Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El escándalo Zemmour

La calamitosa y ardiente situación del Reino de España de Felipe VI con la Feliz Gobernación del falsario Sánchez y la abierta rebelión catalana nos distrae de otras cuestiones de fondo y gran interés. Hace unos días el Parlamento Europeo (PE) aprobaba la Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa.

Como breve resumen, en lo más sustancial, cabe resaltar que esta Resolución el PE condenaba tanto al nazismo como al comunismo y su propaganda o manifestación totalitaria, así como el revisionismo histórico… expresaba su preocupación por la regresión al fascismo, el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia. El PE animaba a los estados miembros a promover… la enseñanza de las atrocidades de la segunda guerra mundial, como el Holocausto… criticaba que en espacios públicos sigan existiendo monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes totalitarios…

En principio todo muy políticamente correcto, muy bien. Muy kitsch. Parafraseando a Kundera, “qué buenos somos al emocionarnos por comprobar lo buenos que somos”.

Visto desde España, creemos que la alusión al totalitarismo de la PSOE, las de UP, y los nazis catalanes y vascos debiera ser más explícita o quedar más clara para que no se confundan ni los términos, ni el auténtico enemigo. Aquí disfrutamos de un nutrido callejero con nombres de déspotas totalitarios e incluso traidores, ladrones y asesinos como Largo Caballero, Luis Companys, Juan Negrín o el Ché Guevara… sin olvidar la grosera complicidad de todas esas fuerzas políticas totalitarias para destruir el sistema político constitucional actual y lo que aún es peor, la propia idea y existencia de España como Nación unida y soberana. Se persigue hoy aquí lo que se considera vinculado al nazismo, por ejemplo el franquismo, pese a testimonios en contra como el del embajador norteamericano Carlton Hayes. E incluso el Gobierno de Su Majestad se permite profanar su tumba, mientras Su Majestad, que debe el trono al general que entronizara la Dinastía, calla y otorga. Como calla y otorga con el actual golpe de Estado y con la deriva comunista totalitaria destructiva de las fuerzas que sostienen Su Gobierno.

Lo del Holocausto es cierto que nos pilla más lejos, si bien Franco sostuvo entonces una gran labor humanitaria proporcionando pasaporte español y salvando a miles de judíos de centro Europa, África y Turquía. Ahora bien, el alcance, naturaleza y número de víctimas del llamado Holocausto, como el de otros tremendos sucesos bélicos con decenas de millones de víctimas, debiera ser trabajo propio de historiadores e investigadores, con obvias libertad de cátedra, expresión e imprenta para exponer los resultados y no tanto de propaganda política sionista, incluida la amenaza de cárcel para el disidente de la versión oficial.

Sobre lo del racismo, y la xenofobia, despachadas en el documento mediante aviesa estocada metisaca desde el burladero, sin duda habría mucho que hablar porque somos muchos los europeos que vemos con creciente preocupación la invasión musulmana de Europa con sus consecuencias de delincuencia, fanatismo y subversión de las propias instituciones europeas incluidas la Cultura o la Democracia. Islam significa sumisión por lo que hay una incompatibilidad básica de carácter metafísico, y desde luego hasta ahora históricamente insalvable, entre Islam e instituciones de autonomía de lo Cultural o de lo Político.

Y por ello no debemos ni merecemos ser acusados ni de fascismo, un invento socialista, por cierto, ni menos de nazismo, es decir otra forma histórica de socialismo, como también lo es el comunismo que impunemente se presenta a las votaciones, goza de prestigio mohatrero y cobra subvenciones públicas, en el Reino de España.

Pero volvamos al principio. Eric Zemmour es un periodista judío, autor de libros muy lúcidos contra los dogmas de la corrección política progre como El Suicidio francés,  que ha dictado un extraordinario discurso por su valentía y lucidez en una reciente convención de la derecha francesa. Bestia negra de neoliberales anglosajones y femi comunistas, se opuso a la intervención en Libia que calificó de neocolonial. Si se me permite el inciso, habría que decir que en Europa, y en Francia, aún la derecha no ha sido exterminada del todo a mayor gloria de la plutocracia globalista y que incluso está reviviendo ante el aumento de los excesos del multiculturalismo contra los valores tradicionales europeos y la agresión a la familia y la clase media tradicional.

Algo raro visto desde aquí, porque España con la salvedad insólita y casi heroica de la calumniada VOX, no hay verdadera derecha. Porque no se debe confundir con ella la falsa, mohatrera, variada fauna menchevique apesebrada, globalista, amarianada, remienda virgos, trans, GLTBI dotada de vistosos y abigarrados disfraces para seducir y luego burlar votantes incautos, y disfrazada tras diferentes siglas.

Los precedentes mediatos del discurso de Zemmour acaso puedan buscarse en las ideas de un Alain Benoist. O de Raymond Abellio con su distinción entre hombres de conocimiento, de poder, de trabajo y de gestión. Pero hoy en día con un poder real oculto a las irreflexivas miradas del despistado votante modal, casi arrumbado el conocimiento, disminuido el trabajo a la espera de su sustitución por robots, queda la gestión. Gestores de de quita y pon, usar y tirar, mejor si son “chantajeables”, cuya misión es engordar la gusanera mientras tapan las vergüenzas del sistema y su propia condición vicaria. Gente depravada como la Cristina Lagarde que dice que el problema es que los viejos viven demasiado y hay que hacer algo. No hay que preocuparse, se trata de una cosa presta a corregirse por el globalismo mediante la eutanasia.

El discurso de Zemmour viene a poner los puntos sobre las íes de lo que sus señorías europeas no han sabido o no se han atrevido a explicar en su heroico afán de alancear moritos muertos hace ochenta años. Con perdón por la alusión. Un discurso que rompe la hedionda paz de la cloaca políticamente correcta en la que nadan y chapotean muchos de nuestros bien cebados próceres y próceras a costa de los presupuestos o de engordar la gusanera de la Deuda mal llamada soberana.

En medio de la polvareda levantada por Zemmour, la progresía gala pretende boicotearle y represaliarle, dado que ha llegado demasiado tarde a la censura. Y el propio turbio agente Rotshchild encaramado a la cucaña presidencial gala ha excitado el celo del fiscal para ver si había posibilidad de meter el cuerno al osado disidente que se había atrevido a poner el dedo en la llaga.

Pero ¿qué es lo que ha dicho el buen Zemmour que tanto escándalo ha originado?

En realidad nada que ya no supiéramos. Pero muy bien y oportunamente contado. En efecto. Lo del lejano pacto entre Hitler y Stalin está muy bien como disquisición histórica. Es verdad que ciertas formas indígenas de nazismo y comunismo campan hoy a sus anchas en países como España, siendo incluso subvencionadas por el sistema político y jaleadas y blanqueadas por la gran mayoría de los mercenarios media mohatreros. Ahí tenemos el espectáculo de la rebelión nazi catalana apoyada por nuestras repugnantes zurdas españolas en un remedo caricatura del pacto germano soviético entre Hitler y Stalin. Acabamos de ver a comunistas, mencheviques y lumpen desarrapado como mamporreros de la oligarquía nazi catalana, incendiando, saqueando y aterrorizando Barcelona.

Pero, según Zemmour, lo verdaderamente relevante hoy como gravísima amenaza actual para Francia (y para toda Europa incluida España) son el globalismo y el Islam: Estamos atrapados entre esos dos universalismos. El globalismo genera zombies desarraigados. La cuestión de la identidad precede a todas las demás, preexiste a todas, incluso la soberanía. Para recuperar el discurso nacional, cívico, republicano, lo primero es recuperar la identidad, en este caso francesa.

Algo similar, entiendo, aunque con otras palabras, es la idea de la Cuarta Teoría Política, al menos en el sentido elemental de que cada nación recuperara su dasein heideggeriano, planteada por Alexander Dugin que es otro personaje maldito, proscrito. Un catedrático ruso que incluso tiene prohibida la entrada a EEUU.

Por lo que se refiere a la otra inconveniencia fundamental que padece Europa, la del Islam, Zemmour sostiene que si la invasión islámica continúa no tenemos posibilidades de supervivencia. Y que la situación es ya tan desesperada que no se puede esperar más para actuar. Que ya es tarde para conservar, es preciso restaurar.

Como siempre, la Cultura como remedio. Aquí, en España, nada de odiosas niñatas angloparlantes preconizadas por el cobarde borrachín y su odiosa banda de cómplices. Ni menos aún, las culturillas caciquiles artificialmente engordadas de las taifas. Hay que recuperar la Cultura en español y para españoles.

El lector pensará, con razón, que lo prioritario hoy para la Nación española es parar el golpe de Estado, y prevenir o paliar al menos en lo posible el trágico presumible esquema de falsa bandera acción, reacción, solución. Desde luego que sí. Pero también debiera ser motivo de reflexión que el escándalo, en sí mismo gravísimo, ya no es solo que parte de las instituciones de la Monarquía actúen contra la Nación sino que las demás tampoco se le opongan. Que en la práctica, unos por otros, nadie defienda eficazmente los derechos civiles en Cataluña. Que el Gobierno y la Generalidad impidan que las fuerzas de Orden Público actúen en defensa del orden y de la legalidad con la contundencia que la violencia golpista criminal requiere. Que el ministro del Interior se permita criticar a las fuerzas bajo su mando por detener terroristas. El escándalo Zemmour no es lo que con gran lucidez nos recuerda el pensador francés, sino que sea un escándalo decir las verdades y que por ello además se inste a su represión en la actual Francia teóricamente republicana.

Pero lo que plantea Zemmour es muy importante y habrá que volver sobre él en lo sucesivo.

NOTA: Foto panorámica de Barcelona incendiada tomada desde el Carmelo, cortesía de Toñi Redondo

 

 

 

 

 

 

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