Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Se abre el Sínodo ecologista

Bergoglio ha inaugurado el monumento de Schmalz en la que se glosa la emigración. Un conjunto escultórico que representa a gentes y peripecias históricas muy distintas de la de los moros y subsaharianos que con la complicidad de dirigentes mercenarios como él mismo, hoy invaden agresivamente Europa a mayor gloria de la plutocracia financiera y lucro de sus mafias. En lo ético, el monumento supone la prestidigitación o blanqueo de una realidad diferente. Y en lo estético, pega en la monumental y berniniana explanada del Vaticano como a un Cristo tres pistolas. Personalmente me gusta más la del reformador Jan Hus en Praga que sirve de homenaje póstumo al sabio mártir quemado vivo por la Iglesia en 1415. Ni el primero, ni el único.

Con una pintoresca ceremonia chamánica perpetrada en los jardines del Vaticano bajo la presidencia del papa mama doña Francisquita se ha abierto el llamado Sínodo de la Amazonía. Los prolegómenos ya habían sido horripilantes, no hay más que repasar las perlas tópico demagógicas de la llamada Instrumentum laboris o guía de instrucciones para preparar el glorioso evento, sin olvidar la previa encíclica Laudato Si, propugnadora de la buena nueva evangélica urbi et orbi de la “ecología integral”. Un panfleto oportunista más propio de los cínicos guionistas de la zumbada energúmena Greta Thunberg que de una institución religiosa seria y bimilenaria.

Sobre esta mezcolanza entre lo sagrado y la jardinería teníamos el curioso precedente de Fabre d`Olivet y su famoso Celeste Cultivo.  Autor de la Teodoxia universal, Fabre fue un hombre del Iluminismo y la Revolución. De la que luego renegó al comprobar los excesos del Terror una vez arrumbadas violentamente las instituciones, entre ellas la Iglesia, propias del Antiguo Régimen. Fabre d`Olivet instituyó una variante de la masonería pero basada en el arte de la jardinería que no en el de la edificación, en la que la simbología se refiere a la agricultura. Tenía tres grados, como las llamadas logias azules masónicas, en este caso, llamadas Pórticos como la filosofía de los estoicos.  El Aspirante era el Aprendiz masón. El Labrador el similar al Compañero. Y el Cultivador al Maestro o grado tercero. Al parecer los oficiales en las ceremonias se llamaban Venerable Cultivador, Sembrador, Agua, Aire, Tierra y Fuego.

Aunque parece que más que jardinería sagrada lo de Bergoglio acaso sea lo de echar a monte. Pura reforestación.

Para remachar la cosa, durante la misa mitin inaugural en la Basílica de San Pedro, el papa mama criticó la evangelización española en América repitiendo consignas comunistas e indigenistas que no sorprenderían en un Diego Rivera o en un Soros.

Dice el cuate que: “¡Cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en lugar de evangelización!” Preferibles, sin duda, para el papa mama las instituciones caníbales y asesinas de aztecas, incas o mayas a la creación de Universidades e instituciones civilizadoras de los virreinatos. Sin olvidar las aventuras de sus correligionarios de la Compañía en las famosas Reducciones del Paraguay.

Asimismo propugnó la misión del fuego. No la del asesinado Jan Hus, sino como renovación. “El fuego devorador se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.”  

Pura coherencia todo.

Acabamos de saber que la primera decisión u ocurrencia del Sínodo iniciado hoy lunes es que el Vaticano plante cincuenta hectáreas de árboles.  Se trataría de compensar con tal heroica medida el carbono emitido en virtud, o mejor pecado, del transporte de los virtuosos varones participantes en el Sínodo. Suma cero, Zapatero.

Vamos a ver qué da de sí este experimento. Espectáculo no va a faltar.

Nota: las palabras en granate abren enlaces a los textos indicados.

 

 

 

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