Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Esquilo en La Coruña

La aparición de un genio como Rafael Álvarez, El Brujo por los sufridos escenarios de la derrocada antigua capital de Galicia supone siempre un hito cultural. De Cultura de la buena, lo contrario, conviene recordarlo, de la apesebrada para paletos y galleguistas sin remedio que nos intentan imponer. La promovida por el poder oficial de la Junta a mayor gloria suya y de su bien engordada gusanera y nutrido coro de ditirambo alabanciosos mercenarios. Diferentes, por cierto, en su inanidad horizontal, de los ditirambos dionisiacos, probable origen de la tragedia en la Grecia de los Misterios.

Su función Esquilo, nacimiento y muerte de la Tragedia, es una especie de conferencia con pretexto de teatro. Y supone el apogeo del Logos en una base escénica muy sencilla y es toda una lección de teatro y del sentido espiritual de la Cultura. Algo verdaderamente insólito en el páramo cultural del Régimen. Una obra de gran mérito y dificultad que denota la extraordinaria cultura y erudición de El Brujo, pero especialmente su rara y difícil asimilación al servicio del Espíritu. Una obra de descodificación y codificación del universo de la tragedia griega con interpretaciones de Nietzsche o de la civilización y religiosidad indias, probablemente pensada y desarrollada en su ashram santuario de Madrigal de la Vera.

Pura alquimia, porque busca la quintaesencia del teatro y de la tragedia griegos para ofrecerla al público actual en un contenido de irónica, des-enmucetada, vanguardia. Resulta pasmosa su agilidad para aplicar lo sublime a las mediocres peripecias y chanchullos de nuestros arrastrados e ignorantes próceres actuales. Y la hilaridad que ello produce, con consigna similar a la de La Codorniz: tiemble después de haber reído. Toda una recuperación del Teatro clásico.

Con la facilidad y clarividencia del genio, El Brujo no tiene miedo al Poder y se permite hablar alto y claro. Las criticas a la vigente paletería autonómica y su visión roma, sectaria, localista, pazguata, profundamente mema y horizontal del Pensamiento y de la Cultura. La engordada preponderancia de lo horizontal sobre la dimensión vertical, espiritual del hombre. Una civilización condenada por haber perdido su relación con los dioses y valores metafísicos.

El Brujo reclama, en el mismo sentido de los grandes autores maestros de la humanidad, el sentido espiritual de la Cultura. El del interrogante del templo de Apolo en Delfos, al pie del Parnaso. ¿Quién eres? ¿A quién sirves?

Decía Lord Bacon, acaso autor oculto de algunas obras de Shakespeare, también citado en la representación, que la magia es metafísica en acción. Desde tal punto de vista Rafael debiera llamarse El Mago. Su Esquilo es una obra de extraordinario valor preparada por un genio. En cierto modo, una hierofanía.

El espíritu de la Música es el silencio. Me callo.

Mi enhorabuena más entusiasta.

 

 

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.