Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Unamuno, el español y la unidad de España

Vuelven otra vez los mismos problemas que ensombrecen nuestra convivencia, prosperidad y progreso en paz. Conviene algún ejercicio de memoria histórica de verdad, no como la mercancía averiada del falsario y sus cómplices.

Entre la generación del 98 existe unanimidad en defensa de España y de su unidad. Amenazada entonces con el Estatuto de Autonomía de Cataluña en preparación por la República. Ya antes, en mayo del 31, con la República recién estrenada, y en las páginas del diario El Sol, Unamuno publicó una trilogía de artículos con el nombre común de La Promesa de España. En la tercera y última entrega, festividad de San Isidro, Unamuno planteaba su lúcida visión sobre el problema de la unidad de España. Recordemos algunos párrafos:

«Hay otro problema que acucia y hasta acongoja a mi patria española, y es su íntima constitución nacional, el de la unidad nacional, el de si la República ha de ser federal o unitaria. Unitaria no quiere decir, es claro, centralista, y en cuanto a federal, hay que saber que lo que en España se llama por lo común federalismo tiene muy poco del federalismo de The Federalist o New Constitution, de Alejandro Hamilton, Jay y Madison. La República española de 1873 se ahogó en el cantonalismo disociativo. Lo que aquí se llama federar es desfederar, no unir lo que estaba separado, sino separar lo que estaba unido. Es de temer que en ciertas regiones, entre ellas mi nativo País Vasco, una federación desfederativa, a la antigua española, dividiera a dos ciudadanos de ellas, de esas regiones, en dos clases: los indígenas o nativos y los forasteros o advenedizos, con distintos derechos políticos y hasta civiles. ¡Cuántas veces en estas luchas de regionalismos, o como se suele llamar, de nacionalismos, me he acordado del heroico Abraham Lincoln y de la tan instructiva guerra de Secesión norteamericana! En que el problema de la esclavitud no fue como es sabido, sino la ocasión para que se planteará el otro, el gran problema de la constitución nacional y de si una nación hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede rescindir a petición de una parte o de un organismo.

Aquí, en España, este problema se ha enfocado sentimentalmente, y sin gran sentido político, por el lado de las lenguas regionales no oficiales, como son el catalán, el valenciano, el mallorquín, el vascuence y el gallego. Por lo que hace a mi nativo País Vasco, desde hace años que si sería torpeza insigne y tiránica querer abolir y ahogar el vascuence, ya que agoniza, seria tan torpe pretender galvanizarlo.  Para nosotros, los vascos el español es como un máuser o un arado de vertedera, y no hemos de servirnos de nuestra vieja y admirable espingarda o del arado romano o celta, heredado de los abuelos, aunque se los conserve, no para defenderse con aquélla ni para arar con éste. La bilingüidad oficial sería un disparate; un disparate la obligatoriedad de la enseñanza del vascuence en país vasco, en el que ya la mayoría habla español. Ni en Irlanda libre se les ha ocurrido cosa análoga. Y aunque el catalán sea una lengua de cultura, con una rica literatura y uso cancilleresco hasta el siglo XV, y que enmudeció en tal respecto en los siglos XVI, XVII y XVIII, para renacer, algo artificialmente en el XIX, sería mantener una especie de esclavitud mental el mantener al campesino pirenaico catalán en el desconocimiento del español – lengua internacional – y sería una pretensión absurda la de pretender que todo español no catalán que vaya a ejercer cargo político en Cataluña tuviera que servirse del idioma catalán, mejor o peor unificado, pues el catalán como el vascuence, es un conglomerado de dialectos. La bilingüidad oficial no va ser posible en una nación como España, ya federada por siglos de convivencia histórica de sus distintos pueblos. Y en otros respectos que o los de la lengua, la desafiliación sería otro desastre. Eso de que Cataluña, Vasconia, Galicia … hayan sido oprimidas por el Estado español no es más que un desatino. Y hay que repetir que unitarismo no es centralismo. Mas es de esperar que, una vez desaparecida de España la dinastía borbónico habsburgiana, y con ella, los procedimientos de centralización burocrática, todos los españoles, los de todas las regiones, nosotros los vascos, como los demás, llegaremos  comprender que la llamada personalidad de las regiones – que es gran parte, como el de la raza, no más que un mito sentimental – se cumple y perfecciona mejor en la unidad política de una gran nación, como la española, dotada de una lengua internacional.»

El rector de Salamanca, ¿Existen ahora rectores y Universidades en España? Continúa comentando la realidad de la Hacienda pública, ¡quién la pillara ahora!:

Por lo que hace al problema de la Hacienda pública, España no tiene hoy deuda exterior ni tiene que pagar reparaciones…. se ha de afirmar y robustecer…España sabrá pagar sin caer en las garras de la usura de la Banca internacional”.

Unamuno se ocupa del problema catalán en otras varias ocasiones. Recordemos ahora la de un periódico que sería definitivamente clausurado por el gobierno izquierdista republicano pocos días después en todo un alarde de la verdadera libertad de prensa republicana. Me refiero al número 20, con fecha 3 de octubre de 1931, del semanario La Conquista del Estado de Ramiro Ledesma Ramos, discípulo de Ortega.  Y vuelve a recordar a Lincoln y a su decidida defensa de la unidad de EEUU contra los sudistas separatistas. Su texto termina así:

“…y el problema de la esclavitud se planteó, hasta que llegó un momento en que los plantadores del Sur dijeron: “Como hasta aquí, o nos separamos”. Y entonces Abraham Lincoln dijo: “A esto no hay derecho” y firmó la emancipación de los esclavos, y vino una triste guerra civil y perdió la vida en ella Abraham Lincoln que creó de este modo la verdadera patria norteamericana, porque no dudó ni un momento en cortar el nudo como él lo cortó. Abraham Lincoln que ni se puede permitir el suicidio ni se puede decir “hay que dar  lo que piden”, hay que dar lo que les convenga y no siempre el que pide sabe lo que le conviene.”

Unamuno, tan acertado en su planteamiento nacional y en relación con la lengua española común, sin embargo no ha resultado buen profeta. Si acierta al considerar al español como instrumento de unión y universalización o en la segregación o apartheid de los españoles no indígenas en zonas de población bilingüe, sin embargo no previó totalmente el grado de inmoralidad y canallería de los caciques regionales ni menos la estulticia y embrutecimiento de buena parte del pueblo español que ellos lograrían. La descentralización administrativa ha degenerado en política. Y ésta junto la bilingüidad en lo que llamaba desfederación. Es decir: desunir lo que estaba unido.

Entonces tampoco preveía el saqueo del oro y de la plata del Banco de España por los socialistas. Ni que la Deuda pública durante el Régimen monárquico actual se haya elevado a posiciones astronómicas, e inasumibles. Ambos problemas, desastre financiero y desastre autonómico están íntimamente correlacionados. Para la usura internacional mantener o agravar el tinglado actual es motivo de negocio y de dominio político. Para los españoles de despilfarro, ruina y de pérdida de soberanía.

Unamuno no podía ni imaginar entonces el grado de corrupción moral e intelectual, de traición a España, de la clase borbónica heredera del Régimen del general Franco. Y ahora hay que temer el descabello definitivo de la Nación española en forma de Monarquía (o de República) confederal que se vislumbra en el tenebroso horizonte.

Como podemos observar, no se trataría tanto de un problema de inteligencia, de pensamiento, de comprensión de la realidad, traiciones aparte, sino de voluntad.

Es voluntad, entonces como ahora, lo que faltaba y falta. La misma que sobra para la traición, la delincuencia y la devastación nacional demostrada por casi toda nuestra encanallada clase dirigente de la Monarquía actual.

 

  

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