Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Utilidad o inutilidad del voto

El lector que haya tenido la amabilidad de seguir mis últimos escritos ya conoce sobradamente lo que opino en general sobre la clase dirigente española y en especial la política del régimen borbónico. Opinión que no difiere salvo en la nueva perspectiva de la globalización sino en detalles o circunstancias de lo que explicaba don Joaquín Costa a principios del siglo pasado en famosas investigaciones como la de Oligarquía y caciquismo.

Para Costa y la cincuentena de intelectuales que participaron activamente en la famosa encuesta del Ateneo madrileño el año 1902, la verdadera forma de gobierno encubierta bajo un ropaje constitucional parlamentario era la oligarquía y el caciquismo.

Bien es verdad que el tremendo proceso de globalización en curso ha transformado tanto los agentes de tal caciquismo cuanto los modos y maneras. Los amos principales ahora son internacionales e incluso la tradicional clase dirigente española viene adoptando un progresivo papel vicario. Y las personas físicas se están transformando o ya se han transformado en jurídicas.  Grandes financieros internacionales normalmente vinculados al sionismo, fondos buitre, corporaciones transnacionales, partidos políticos, medios de control y manipulación de masas, redes sociales manipuladas… constituyen la nueva oligarquía y los nuevos agentes del caciquismo y sus formas de dominación posmodernas, lejos ya de los artesanales Trampeta o Bocanegra inmortalizados por la gran Pardo Bazán, por cierto, uno de los más lúcidos intelectuales que participaron ofreciendo unas reflexiones de gran interés en la citada encuesta de Costa: «lo que nos sujeta a las demasías de los oligarcas, lo que les quita a los gobernantes todo freno,  es la incultura general, que a primera vista se juzgaría fuente de enérgica resistencia, y sólo es origen de debilidad y servilismo… el remedio a mi entender no consiste en el silencio: al contrario, es preciso hablar, y hablar mucho… el remedio … no nos digan que no sabemos proponerlo: proponerlo si sabemos lo que nos falta es fuerza, el poder de aplicarlo».  

Desde luego es bueno reconocer todo esto para comprender el escenario real en el que nos movemos tanto en el infausto Reino de España como en el marco internacional.  Pero, entonces, ¿Qué hacer?

Probablemente se trata de una batalla perdida como ya lo parece la propia civilización occidental y, como decía Aristóteles, las actuaciones perdidas producen melancolía.

No obstante, voy a volver a dar mi opinión hoy por razones patrióticas ante lo gravedad de lo que está ocurriendo. Tal como veo las cosas, en las elecciones del domingo caben dos opciones de mayor contenido moral. Una de ellas es inhibirse, no participar en un sistema falso, mohatrero dominado por tahúres, del que ni siquiera existen garantías sean respetados los resultados electorales si contradicen los bastardos intereses dominantes. Se deja el campo libre al enemigo.

La otra es dar batalla, aunque se sepa perdida, participar en la timba aunque sólo sea para ver las trampas, votar como acto de servicio, aún contra toda esperanza. Mantener un mínimo de resistencia en defensa de España, su Cultura y de los valores básicos de ciudadanía, del orden y del respeto al derecho. A la luz de todo lo visto durante los últimos años aquí y ahora el único partido que parece defender estos valores de patriotismo y cierta elevación moral es VOX. ¿Seríamos capaces de, como decía la Bazán, contribuir a favorecer la fuerza, el poder de aplicarlos? Esta es mi opción actual.

El lector y elector decidirá lo que entienda más conveniente.

Posdata de las 14h 20m sobre el valor de la abstención

Me comenta un lector amigo que es mejor la abstención para pasar de lo que considera una mascarada y no contribuir a ella. El argumento puede ser válido y reconfortante a nivel teórico pero dudo que lo sea a nivel práctico.

Llevamos muchas elecciones con altos niveles de abstención, en torno a un tercio del electorado o más. La abstención es la opción habitualmente elegida por el electorado español. Suele gozar de mayoría absoluta, según como se hagan las cuentas.  Pero se observa que no sirve para mejorar las cosas. Al revés, es vista incluso con cierto alivio por los piratas en la medida que no influye en el posterior reparto del botín.

La abstención constituye una especie de puesta a tierra del sistema para protegerle del descontento y el hartazgo del pueblo estafado. En efecto, una vez salvada la honrilla inmediatamente pos-electoral el abstencionista puede observar que luego nadie ya va a hablar de que ha ganado la abstención, ni tal situación va a repercutir en el reparto de escaños y prebendas, ni menos va a influir en las políticas opresivas que se vayan a instrumentar.

Creo que la abstención sólo tendría consecuencias prácticas si se dejasen sin cubrir escaños en el Parlamento en relación con el tanto por ciento de abstención, incluso sin Ley de D`Hondt. Esto sí que tendría efectos reales en cuanto a deslegitimación del sistema aunque las leyes se aprobasen por consenso de los partidos. Y además debilitaría la influencia de estos y su capacidad de mamoneo y de colocación de cómplices y apesebrados.

 

 

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