Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Teresa y las Fundaciones

En tiempos de zozobra y tribulación conviene especialmente recurrir a los grandes valores metafísicos de la Cultura española tradicional. Expresados en libros y en personas. Hoy se celebra el día de Santa Teresa, Patrona de España, con perdón.

En su Una Hora de España cuando habla de Un Viandante, Azorín,  el pequeño filósofo de Monóvar, nos explica que “cuando nos sentimos superiores a las cosas que nos rodean y la necesidad nos mantiene ligados a esas cosas, poco a poco nuestro espíritu se va concentrando en un ideal íntimo… dejamos el mundo material y creamos para nosotros, otro mundo fantástico. En ese ideal que nosotros solos guardamos se reconcentra toda nuestra vida. Sin ese asidero imaginativo-imaginario y salvador- nuestro espíritu se hundiría en el abismo. Y podremos trafagar por los pueblos y por las ventas, podremos sufrir adversidades, pero allá en lo íntimo de nuestro ser se eleva para nosotros solos un mundo que todos los días, en nuestras meditaciones vamos purificando y hermoseando. Las sugestiones de los libros importan mucho; pero en vano serían las sugestiones de los libros, leídos acá y allá, si no se llevara en el ánimo este desequilibrio del que hablamos. Las lecturas no hacen más que ayudar a la gestación de la obra. Las lecturas son simplemente la piedra aguzadera del ensueño”. 

Pero ¿el mundo interior es real? Azorín continúa su relato con el encuentro en una venta y el posterior abrazo de mutuo reconocimiento entre el caballero de la triste figura y … ¡Cervantes! Y es que “El ensueño interior del viandante – ¡Oh maravillosa ironía! – se concretaba, fuera, en el mundo, en la persona de un loco”.

Locos para el vulgo también serían los reformadores de Carmelo, esas almas andariegas, a veces ateridas de frío, que cruzaban páramos y estepas desolados de Fundación en Fundación.

La Mística se vincula al mundo de la experiencia más que al de la mera creencia teológica. Por ello siempre ha sido considerada peligrosa para el Poder político o sacerdotal que considera inconveniente la idea y misma la práctica de buscar el Reino del Espíritu sin intermediarios. Aquellos que no comprenden que la ortodoxia es más una necesidad de las organizaciones que una virtud espiritual. Y que, muchas veces, la ortodoxia se convierte en escudo de la ignorancia, la ambición, la cobardía, el fanatismo o la hipocresía. Contra estos vicios está la búsqueda del origen, de la razón de ser, de la fuente: “Que bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche”.

La extraordinaria aventura espiritual, intelectual, literaria y organizativa de Teresa y de Juan, los reformadores del Carmelo, no pueden dejar de sorprendernos. Pasando frío y penalidades de todas clases, cuando no bajo la persecución del Carmelo calzado, atravesaban la inhóspita Castilla de mediados del XVI entusiasmados con su voluntad fundacional.  Recuperaron el valor de la Mística como yoga de unidad espiritual. Sus biografías están repletas de sucesos metapsíquicos, algunos tan singulares que hoy llamaríamos propios del fenómeno OVNI.

Fray Pedro de Alcántara, el reformador de la Orden Franciscana, encajaría también entre esos heterodoxos. Nos dice de él la santa reformadora del Carmelo: “vestía hábito de sayal sin ninguna otra cosa sobre las carnes…”comer a tercer día era muy ordinario… un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer…”.

La santa de Ávila cuenta varias veces en su famosa autobiografía, texto que tantos problemas atraería sobre sí, como su santo protector extremeño se le aparecía en cuerpo astral, fantasmático o glorioso como lo llamaba san Pablo: “Hele visto muchas veces con grandísima gloria. Díjome la primera que me apareció, que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido, y otras muchas cosas. Un año antes que muriese, me pareció estando ausente, y supe que había de morir, y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo que se iba a descansar. Yo no le creí, y díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino la nueva como era muerto, o comenzando a vivir para siempre, por mejor decir…”   

Ya yo le había visto otras dos veces después que murió y la gran gloria que tenía, y así no me hizo temor, antes me holgué mucho: porque siempre aparecía como cuerpo glorificado, dábamela muy grande verle…” 

Y eso en una época en la que Castilla y el interior de la Península Ibérica experimentaban una de las conocidas pulsaciones climáticas históricas con grave aumento de la aridez y la llegada de una casi mini glaciación. Asombran, nos conmueven, las peripecias, verdaderas gestas heroicas, de los quijotescos andariegos reformadores de los franciscanos o del Carmelo, viajando en ayunas, ateridos de frío por la cruel intemperie de campos desolados para promover nuevas fundaciones de conventos y monasterios. Una aventura espiritual, pero que hoy también llamaríamos empresarial en el mejor sentido del término, que supone un riguroso mentís a la supuesta inhibición de los místicos y los metafísicos ante los problemas temporales. Por el contrario, es en el ejercicio de la Mística y por su inspiración donde nuestros héroes encuentran la energía que, incansables, les lleva a remover obstáculos que parecerían insalvables.

Una de esas dobles fundaciones que nos permiten comprobar hasta que punto el mundo interior es real si promueve acciones en el mundo real tuvo lugar en Pastrana. En las afueras de la ciudad alcarreña Teresa Cepeda fundó un importante convento descalzo y también Juan de Yepes otro masculino. Pastrana fue una población muy importante en el siglo XVI. Aquí vivió Ana de Mendoza, hija de los condes de Melito, la controvertida princesa de Éboli, esposa del privado real Ruy Gómez da Silva, y casi segura amante del propio rey Felipe. El hecho es que, según Morayta, «el primogénito de sus hijos era el único que tenía la cabellera como el rey, rubia y que se vanagloriaba de ser hijo del monarca y que en la corte, como tal hijo del rey se consideraba, y más porque Felipe II  hacía que se le guardasen las mismas consideraciones que al príncipe de Ascoli, su hijo natural».

Ana de Mendoza debió ser una dama muy guapa aunque tuerta tras un accidente, pero muy caprichosa acostumbrada a salirse con la suya e inconstante en sus voluntades.

El biógrafo de Juan de Yepes, el Padre Fray Gerónimo de San Joseph, también carmelita descalzo, cuenta así la peripecia de la fundación del convento masculino de los carmelitas descalzos en Pastrana:

Aviendo ya instruido el Santo Padre los novicios de Duruelo, y Mancera, se partió mediado Otubre (1570) a hazer lo mismo en el de Pastrana con título de Vicario de aquella casa. Halló n ella a un escogido rebañuelo de catorze Novicios que en el primer año de su fundacion se avian recebido todos excelentes, y de grandes esperanzas: los quales aunque muy fervorosos, y dispuestos a toda perfección, pero necesitados de doctrina, por no aver tenido Maestro de asiento, ni a proposito. Por lo qual el Santo Padre, como a quien tocava la enseñanza comun de la Reforma, comencó a instruirlos de nuevo en las obligaciones de ella. Luego se echó de ver en el Noviciado, y en toda la casa la eficacia de su Magisterio: porque andavan todos alegres, devotos y alentados, y con una Santa competencia diligentes en el camino del Señor.

No pudo durar mucho la asistencia de nuestro Beato Padre en Pastrana, porque avindose  fundado en Alcala en este año de 1571, un Colegio, que fue el primero y más señalado de la Orden, fue señalado en él por primer Rector, para que le diese el temple devido a la virtud y las letras…”

Santa Teresa explica de propia mano la peripecia de la fundación de su convento femenino en Pastrana. Se produjo en un momento muy inoportuno para ella porque estaba organizando el recientemente creado en Toledo pero obligada por la insistencia de la de Éboli, no se pudo negar. Estuvo en Pastrana unos dos meses antes de regresar a Toledo en ese mismo 1569. Cuando murió don Ruy cuatro años después a la princesa viuda se le antojó meterse a monja descalza en el convento de Pastrana con el nombre de Sor Ana de la Madre de Dios. Sin embargo, al parecer sus caprichos y exigencias fueron tantos que Santa Teresa decidió trasladar a sus monjas a otro convento en Segovia. La vida religiosa de la intrépida doña Ana como monja descalza duraría solo unos meses. Luego de lo cual volvería a tener amoríos con el rey y ante la infidelidad de éste disfrutaría de su viudez con otros amantes, el secretario de Estado Antonio Pérez, el más importante de todos. Una nueva lección de la frivolidad de buena parte de nuestra clase dirigente de todos los tiempos. Con la moraleja de que no se puede confiar en ella.

Se quiera o no, ante la degradación actual ha llegado el tiempo de las reformas. Pero ¿quiénes las van a hacer y con qué fines? ¿Los Pedro, Teresa o Juan, o las doña Anas de turno?

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.