Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Recomponer los platos rotos (5)

El señor me lo dio, el señor me lo quitó (o el Caso Albert Rivera y sus Ciudadanos)

Más allá de la sola peripecia grupal o personal de un líder o de un partido político creo que es interesante como apólogo, con sabia moraleja como los Cuentos del Conde Lucanor, revisar lo acontecido con el pecio Ciudadanos, probablemente hundido electoralmente del todo sin que una nueva tripulación pueda ya reflotarlo, aunque desde luego no deja de ser cierto que en el extraño reino de España nunca se sabe.

Y esto es así, también como aviso de navegantes dirigido especialmente a Casado y su incierto periplo con un barco más bien anticuado que desplaza muchas toneladas pero también demasiadas ratas bien cebadas en las sentinas que no se resignan a abandonarlo. Y, para colmo, con unos armadores que sólo proporcionan a su nuevo piloto pocos puertos de abrigo mediático y aún menos cartas de navegación entre las posibles.

¿Hasta que punto es autónomo el poder político en el sistema español?  Buena pregunta. Que no sólo afecta a España sino a todo Occidente. No hay más que ver la guerra a muerte que ya bordea la guerra civil entre el Presidente electo Trump y lo que se ha venido en llamar el Deep State o tinglado mafioso criminal que hasta ahora viene disponiendo del poder real, también del político mediante dirigentes prostituidos o corruptos aupados a lo más alto de la cucaña institucional.

Una pregunta que nos lleva a otra aún más grave, ¿en verdad tenemos alguna soberanía real? Creo que no. O muy poca. El Deep State global ha promovido la generación de deuda irónicamente llamada soberana oportunamente engordada por el marxismo cultural y los mencheviques de todos los partidos. En España debemos hasta la camisa a la usura internacional para mantener un Estado autonómico demencial, corrupto, parasitario, inepto y descomunal que conspira y ataca a la nación. Por si eso no fuese bastante, la globalización tal como se está realizando también ataca al entramado de la economía real, la que satisface bienes y servicios, y a la supervivencia de la clase media que mantiene el orden social.

Recuperar soberanía significaría recuperar el amor y respeto a la Patria, a la Cultura, a la propia dignidad como persona y como pueblo.Y si no por devoción al menos por instinto de supervivencia. Y promover y mantener la existencia de un pueblo consciente y educado, con una opinión pública digna de tal nombre, lo contrario al rebaño de semovientes embrutecidos, enajenados y corrompidos que promueve el sistema. Gentes sin integridad moral para resistir y someter sus pasiones. Es decir, promover ciudadanos libres en vez de esclavos y súbditos gracias a la educación, y el reconocimiento y promoción del mérito.

Ahora bien, el desastre electoral de Albert Rivera, descontados los evidentes errores de un personaje encumbrado artificialmente en la cucaña, parece que tiene que ver de modo inmediato con dos cuestiones, que en realidad son dos caras de la misma, la falta de soberanía ya apuntada para la propia sociedad civil. Una, la de las relaciones de inferioridad de un partido frente a su líder que aquí goza de un poder casi omnímodo.  Otra, la falta de soberanía del partido frente a los poderes fácticos nacionales o internacionales. Que de modo mohatrero dan o quitan razones ante el votante más manipulable o con poco criterio.

He venido siguiendo la peripecia de Rivera desde sus orígenes y, de hecho he asistido aquí en La Coruña a sus primeros actos, conferencias y mítines para tratar de formarme mi propia opinión sobre lo que parecía una propuesta sugestiva. Y por lo que se refiere en particular a la Galicia donde vivo, por lo que pudiera haber supuesto de defensa de los derechos civiles frente a los abusos nacionalistas y persecución de la Cultura española en español del Partido Popular DE Galicia. Al cabo, aunque aún afortunadamente no tan virulenta, una problemática muy semejante a la catalana, cuyos procesos de normalización lingüística se han copiado.

Bienintencionado, no me pareció mala persona en absoluto, sino quizás demasiado crédulo en las bondades reales de de un  tinglado corrompido y arrebatacapas, nunca me pareció que tuviese suficiente nivel para abordar la gravedad del problema español. Y creo que su análisis mantenía un pecado de origen, la defensa de la constitución por encima de la nación. La tontería esa del patriotismo constitucional, en la práctica una subordinación al globalismo. Y además con una constitución como la del 78 que la amenaza y lleva en sí misma de modo fatal el desastre actual.

Otro error de valoración es el de su propio grado de autonomía respecto a los poderes fácticos, más curioso en él que además procede del sector financiero catalán. Su deseo expresado en su deriva de los últimos meses de saltarse el guión tácito o explícito de apoyar al mencheviquismo de la PSOE, evitando grandes fechorías para promoverse como alternativa organizativa al mencheviquismo sancho pancesco del Partido Popular amarianado, cobarde y sobrecogedor.

En realidad, Ciudadanos nunca fue verdadera derecha, como tampoco lo es la actual balbuceante banda de Casado, sino que forma parte del consenso neomarxista cultural con sus horrores de promoción de la homosexualidad, la invasión islámica, las femi-comunistas con leyes inicuas, el aborto, la manipulación histórica o el timo del cambio del clima climático. Y con el añadido particular español de traición a la Nación, al no oponerse al proceso de desintegración, colaborando incluso con los golpistas. Por eso, su declarada aversión, sincera o sobreactuada, a quienes dicen defender a la Nación de este consenso, es decir a VOX.

Su espantada de Cataluña, en esto no muy diferente por cierto de las demás instituciones de la Monarquía que ha dejado a sus súbditos abandonados a su suerte, ha terminado de rematar la cosa y acabar con el crédito que le restaba.

La oligarquía requiere estómagos obedientes. El imaginaria de igual servicio riveruno es el camarada Casado, personaje que vine demostrando escasa entidad, maleable, que tal parece «todo de algodón, que no lleva huesos…»

La contrajugada salvadora al oportunista jaque del contubernio bolchevique entre los dos golfos en apuros sería que los mencheviques del Partido Popular, quitándose la careta de impostada oposición, apoyasen a los de la PSOE.

Todas las presiones de la prensa del Régimen apuntan en esa dirección. Casado, como antes Rivera, no deja de ser una pieza menor cuyo sacrificio permitiría mantener el control de la partida.

 

 

 

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