ilustrada de Augusto Riera (Centro Editorial artístico de Miguel Seguí), entre infinidad de fotografías se reproducen más de un centenar y medio de retratos a color de diferentes personajes relacionados con el conflicto. Políticos y sobre todo infinidad de príncipes de infinitas dinastías o briosos militares con vistosos uniformes, algunos con yelmos y bonitos plumeros incluidos.

Pero, tras tanto dolor y desolación, de esa nutrida y pintoresca más que heroica galería de retratos ¿qué quedó después del vendaval?

Arrecia el temporal mientras escribo. Enormes olas, árboles agitados. Vamos a ver qué es lo que se lleva por delante.  Si es que lo vemos.

 

 

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