Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Hispanidad, 2019

Hemos sabido que la Casa Real está muy preocupada e incluso indignada y ha exigido responsabilidades. No por la infame profanación de la tumba del que fuera instaurador de la Dinastía. Ni porque su felón y despótico gobierno critique y acose a las Fuerzas de Orden Público por el delito de defender a la Nación española y la legalidad vigente. Ni porque parte del Estado se encuentre en rebeldía e incluso su máximo representante en Cataluña apoye a los terroristas. Ni por las sospechas de posible pucherazo en el recuento electrónico de los votos. Ni por la corrupción rampante del partido del gobierno y del principal de la oposición. Ni por el deterioro de la convivencia promovido por el encanallado falsario en funciones. Ni por la nueva crisis económica que ya enseña la patita.

No, la razón de esa preocupación e indignación está mucho más justificada: Aprovechando que la real familia había asistido a un concierto en un lugar público ¡unos desalmados se habían hecho un “selfi”! ¡Verdaderamente intolerable!

 

El doce de octubre se celebra el día de la Hispanidad. De momento, no sabemos hasta cuándo. Porque al parecer se “celebra” por los que no creen en ella. Y, en efecto, actúan en su contra.

Visto lo que nos ocurre hoy, instalados en tanto complejo y mediocridad, nadie podría creer la gigantesca, descomunal y grandiosa  labor de España hace medio milenio.  Que nuestros antepasados pudiesen hacer lo que hicieron, una de las mayores hazañas de la Historia. Este año además se celebra otro gran evento histórico que el felón gobierno socialista del falsario intenta tapar. El quinto centenario de la primera vuelta al mundo por Juan Sebastián Elcano. Una gesta extraordinaria.

Pero no todos lo ven así. Aquí, los del famoso “España nos roba” herederos y discípulos de los Sabino Aranas, Castelaos, Infantes o Prats de la Riba jaleados por los caciques territoriales respectivos, los rebeldes y antipatriotas boyardos, reniegan de su condición de españoles y proclaman las delicias visionarias de un falsario indigenismo primigenio. Para desgracia de la civilización occidental se trata de mercancía podrida que incluso es ofertada y publicitada, ahora con el ridículo y herético Sínodo del Amazonas, por el cínico mercachifle antiespañol, usurpador liquidador de la cátedra de Pedro.

No sólo en Roma: allende del mar otros, abandonando por unos momentos las maravillas de la vida indígena en la selva o de la amena caza de guacamayos cibernéticos con cerbatana, glosan el indigenismo más o menos caníbal y reniegan de España y su labor en América. Algunos de esos detractores son mestizos. Cualidad que casi sólo puede encontrarse en la América hispana,  sobre todo en comparación del gran vecino norteño donde los pocos indígenas supervivientes del exterminio que padecieron de manos de la civilización anglosajona vegetan en reservas y no se les ocurre aspirar a gobernar nada.

Debiera ser evidencia de razón para cualquier observador lúcido que desde que los criollos rebeldes expulsaron a los españoles de América, se ha producido allí una regresión dramática en términos históricos comparativos. Al momento, víctima de la incompetencia y de la corrupción, Méjico, antes Nueva España, perdió buena parte de su territorio usurpado por el vecino norteño. Y hoy está bajo el control casi omnímodo de las mafias criminales o del Cartel de Sinaloa. También caería la renta y bienestar de la sociedad mejicana en relación con la de los últimos tiempos del virreinato ¡Qué decir de Venezuela! Otro país frustrado desde que cayó bajo las garras del criminal Bolívar que hoy alcanza las más altas cotas de deterioro histórico. O los pequeños países de Centro América, a merced de las violentas maras y demás mafias del crimen organizado que se mueven con total impunidad. Sin olvidar al agitado Ecuador o a Colombia, o a la misma Argentina. O a … Un Suma y sigue de frustraciones y despropósitos en países de grandes recursos naturales con unas clases dirigentes, hoy vicarias del globalismo anglosajón más feroz, corruptas e ineptas.

La Hispanidad, como obra gigantesca, descomunal, también tiene sombras. Para denostar que no ejercer una saludable crítica de la Hispanidad en América se remontan a la leyenda negra y a la controvertida obra de un personaje pintoresco muy jaleado por los enemigos históricos del imperio colonial de España como era Las Casas. Y no por sus inexistentes méritos científicos, ni como pensador, tan abundante en irracionales contradicciones, sino por que ofrecía una oportunidad de desestabilizar políticamente dicho imperio quienes, como los británicos, anhelaban llevar su comercio y navegación  por las rutas ultramarinas españolas.

Aunque no sea rentable ni políticamente correcto sostenerlo en estos tiempos en que se quiere hacer almoneda de España, la verdad es que son impropias tanto la leyenda blanca como la negra, alentada ésta por nuestro sevillano: un clérigo trabucaire, obispo de Chiapas, medieval, antirrenacentista, terrateniente, aventurero, y egotista, que padecía de paranoia según describe el gran Menéndez Pidal en su documentada biografía sobre el personaje. Paranoia que le mantenía en la rígida idea de que todo lo que se hacía en América estaba mal. Totalmente mal sin mezcla de bien alguna. Y que le llevaba a exagerar los indudables abusos que, en una aventura tan extraordinaria y gigantesca como la de España en América, habrían inevitablemente de producirse.

La actitud mental medieval de Las Casas que no ve en la aventura española en América sino robo y violencia, contrasta curiosamente con la del premio Nobel Rudyard Kipling, ilustre masón cantor del imperialismo inglés en la India. Gustavo Le Bon en su famoso libro sobre la civilización india teoriza acerca de las diferencias entre los principios fundamentales de la colonización latina y la inglesa. Según él, los latinos aplicamos el principio de asimilación de modo que hemos tratado de introducir nuestras instituciones en las colonias, mientras que los ingleses rechazan la idea de asimilación y dejan cuidadosamente a los pueblos conquistados sus instituciones, sus usos y costumbres. No se mezclan con ellos e intervienen lo menos posible en sus negocios y en los detalles de su administración. La conquista comercial debe preceder a la militar, hecha con el dinero y los soldados del invadido, salvo un reducido Estado mayor para su control. La colonia se explota procurando no atentar contra sus instituciones autóctonas para evitar revueltas, manteniendo barreras infranqueables de separación entre las poblaciones.

Para Las Casas la conquista supone un genocidio premeditado. Sus datos de mortandad varían desde los doce a quince, incluso a veinticuatro millones, si se suman los diferentes agregados durante cuarenta años. No tiene en cuenta que la gran mayoría de fallecimientos se producen por causas naturales como la viruela o el sarampión o la falta de adaptación de hombres en estado de naturaleza a la vida ordenada y social. En efecto, aún si “sólo” fueran quince millones, nuestros antepasados habrían de haber matado más de mil indios diarios, incluso domingos y festivos, incluidos bisiestos, cosa que parece asaz difícil, cuando aún no se habían inventado las armas destrucción masiva que tanto gustan a los imperios anglosajones.

Frente al verdadero inventor del derecho de gentes, el padre Francisco de Vitoria de la escuela de Salamanca, e instaurador del principio de la libertad e igualdad jurídica de todos los pueblos, que define hasta ocho títulos de justo dominio en las Indias, Las Casas mantiene sus prejuicios medievales, según los cuales el único título de España para entrar en las Indias era el de la evangelización. Como político aventurero, el clérigo también hizo sus pinitos utópicos arbitristas, como la aventura de Cumaná, que pretendía explotar la pesca de perlas y que terminó en un desastre probatorio de la fantasía de las ideas lacasinas y con la muerte trágica de muchos de sus compañeros.

No podemos negar que uno de los motores de la aventura española en América fuera, como decía el arcipreste de Hita, el “aver mantenencia”, y por tanto la búsqueda de riquezas materiales. Pero tampoco hay que olvidar el renacentista deseo de fama y gloria como uno de los móviles psicológicos de la descomunal empresa española.

Honra a España el que se haya podido plantear siquiera el debate moral sobre la conquista incluso contra la razón de Estado. Como honra también el que se intentaran frenar los abusos con leyes como las de Burgos o Valladolid ya en el mismo siglo XVI.

El hecho de que doscientos años después de la independencia con criollos en lugar de gachupines los congresos indigenistas americanos preocupados por sus reivindicaciones políticas y económicas sigan debatiendo casi lo mismo que en Valladolid discutían Las Casas y Sepúlveda en el siglo XVI, parece prueba irrefutable de que la postergación del indio americano no es cosa tanto de la crueldad del conquistador español cuanto de la propia naturaleza del indígena y del comportamiento de las clases dirigentes criollas.

En todo caso, si la América Hispana existe como unidad histórica y no ha sido desmembrada  por los intereses de otras potencias como en África, se debe a la lengua española, como un admirable símbolo de independencia política que ha permitido a nuestra América ingresar en la civilización occidental. En palabras de Neruda: De los yelmos de los feroces conquistadores salían piedras preciosas, las hermosas palabras de la vieja lengua de España.

Lección que no deberíamos olvidar cuando la Hispanidad es atacada, con o sin violencia, también en España por catalanistas, bizcaitarras, andalucistas y galleguistas de toda condición y pelaje.  Una de cuyas bestias negras es la lengua española, precisamente por ser nexo de unión y seña de identidad de lo español, instrumento irrenunciable de su Cultura y cuyo empleo es perseguido, vejado o ninguneado en algunas partes del territorio español.

Pero lección que sin embargo hemos olvidado al no proteger la lengua y el patrimonio común de todos los españoles y entregar la educación de las nuevas generaciones al enemigo en muchas regiones. Que en muchos lugares parecen condenadas ya a no ser ni sentirse españoles sino «solo» gallegos, catalanes, valencianos, baleares, andaluces o vascos. Lo del bable asturiano ya es el colmo del ridículo más llamativo.  Todo sea por la pasta y por la devastación del patrimonio común.

Nuestra clase dirigente ha renegado de los principios y valores contenidos en el Preámbulo de la constitución dicen que vigente. Su sabia administración nos ha traído un rosario de felonías, frustraciones, despilfarros, deuda mal llamada soberana y desfalcos. Y  la antigua nación capaz de tamaña gesta como el Descubrimiento y civilización de América, se ha reconvertido en novedosa pero desacreditada marca comercial. Que, por cierto, se asocia nacional e internacionalmente a todo un conjunto de grandes virtudes cívicas. Corrupción, mohatra, fracaso nacional, embrutecimiento, abandono escolar, ignorancia, autonomías, caciquismo, despilfarro, deuda, prima de riesgo, burla de la Justicia, trata de blancas, mafias, desprestigio, latrocinio, impunidad, incompetencia, irresponsabilidad, Monipodios, Borbones, sindicatos amarillos, Rinconetes, Pujoles, catalanistas, etarras, Cortadillos, banqueros quebrados, saqueo del erario, insolvencia, suicidios, tráfico de drogas, indultos, consejeros pilla pilla, putas y políticos, en general.

Una España que parece se ha decidido a renegar de todo lo que signifique alta civilización y jalea un nuevo indigenismo sin cerbatana con subvenciones, diadas, cambios del clima climático climatizables, bables y telebasuras. Y cuyo destino inmediato sea la postración moral, política, intelectual, social y económica. Y el mediato acaso la desmembración y el tercer mundo.

El recuerdo de la Hispanidad ¿nos hará reaccionar?

 

 

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