Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Infamia guerracivilista borbónica

Hoy se consuma la infamia bolchevique perpetrada por el guerracivilista Gobierno de Su Católica Majestad, con la complicidad activa de otras instituciones de la Monarquía. Y de la propia chamánica Iglesia de Francisco I, incapaz siquiera de apoyar al valiente abad del Valle en su defensa numantina del espacio sagrado de la Abadía, tomado militarmente por fuerzas de la Guardia civil a las órdenes del ministro cobarde y felón. El mismo, por cierto, que reprochaba a sus, estos sí, valientes compañeros, haber detenido a un grupo de terroristas catalanes dispuestos a atentar a mayor gloria del golpismo. Unas fuerzas de ocupación de un espacio sagrado que según denuncia del abad benedictino violan la libertad de culto, la libertad religiosa consagradas en la constitución dicen que vigente. El atentado socialista es tal que para mayor ignominia y vileza ni siquiera se ha dejado entrar en el templo a los propios monjes encargados de su culto y custodia.

No se puede caer más bajo, ni ser más desagradecida, ni más ruin, ni más cobarde, ni más cínica, que lo que ha demostrado la prostituida jerarquía de la Iglesia española que debe precisamente a la figura que hoy se quiere ultrajar el no haber sido exterminada por la PSOE y resto de organizaciones criminales del Frente Popular.

La PSOE, que ahora presume de demócrata y modelo de virtudes cívicas y republicanas, provocó la guerra civil tras un sangriento golpe de Estado contra la propia República, del que este mes se han cumplido ochenta y cinco años. Las estadísticas oficiales republicanas de los crímenes socialistas en octubre del 34 de las que me he ocupado en reciente artículo pueden consultarse aquí.

A las órdenes del Gobierno republicano los prestigiosos generales López Ochoa y Franco reprimieron la criminal rebelión socialista contra la República. Y les vencieron cosa que nunca les han perdonado. En el 36, el general López Ochoa fue sacado del hospital Gómez Ulla donde convalecía para ser vilmente asesinado por las hordas rojas. Le cortaron la cabeza y pasearon sus restos mortales para escarmiento, befa y escarnio. Franco no pudo ser asesinado, pero en venganza sus restos mortales van a ser ultrajados ahora, también vil y cobardemente, cuando no se puede defender.

Pero las felonías socialistas no terminan ahí. Las hazañas democráticas de la PSOE y de sus cómplices del Frente Popular en la etapa de “gobierno” desde el 16 de febrero al 13 de julio de 1936 se resumen en

330 muertos

1511 heridos

178 explosiones de bombas

160 iglesias totalmente destruidas

261 iglesias asaltadas, incendiadas o con destrozos

155 atracos consumados

79 centros políticos o privados asaltados

128 huelgas generales

357 huelgas parciales

A lo que hay que añadir el atentado frustrado contra el diputado republicano Melquíades Álvarez y el asesinato consumado del diputado opositor Calvo Sotelo, perpetrado por los guardaespaldas del corrupto prohombre socialista Indalecio Prieto.

En otoño del 36 bajo el gobierno del criminal Largo Caballero, los socialistas asaltaron las cámaras acorazadas y robaron el oro del Banco de España, embarcando 7.800 cajas en cuatro barcos soviéticos con destino a la URSS del no menos democrático camarada Stalin. Otras 2.000 fueron a Francia y otras 200 desaparecieron, probablemente repartidas como botín entre los cabecillas socialistas y sus cómplices.

Si el papel del PSOE es canallesco, digno de su histórica trayectoria delictiva, el de los Borbones, que deben su actual entronización en el Trono a Franco, tampoco es precisamente ejemplar.

Tras la muerte del general, su heredero a título de rey, la hoy Emérita y no menos Católica Majestad, Juan Carlos I solemnemente peroraba muy pomposo y campanudo con su engañosa lengua de trapo que:

con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituye para mí una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista la consagrado toda su existencia a su servicio”.

No sé si España podrá olvidar o no. Pero ellos desde luego, sí que demuestran olvidar y renegar de su benefactores. La traición en los Borbones va de suyo. Es una constante histórica. Y no hay que remontarse a la escandalosa escena de sumisión al invasor Napoleón de los traidores Carlos IV y Fernando VII. Una de las escenas más infames de toda la Historia Universal. Juan Carlos I para no ser menos también presenta una biografía tachada de traiciones. Con 18 años traicionó a su hermano al que descerrajó un  tiro en la cabeza siendo alumno de la Academia militar de Zaragoza. Traicionó a su padre. Traicionó a Franco a quien le debe la reintroducción de una dinastía por dos veces expulsada de la Patria. Traicionó a Carrero Blanco. Traicionó a los militares que defendían el territorio español del Sahara. Traicionó a Torcuato Fernández Miranda. Al presidente Adolfo Suárez. Al general Armada. Al general Milans del Bosch. A su hijo. A su mujer. A Sandra. A Corina. Pero sobre todo ¡a la Nación!

El actual ocupante del Trono, consejos vendo que para mí no tengo, recientemente adoctrinaba a su presunta heredera con palabras engañosas, viniendo de quien vienen: “Coraje y valentía en el servicio de España”

Grandes virtudes borbónicas que practica, eso sí, lo más lejos posible de Su Reino.

Cataluña puede arder. Su Gobierno solo o con ayuda de otros puede amenazar la unidad y la paz de España o perpetrar los mayores ultrajes a su benefactor, pero desde luego a él no le pillan.

¡España ha muerto, viva el Rey!

 

Nota dedicada especialmente a los temblorosos prelados que consienten la ignominia

24 de Octubre, festividad del arcángel San Rafael

Epístola:

Dijo el Ángel San Rafael a Tobías: bueno es guardar el secreto del rey; pero también es loable publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración con el ayuno; y el dar limosna es mejor que guardar tesoros de oro; porque la limosna libra de la muerte y limpia los pecados, y hace hallar misericordia y vida eterna. Mas los que cometen pecado e iniquidad son enemigos de su propia alma. Por tanto, voy a manifestaros la verdad, y descubrir lo que ha estado oculto. Cuando orabas con lágrimas, y enterrabas a los muertos, y te levantabas de la mesa a media comida, y escondiendo de día los cadáveres en tu casa, los enterrabas de noche, yo presentaba tu oración al Señor. Y porque eras acepto a Dios fue necesario que la tentación te probase. Y ahora el Señor me envió para curarte, y librar del demonio a Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy el Ángel Rafael, uno de los siete que asistimos al Señor. 

 

EL TESTAMENTO DE FRANCO

«Ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir»

 

 

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