Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Otro remedio no ensayado aún para Cataluña

En la obra máxima de la Cultura española el gran Cervantes nos explicaba que garantía cierta de que estábamos cerca Barcelona era la extraordinaria abundancia de bandoleros. En esa misma ciudad, el año 1688, varios después de la publicación de El Quijote y del propio Corpus de Sangre y durante el reinado de Carlos II, El Hechizado, el Padre Benito Remigio Noydens de la Sagrada Religión de los Clérigos Regulares Menores daba a la imprenta su famoso tratado Práctica de exorcistas y ministros de la Iglesia, en que con mucha erudición, y singular claridad, se trata de la instrucción de los exorcismos para lançar, y ahuyentar los demonios, y curar espiritualmente todo género de maleficio y hechizos.

Noydens dividía su tratado en cinco partes: En la primera trata de la instrucción, y varios documentos para el Exorcista. En la segunda, se trata de la práctica y modo de exorcizar a los Energúmenos, con sus conjuros, y oraciones eficacísimos. En la tercera se trata de la práctica, y modo de exorcizar a los duendes, brujos, y demonios, que infestan las casas, y curar espiritualmente todo género de maleficio, y hechizos. En la quarta parte se trata de los Exorcismos en tiempo de tempestades, y trabajo de langosta, &… En la quinta, y ultima parte, se trata de rogativas, y Procesiones para pedir agua o serenidad, según el ritual de Paulo V, Rogativa, y Procesión en tiempo de peste.

Peste desde luego que sí que tenemos los españoles en y con Cataluña. Ahora bien, ¿los nacionalistas catalanes espiritualmente qué son?  ¿Duendes, brujos y demonios que infestan Cataluña y que deben ser curados espiritualmente? ¿O energúmenos, posesos del maligno? El diagnóstico es importante para aplicar una u otra terapia exorcista.

Sabemos que el principal foco de infección diabólica se encontraba históricamente en el nido de golpistas y pederastas de Monserrat, apoyado ahora por la traición de los obispos catalanistas amparados en la cínica comprensión materno-paternal del gran chamán pampero amazónico.

Los duendes, de acuerdo con el P. Fuentelapeña, tratadista contemporáneo de Noydens, no dejan de ser gente traviesa que disfruta escondiendo cosas, poniendo retratos cabeza abajo, hurtando cosas o burlándose de una u otra manera de sus sufridos huéspedes. Por convicción propia o por astuta imposición del Maligno, tal benévola interpretación es la comprada por nuestro más alto, heroico y severo organismo judicial.

Lo de los brujos y demonios es sustancialmente peor. ¿Quién puede negar que los más encopetados y enmucetados próceres nacionalistas apoyados por Órdenes contrainiciáticas internacionales practican rituales de magia negra y hechicería?

Pero, aún hay más. Creemos que la infestación llega a su más alto nivel con la posesión diabólica de los líderes de la llamada Generalidad. Según tal interpretación serían simples energúmenos, posesos y agentes del propio Maligno sorosiano.

No obstante, más tarde que los anteriores tratadistas citados, el Padre Feijóo al hablar de los energúmenos fingidos explica que: «consideren que un energúmeno fingido, el qual persuade al Pueblo, que realmente lo es, es un sugeto, que sin riego suyo goza de una amplísima libertad para cometer quantos delitos le dicte su antojo, puede matar, quitar honras, cometer hurtos, incendiar pueblos y mieses; en fin arrojarse a quantas violencias quisiere, indemne de que por ello le toquen un pelo de la ropa, porque para todo va cubierto con la imaginación de que el Diablo lo hizo todo, sirviéndose como de instrumento involuntario de aquella mísera criatura».  Si donde pone mísera criatura se lee «Torra» y donde pone Diablo se lee «República catalana», la cosa queda muy clara, amén de máxima actualidad.

De modo que seamos serios. Ni artículo 155, ni superior cooperación marlaskiana con el culo en pompa entre Fuerzas españolas de Orden Público y mozos o mozas de cuadra, ni menos imposición del estado de excepción, ley marcial y jurisdicción militar para reprimir y juzgar los crímenes de los golpistas.

Creo que la causa del problema catalán es de carácter espiritual, metafísica. Similar a la de los nazis alemanes. Y con los mismos vicios: Soberbia satánica, racismo, codicia, ambición, demagogia, despotismo, hipocresía. Por ello, antes es preciso probar con los exorcistas.

Y luego, ya veremos.

Addenda curiosa

A los que se extrañen de mi propuesta cabría recordarles que no sería la primera vez que se realizasen exorcismos a nuestras más altas autoridades. Sabemos que el rey Carlos II llamado El Hechizado fue sometido a varios exorcismos. Es curioso, cosas de la Monarquía, que Felipe IV que dejó abultada descendencia de varias docenas de sanísimos bastardos, sin embargo fuese incapaz de dejar heredero legítimo en mínimas condiciones.  El caso es que el pobre rey Carlos se sometió a varias sesiones exorcistas. Una muy famosa fue patrocinada por el Padre fray Froilán Díaz a la sazón confesor del rey, a instancias del inquisidor general Rocaberti. Ambos contactaron con fray Antonio Alvarez Arguelles, amigo de ambos y como ellos dominico, que estaba obrando maravillas en el convento de recoletas de Cangas de Tineo, en Asturias, donde servía como vicario, merced a su rara habilidad para exorcizar: nada menos que tres monjas energúmenas, sus hijas de confesión, estaban a punto de ser curadas moral y físicamente, merced a sus exorcismos.

Pero la cosa se afectó enseguida con las pugnas en Palacio entre potencias extranjeras y sus capillitas de influencia. Se acusó al buen P. Antonio que sus demonios más que asturianos en bable eran un algo afrancesados, lo que no resultaba admisible para la intriga austriaca. Se discutió la nacionalidad de los demonios que poseían al rey. El emperador Leopoldo facilitó la información, obtenida de un oportuno exorcismo en Viena, que Carlos II estaba hechizado por demonios no afrancesados sino alemanes.  Una magnífica noticia para la intrigante reina Mariana de Austria, una lurpia que diríamos en Galicia. Tras esta revelación se cambió de exorcistas, y vino de Alemania el afamado exorcista capuchino fray Mauro de Tenda. La pugna entre demonios franceses y alemanes con sus correspondientes exorcistas sería el precedente metafísico de la que luego daría lugar a la Guerra de Sucesión tras la muerte del último Austria sin descendencia.

 

 

 

 

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